Capítulo 2 Embarazo
Taisha estaba emocionada por ver a su novio, Hans. Desde que él había estado ocupado entre los estudios y las prácticas en la clínica, casi no se veían; las pocas veces que coincidían eran para disfrutarse mutuamente. Quedaron en encontrarse en el parque cerca de su trabajo. Hans la esperaba en la banqueta.
—Hola —dijo Taisha feliz. Su novio era muy guapo: cabello castaño rojizo, ojos azules, piel blanca y medía un metro noventa y cinco.
—Hola, mi amor, ¿cómo estás? —preguntó Hans con alegría.
—Muy bien —respondió, dándole un beso.
—Mi amor, tengo que darte una noticia —dijo él con seriedad.
—¿Cuál? —preguntó ella, preocupada por su tono.
—Es sobre la universidad. Me dieron una beca para estudiar medicina en Alemania y necesito irme —le comunicó, inquieto. No quería dejarla ni separarse de ella.
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó, sorprendida.
—Por cinco años.
—Hans, es demasiado tiempo —dijo estupefacta.
—Lo sé. ¿Qué puedo hacer? Es una oportunidad que no puedo despreciar. Lo hemos hablado tanto... —titubeó— no sé.
—¿Y yo? —preguntó, dolida.
—Taisha, creo que es mejor que terminemos —soltó—. No quiero hacerte daño ni que te aferres a esperarme y pierdas la oportunidad de estar con alguien mejor que yo.
—¡Qué! —exclamó atónita.
—Seamos sinceros: no sabemos qué puede pasar en cinco años y no quiero ser egoísta manteniéndote atada a mí —dijo con suavidad.
—Tienes razón, Hans. Será lo mejor terminar. Espero que te vaya bien —respondió dolida y comenzó a alejarse.
—Taisha, espera.
—¿Para qué? —dijo ella, volviéndose.
—Es que no quiero dejarte —confesó él, desesperado—. Te amo, de verdad. Pero tengo miedo de que mis sentimientos cambien en estos años. —Se acercó y la abrazó.
—Hans —murmuró Taisha, y empezó a llorar en sus brazos.
—Te amo, mi niña.
—Hans, no sé qué pensar —dijo ella, abrazándolo con fuerza; enseguida se sintió débil y cerró los ojos.
Hans la vio desmayarse en sus brazos y se puso muy preocupado.
—¡Taisha! ¡Por favor, reacciona!
Poco a poco Taisha volvió en sí.
—¿Qué... pasó?
—No lo sé, te desmayaste —dijo él angustiado.
—No me siento muy bien.
—Vamos a llevarte a una clínica.
—No, es que no desayuné. Es todo —mintió ella.
—Taisha, dime, ¿has tenido días sintiéndote mal? —preguntó él con insistencia.
—No, solo hoy —replicó ella.
—¿Segura?
—Segura.
—Te voy a creer —dijo Hans, no muy convencido.
—Entonces, ¿qué quedamos? —preguntó ella, nerviosa.
—Quedamos como amigos, ¿te parece?
Taisha se sintió triste.
—Está bien.
—Pero...
—Pero, ¿qué? —preguntó ella, con una chispa de esperanza.
—Sí, en cinco años sigo amándote. Volveré por ti —dijo Hans, mirándola a los ojos.
—Está bien, yo te esperaré.
—Es una promesa —sonrió él.
—Sí.
Se dieron un último beso y, al rato, cada uno se fue a su casa.
…
En el hogar Johnson.
—Hola, hermanito, ¿y esa cara? —preguntó Maddie.
—Terminé con Taisha —confesó Hans, dolido.
—¿Por qué? —preguntó Maddie, extrañada; él la amaba.
—Me voy a Alemania pasado mañana —informó él.
—Hans, me imagino que estás muy mal.
—Sí, la adoro.
—Lo siento. Esto es lo mejor para los dos. No sería justo que Taisha te esperara cinco años. Sé que también es tu sueño y te lo mereces, hermano.
—Lo sé.
Maddie le dio un beso en la frente.
—Verás que pronto estarás mejor.
—Ojalá.
Hans entró a su habitación y lloró; Taisha también lloró al llegar a su casa. Se amaban, pero siempre estuvieron claros en que los estudios serían primero. Los días pasaron: Hans se fue a Alemania y Taisha siguió trabajando en la cafetería de Adam, hasta que un día se desmayó.
…
En la cafetería. Adam sostenía a Taisha en brazos.
—Débora, llama a una ambulancia.
—Sí, ya voy —respondió su hermana, nerviosa.
Débora llamó rápidamente al 911 para que atendieran a su amiga, que estaba muy mal. La ambulancia llegó y se llevaron a Taisha de urgencia a la clínica, donde fue atendida de inmediato. Olivia estaba preocupada.
—¿Qué pasó?
—No sé, se desmayó de repente —respondió Adam.
—Taisha no está comiendo bien —dijo Chloe.
—Lo sé; y ahora está mal —añadió Olivia angustiada—. Todo por lo de Hans.
—Pobre Taisha —dijo Chloe, triste.
El doctor salió de la habitación y pidió hablar con los familiares.
—¿Los padres de la paciente?
—Yo soy su hermana mayor —dijo Olivia, acercándose al doctor.
—Entonces, vamos a hablar —respondió él seriamente.
Olivia y el doctor se dirigieron al consultorio.
—Dígame, doctor, ¿qué le pasa a mi hermana menor? —preguntó ella, mortificada.
—La verdad, no lo esperaba, pero... su hermana está embarazada.
—¡Qué! —exclamó Olivia, perpleja. No podía creer que su hermanita se convertiría en madre, y lo peor: Hans no estaba a su lado.
