Capítulo 6 |Capítulo: Ya terminamos|
|Capítulo: Ya terminamos|
Como siempre, llovía.
Era el funeral de mi padre, y llovía.
Aún no veía a mi hermano, mi tío decía que necesitaría tiempo para asimilar las cosas, por el momento solo se dejaba ver de Julieta, quien se supone que era mi prima, nuestra prima. Ella y mi hermano eran muy unidos, desde pequeños, ambos mayores que yo. Hacía tanto que no la veía, no tenía idea ni cómo estaba.
Los rostros que no dejaban de mirarme también me juzgaban.
Sé que aquí no era bienvenida, porque una vez que sales de este maldito pueblo es como si no pudieras regresar. Te conviertes en su enemigo.
Y yo estaba de vuelta, para desgracia de muchos.
Solo tenía una única cosa que mi padre me había pedido en mucho tiempo, cuando ni siquiera me pidió que no me marchara aquella tarde cuando me fui de aquí, ahora me pedía que me hiciera cargo de mi hermano, quien parecía estar atado a este lugar, tan inmenso, tan frío, pero con un pueblo tan pequeño.
Las nubes eran espesas, grisáceas y… muy tétricas, como todo este maldito día.
La voz me salía muy ronca de tanto llorar, pero tampoco hacía mucha falta hablar, después de todo nadie me dirigía la palabra, nadie me daba el pésame.
Mis ojos buscaban entre medio de esta gente a alguien a quien una vez amé, cuando aún mis pechos eran pequeños, más de lo que ahora eran, porque grandes nunca han sido, mi mirada era tierna y yo era muy risueña, pero era tan fuerte o fue tan fuerte que el recuerdo era reciente cada vez que pensaba en este lugar y como estaba aquí… su imagen llegaba a mi cabeza.
Trevor.
Era mayor que yo y siempre fue un amor prohibido, porque él estaba prometido, aunque de todos modos también él era joven, pero sus padres tenían un acuerdo con otra familia y así funcionaba este pueblo, pero… eso no fue un impedimento para que él me diera mis primeros besos, para hacerme sentir eso que se siente cuando se es inocente y el chico que te gusta te agarra las tetas o deja sus manos sobre tu trasero. Con él fue la primera vez que sentí mi cuerpo excitarse, una lengua entrar a mi boca o mis dientes chocar por un mal beso.
—Sobrina, hay un hombre que te busca —se acercó mi tío a mí, yo estaba en una esquina dentro de mi propia casa, porque las personas parecían llenar todo el lugar. Mi padre siempre fue un hombre muy conocido y querido en este pueblo, su muerte era una gran pérdida para todos—. Creo que es tu prometido.
¡Maldición! ¡Le dije a Susana que no le dijera nada!
A regañadientes tuve que ponerme de pie, cruzar entre la gente mientras ellos se apartaban y me daban paso, como si yo fuera la peste.
Cuando salí al porche, allí estaba él, con un paraguas negro, de pie frente a un coche.
¿Cómo se atrevía tan siquiera a presentarse aquí?
Tomé un paraguas que había con muchos otros y salí a su encuentro.
—¿Eres tan sinvergüenza como para presentarte aquí, Tommy? ¿Es que no tienes una pizca de vergüenza?
—Estoy aquí por ti, Camila. Vengo para apoyarte. —¿Tenía cara para decir que venía para darme apoyo?
—Bueno… puedes ir a apoyarte a otro lado, porque yo no necesito nada de ti, dejé el anillo con Susana, ¿es que ella no te lo dio? Entre tú y yo no hay nada. ¡Nada, maldito imbécil de mierda! ¡Hijo de puta!
—Fue… un grave error y lo siento, no me has dejado disculparme o explicarme sobre lo que ocurrió.
—¿Qué me vas a explicar? ¿Sobre cómo tu pene entraba y salía de ella?
—¡Que cometí un error! ¡El más grande de toda mi vida! Lo siento, lo siento mucho, nena —bajó su paraguas con intenciones de meterse al mío, pero yo retrocedí, me daba asco, mucho asco pensar en que se acercara a mí y esto tenía que terminarlo de una vez por todas, dejarle claro a Tommy que sus excusas o explicaciones no servirán para nada, a mí ya no me tenía y aunque me echara a llorar por cómo terminaba nuestro compromiso… podría superarlo, quizás más rápido de lo que yo creía, solo esperaba no estar embarazada y ya hasta me daba miedo seguir haciéndome pruebas.
En mi cabeza no estaba embarazada y quería que eso fuera lo real.
—Me da igual tu error, todo acabó. De hecho, ayer mismo me metí a la cama de otro hombre, solo para ya dar todo por muerto.
Ver su rostro, su expresión, no se lo creía. Sonrió de forma burlona y me retiró el paraguas, cayendo la lluvia sobre los dos.
—No te atreverías —dijo desafiante. Conocía perfectamente ese tono, privando en superior, como siempre—. No harías algo así, me amas y vamos a casarnos.
—Y justo por eso, porque te amaba y tu herida fue muy grande en mí, por esa misma maldita razón fue que lo hice y no sabes cómo me lo gocé, Tommy —su mano se apoyó en mi hombro, acercándose más, pegó su frente a la mía y después pasó su mano por mi mejilla—. Tuve horas y horas de un rico sexo duro y placentero —levantó su mano para golpearme en la cara, pero yo lo golpeé primero con el paraguas, retrocediendo—. ¡¿Qué se siente?! ¡Maldito perro!
—¡Tú eres la zorra! ¡¿Cómo pudiste estar con otro?!
—¡Ja! ¡Te encontré con otra mujer! ¡Vi tu maldito pene salir de esa asquerosa vagina y tus manos en sus malditas tetas!
—P-Pero…
—¡¿Pero qué?! ¿Eres el hombre y puedes hacer lo que te dé la gana? ¡¿Eso es lo que crees?! Y te diré un secreto… no fue por despecho, lo deseaba y mucho.
—¡Eres una perra!
—¡Sí! ¡Tú me eres infiel y eres el hombre! ¡Pero lo hago yo y termino siendo una puta! ¡Al diablo contigo y con todos! Ahora, maldito desgraciado, lárgate de aquí y déjame llorar a mi padre en paz —quiso envalentonarse otra vez, pero yo empuñé mi paraguas para rompérselo en la cabeza a la primera que se acercara de nuevo—. L á r g a t e.
