Capítulo 4 COMPROMISO
SLOANE
Sentí cómo el calor de su cuerpo iba desapareciendo poco a poco y no solo por su ausencia, sino por las palabras que acababa de decirme.
Nadie, más que un puñado de personas, conoce mi verdadero nombre. ¿Quién se lo dijo? Eso solo me hizo saber que en verdad ese hombre es peligroso y será mejor alejarlo de una buena vez.
Además, como que la tercera será la vencida. No entendí esas palabras y es poco probable que lo entienda, por que obviamente, no le preguntaré; quizá hasta necesite desaparecer por algún tiempo.
No quiero que me vaya a exponer ante mi familia, sería lo peor que puede hacer, o peor aún, que utilice esa información para coaccionarme.
—Aura, Aura, ¿qué te dijo?
—Él me llamó, Sloane —abrió los ojos como platos—. ¿Crees que Lucien se lo haya dicho? —pregunte con miedo.
—No. Ni siquiera lo pienses. Conoces a Lucien; ella más que nadie nos cuida, jamás revelaría una información tan delicada como esta.
—Entonces lo que me dijo Lucien es verdad, ese hombre es de cuidado y será mejor alejarme del club por algún tiempo. Aunque ya ni siquiera sé si eso me ayudará.
—¿Piensas regresar a tu antigua ciudad?
—Por supuesto que no, eso sería como volver a una cárcel. Solamente me alejaré por algunos meses del club, nada más.
—¿Qué pasará si te busca? Has pensado en qué le dirá Lucien cuando pregunte por ti.
—Pues no creo que Lucien me delate, cuando fue ella misma quien me pidió alejarme de él.
—Le diré a Lucien que aquí termina mi turno. Será mejor irnos; no pienso dejarte sola.
—Gracias, Celia.
Fui a cambiarme rápidamente, me quité la peluca, me cambié de ropa y regresé a mi apariencia normal. Salimos por la puerta trasera, obviamente, pero le pedí a Phill que primero revisara si no había nada raro.
Cuando regresó y me dijo que todo estaba en orden y ningún auto extraño se encontraba cerca, me sentí aliviada. Llegamos a mi departamento y me sentí más segura.
Sin embargo, jamás pensé que esa noche sería la última en Le Secret. Me fui a dormir, necesitaba descansar y quitarme de la cabeza a ese hombre. Sobre todo, esa promesa que me hizo al final.
La mañana siguiente, más tranquila y con la cabeza no tan nublada por él, pensé mejor mis opciones. Obviamente, no quiero regresar a casa de mis padres y a esa vida monótona y aburrida.
Pero tampoco puedo volver a Le Secret, sería como ponerme en bandeja de plata. Tal vez busque algún trabajo “normal”; ya después veremos.
Estaba por meterme a la ducha cuando de pronto, mi móvil comenzó a vibrar por una llamada. Fruncí el ceño pensando que quizá se trataba de aquel hombre, pero al mirar la pantalla, la sorpresa fue aún mayor.
—Madre, ¿sucedió algo? No sueles llamarme muy a menudo —le reproché.
—Lo siento, Sloane, la verdad hemos estado pasando algunas dificultades.
—¿Qué pasó? —pregunté con preocupación.
—No es algo que pueda hablarse por teléfono, Sloane, te espero esta misma noche en casa.
—De acuerdo —dije no muy segura—, estaré hoy mismo en casa.
—Es bueno saberlo. Tendremos una cena para hacer un anuncio especial —dijo con emoción—; recuerda venir bien vestida.
—¿Cena? ¿Cuál es el motivo? —Su cambio de humor fue muy drástico, pero no dije nada.
—Lo sabrás en su momento, por favor, no faltes, es sumamente importante tu presencia. —Debí haberlo sabido, jamás hubiera regresado.
Colgué la llamada con cierta incomodidad, no porque me molestara hablar con mi madre, sino por esa dichosa cena. Ni siquiera me dijo qué es lo que van a anunciar. ¿Y para qué me necesita de todas formas?
Empaque un par de prendas en una pequeña bolsa; quizá requieran mi presencia en casa, pero de ninguna manera pasaré ahí más tiempo del debidamente necesario.
Hablé con Celia; también se le hizo bastante extraño lo que mi madre me había dicho, pero no le dio mucha importancia; más bien preguntó qué haría con lo sucedido anoche.
—Aún no lo sé, Celia, es muy pronto para decidir algo. ¿Irás esta noche al club?
—Sí. Lucien no me perdonará si falto. Tú no estarás y sé que, si me quedo en el departamento, moriré de aburrición como una ostra. Además, trataré de averiguar algo sobre él.
—¿Crees que vaya esta noche?
—Probablemente. Pero se llevará una gran decepción si decide aparecer.
—De acuerdo. Solo… no metas las narices donde no te llaman, no quiero que te pase nada, y si Lucien pregunta por mí, ya sabes qué decir; de todas formas, ya debe de estar enterada de lo sucedido anoche.
—No me queda la menor duda.
Un par de horas después, comencé a divisar los edificios en Valedonia; mi cara se agrió, pero necesito saber qué sucede en casa.
Manejé un par de minutos, hasta que finalmente me detuve. La mansión se miraba igual, grande e imponente, pero pude notar que algo no andaba bien. Por lo regular, el jardín se encontraba en buen estado; ahora las flores parecían marchitas.
El pasto más crecido de lo normal y de la servidumbre; no había rastro alguno. No necesitaba anunciarme, solo entre. Mi madre se sorprendió, al igual que mi padre, pero ambos me recibieron con un cálido abrazo. No pensé extrañarlos tanto.
—Elle, creímos que llegarías más tarde. Pero es bueno tenerte en casa nuevamente —dijo mi padre con cariño.
—También estoy contenta de estar aquí. —Ambos se miraron. —¿Qué pasa? Porque esas miradas conspiradoras —pregunté medio en broma, aunque sus caras mostraban preocupación.
—Sloane —mi madre me tomó de las manos—. ¿Por qué no tomamos asiento? Tenemos que decirte algo muy serio.
—No sé qué les pasa a ustedes dos, pero debo decir que toda esta situación es bastante confusa.
—Lo entenderás ahora —dijo mi padre, sin mirarme a los ojos.
—Hija, no es un secreto para nadie que Elian Saint Clear siempre ha tenido ojos para ti. —Para mí y no sé cuántas mujeres más —desde que te fuiste de casa, no ha hecho otra cosa más que preguntar por ti y…
—Sinceramente, madre, me importa un carajo lo que ese hombre haya hecho en mi ausencia; sabes que lo aborrezco, no me gusta, no me atrae ni siquiera un poco; además, no entiendo por qué mencionarlo ahora.
—Porque… ha pedido tu mano en matrimonio y… hemos aceptado.
Los miré, con ambas cejas alzadas, con un nudo en la garganta y sin creer totalmente lo que me estaban diciendo. Comencé a reír, pero enseguida me callé al ver su seriedad y entonces exploté.
—Es una broma, ¿no? ¿Ustedes aceptaron? —dije entre dientes.
—Sí —respondió mi madre con una brillante sonrisa—, sabemos que él te hará feliz y…
—Pues les tocará a ustedes decirle, que YO. NO. ME. VOY. A. CASAR. CON. ÉL.
Me fui antes de decir algo que pudiera lastimarlos, subí a mi cuarto y azoté la puerta ante tal frustración. Sabía que no tenía que volver.
