Lazos De Mentiras

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Capítulo 5 5

Alessia 

Decidí tomarme un respiro de la locura del matrimonio. Mamá y papá me presionaba todo el tiempo. Tenían una específica idea de cómo debe llevarse el matrimonio y Kael y yo no cumplíamos sus expectativas.  

Kael no me presionaba, pero mi familia sí lo presionaba a él. Desde que nos casamos, mi hermano le ha dado demasiadas responsabilidades en la manada. Creo que James quería alejar a Kael de mí. No me importaba, pero mi hermano tenía una actitud injusta con Kael. De todas formas, sé que James intentaba protegerme de Kael. Desde que nos casamos, Kael se ha visto obligado a tener cuidado con sus conquistas. No queríamos que el mundo se enterara de que Kael tenía aventuras con otras mujeres.  

Fingir era agotador. Mis padres nos invitaban constantemente a cenar para analizarnos. Es estúpido. 

Apenas podía concentrarme en la conversación con mis amigas. Los comentarios en las calles llegaban a mis oídos.  

—¿Oíste? Kael renunció a su pareja destinada para estar con Alessia. Él está enamorado de ella y la ama. ¿Quién renunciaría a su pareja destinada si no está enamorado? Es tan tierno —comentó una chica en secreto. 

Sentí un nudo en la garganta. 

Kael no sacrificó su vínculo por amor. Lo hizo por conveniencia. Hicimos un trato. Cada uno continuaría con su vida. Él podía acostarse con la mujer que deseara. Y Kael no perdía oportunidad para hacerlo. Pero yo no encontré a otra persona. Lucien seguía presente en mi mente.  

Kael no creía en el amor. Kael no buscaba tener pareja. Él dice que la libertad es importante. Kael no era romántico. Las personas tenían una imagen errónea de nosotros. Pero a Kael y a mí nos convenía. Al salir de la calle fingíamos ser esposos. Dormíamos en la misma cama para engañar a los empleados de nuestra que papá contrató para nosotros. Sé que eran informantes de mis padres. Mamá y papá quería saber qué ocurría dentro de nuestra casa. Kael y yo teníamos que fingir incluso puertas adentro. Pero en nuestro cuarto nunca pasaba nada. No nos tocábamos. No nos abrazábamos ni teníamos sexo. Ni siquiera nos besábamos.  

El sonido del teléfono interrumpió mis pensamientos. El nombre de Kael apareció en la pantalla.  

—Alessia, te necesito. Mi padre está de camino a la villa. Quiero que vengas.  

—¿Qué? ¿Por qué? Estoy ocupada.  

—Hay demasiada ropa de mis amantes en la casa y no quiero que mi padre la vea —dijo urgentemente.  

Solté un suspiro.  

Perdí la cuenta de cuántas veces ayudé a Kael con sus amantes. Me ha pedido lo mismo en otras ocasiones. Pero cada vez que llegaba, la villa se encontraba vacía. Sin mujeres y sin ropa.  

¿Por qué me insistía para ir? 

—Debes tener cuidado. Los empleados de la casa notarán lo que haces.  

—Les di el día libre como siempre que tengo encuentros con mujeres, Alessia. Relájate. Nadie se dará cuenta. Quiero que vengas —repitió. 

—Estoy harta de tus juegos —respondí.  

—Es parte de nuestro trato. Puedo hacer lo que quiera.  

—La próxima vez será tu problema, Kael.  

—Eres mi esposa y es un matrimonio por conveniencia. Es tu problema también.  

Idiota. 

—Ya voy.  

Yo no tenía otra opción. Me resigné.  

Me despedí de mis amigas. Kael tenía derecho a acostarse con mujeres. No importaba la cantidad. Pero él tenía que ser responsable. Sus problemas se convertían en mis problemas. No es justo.  

Caminé hacia la villa de Kael.  

Desde que me casé con Kael la vida ha cambiado. Nada es igual. Las calles parecen ser las mismas de siempre. Pero algo dentro de mí se modificó.  

Crucé el parque y mis ojos se detuvieron en dos personas. Frené en seco. Mi corazón se aceleró y mis manos temblaron. Sentí una mezcla de emociones: tristeza, rabia, rencor y amor. Mi corazón se encogió.  

Era Lucien.  

Hace tiempo no lo veía. Hace tres meses exactamente. Todo el amor que he sentido a través de los años seguía presente en mi corazón. Era estúpido amar a alguien que eligió a otra persona. Kael tenía razón, pero no sé cómo hacer para dejar de sentir. 

Lucien caminaba por el parque con su compañera destinada. La chica tomó a Lucien de la mano y él la miró con algo extraño en la mirada. No sé qué tan felices eran ambos. Pero ella era la esposa de Lucien. Y yo era esposa de Kael.  

Lucien notó mi mirada y me observó. El tiempo se detuvo. La respiración se me cortó de repente. Mi inundaron los recuerdos y los ojos se me ahogaron en lágrimas. Lucien y yo hicimos tantos planes en el pasado. O fui yo quien los hizo y él simplemente fingió interés. Pero a él no le importó nada. 

 Kael y yo no estábamos juntos realmente, pero él sacrificó su vínculo por mí. Yo lo hice por Lucien, pero él jamás lo haría por mí.  

Aparté la mirada. Caminé lejos. Estar cerca de Lucien era peligroso para mi corazón. No tenía sentido seguir aquí. 

Llegué a la villa de Kael.  

—¿Dónde están todas tus amantes, Kael? —pregunté sarcástica.  

—No tengo tiempo para tus bromas, Alessia. Hay algo importante que debo decirte —su tono se enserió.  

Kael se veía preocupado y tenso. Algo ocurría.  

Fruncí las cejas.  

—¿Qué pasa? 

Entrecerró los ojos.  

—No, ¿a ti qué te pasa? ¿Estuviste llorando, Alessia? 

Mierda.  

Acaricié mi nuca, nerviosa. Aparté la mirada.  

—No.  

—Llevo un mes contigo y sé cuándo mientes. ¿Qué tienes? 

—No es nada, Kael.  

—¿Es por Lucien? —afiló su mirada—. ¿Sigues pensando en él? —sonrió como si no pudiera creerlo.  

Crucé mis brazos.  

—No, Kael, porque yo tengo sentimientos hacia una persona. Pero tú no lo entenderías. No tienes idea de lo difícil que es amar a alguien que no te corresponde.  

—¿Quién dice que no lo sé? —respondió molesto. Dio un paso hacia adelante. 

Me quedé callada, mirándolo atentamente. Kael tenía algo extraño en la mirada. No pude descifrarlo. Pero Kael amando a alguien es algo que no podía imaginar. 

—¿Para qué vine, Kael? —cambié de tema.  

—Han desaparecido hombres lobo —respondió en voz baja. Noté la urgencia en sus ojos. Su molestia desapareció. 

—¿Qué? ¿Desaparecer? No entiendo.  

—Lo que escuchas. Tenemos que ser precavidos. No sabemos qué está pasando. Las manadas están investigando, pero no hay rastros ni pistas. Son grandes pérdidas en las manadas.  

—¿Ha desaparecido alguno de la nuestra? 

—Aún no, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados. 

Tragué saliva.  

No es una buena noticia. La manada es parte de mi familia. Todos corríamos peligro. Si las manadas de la ciudad estaban alertas la amenaza era grande.  

—Tengo que ir a la frontera. Necesitamos ayuda. Tenemos refuerzos, pero tengo que irme a liderarlos. Es peligroso, pero es mi deber. Habrá una reunión entre manadas. 

Sentí una punzada de preocupación. Kael era arrogante e insoportable. Pero me he encariñado con él. No quería que lo lastimaran. O desapareciera.  

Y ¿la manada de Lucien estaba en peligro? ¿Desapareció alguien de su manada? 

—Está bien. Iré contigo, Kael.  

—No, no irás conmigo —prohibió. No necesitaba su permiso. 

—¿Qué? ¿Por qué? Puedo acompañarte.  

—Es peligroso. Me encargaré de esto. Si muero, serás viuda. Pero seguirás viva. Te lo conté para avisarte.  

—Puedo ayudar —propuse.  

No podía quedarme tranquila después de lo que me dijo.  

—No necesitamos tu ayuda.  

—No necesito tu permiso —desafié—. Si no necesitaran mi ayuda, no buscarían refuerzos. Tengo dos manos útiles. Déjame usarlas.  

—No —habló serio.  

Entrecerré los ojos.  

—¿Qué diablos ocurre contigo hoy? Primero me juzgas por llorar. ¿Después me das la mala noticia y esperas que no haga nada?  

—¿No entiendes? ¡Es peligroso! —perdió la paciencia.  

—¿Qué importa? 

—Importa porque no quiero que te dañen —confesó.  

Me quedé callada por unos segundos. Lo miré a los ojos y él a los míos. No quería quedarme de brazos cruzados. Lucien iba a estar presente. Si algo malo llegaba a pasarle no sé qué sería de mí. Tampoco quería que dañaran Kael, ni a mi hermano. 

Recordé a Lucien en el parque. Creo que noté preocupación en su rostro. 

—Algo puede pasarle a Lucien —asumí. Me preocupaba Lucien, pero también era una excusa para ir con Kael y asegurarme de que no lo lastimaran.  

—¿Por eso quieres ir? —se mostró molesto. Otra vez.  

—¿Cuál es el problema? —Quise saber.  

Kael soltó una carcajada, pero había algo extraño en su mirada.  

—Nada. Por un momento pensé que te preocupabas por mí. 

Noté incomodidad en su mirada. ¿Por qué se veía herido? 

—Te ves herido, Kael —comenté. 

—No lo estoy. Si lo estuviera significarías que me importas. Y no es así.

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