Capítulo 4 4
Alessia
Mamá se encargó de los preparativos para la boda y papá pagó todo. Ambos tenían la urgencia de verme casada con Kael después de la escena en el dormitorio del hotel. Presionaron demasiado para adelantar la boda lo antes posible. Mi hermano quería matar a Kael cada vez que estaba cerca.
Me vi atrapada en un camino sin salida. Decepcionar a mis padres no es una opción. Nací en una familia con valores y reglas estrictas.
Intenté retrasar la boda, pero no me lo permitieron.
El costoso vestido estaba frente a mí. Era un diseño elegante, de mangas largas y encaje delicado. El ramo de flores blancas yacía sobre el florero de metal en un costado de la habitación. Todo tenía una apariencia espectacular. Nuestro matrimonio con Kael tenía que ser de esa manera. Una apariencia. Lo nuestro no era real y nunca lo sería.
Se me revolvía el estómago al pensar en la boda. Tenía que ponerme el vestido pronto, pero mi cuerpo se negaba a moverse. Mi cuerpo rechazaba la unión.
Yo me metí en este lío. Tenía que hacerme responsable. Después de todo, he sido yo quien les dijo a todos que amo a Kael. Cuando la verdad amenazó con destruirme, tuve que inventar una mentira. La consecuencia es sostener mi farsa. Pero el peso de mi decisión me ahogaba.
Kael pudo evitar mencionar el casamiento. Tal vez mis padres no hubiesen pensado en el matrimonio si él no lo mencionaba. ¿A quién quiero engañar? Mis padres lo hubieran ordenado de todas maneras.
Kael y yo nos juramos amor, pero la realidad no era así. Yo no amaba a Kael. Jamás lo amaría porque Lucian ocupaba mi cabeza. Y mi corazón.
Pensar en Lucian oprimía mi pecho.
Desde que éramos niños, he amado a Lucian con todo mi ser. Pero cuando él cumplió dieciocho años, descubrí la verdad que traté de evitar: no era mi compañero destinado. Lo supe cuando no sentí el vínculo con él, la conexión inexplicable que debía unirnos. Sin embargo, no detuvo mi amor. No pude dejar de amarlo. Lo intenté, pero no pude. Me enceguecí y no quise aceptar la realidad. Sellé mi vínculo con el sumo sacerdote y rechacé la posibilidad de conocer a la persona destinada a mí.
¿Todo por qué?
Por Lucian.
Pero la boda se acercaba. En unas horas caminaría hacia el altar y le juraría amor eterno a Kael.
Mis ojos contenían lágrimas, pero no me permití derramarlas. Mi apariencia asustada lo decía todo. No podía disimular mi descontento.
Kael entró en la habitación despreocupadamente. No me preocupaba que me viera antes del casamiento. La estúpida regla de no vernos antes de la boda no nos preocupaba.
Kael se veía tranquilo. No había terror en sus ojos. ¿Por qué no le afectaba como a mí? Él no creía en el matrimonio.
Notó mi expresión enseriada y sonrió.
—Todavía tienes tiempo de arrepentirte, Alessia —bromeó. Pero él sabía que no podíamos arrepentirnos. No después de la promesa que le hicimos a mis padres y él al suyo. No hablar de mi hermano, el alfa.
La actitud relajada de Kael me relajó un poco. Suspiré, dándome la vuelta para verlo.
—Puedo recibir otro puñetazo para que puedas salir corriendo de aquí —continuó.
Sonreí. Kael logró robarme la única sonrisa que emití ese día. Kael tenía sentido del humor.
—¿Segura que no quieres echarte atrás?
Echarme atrás conllevaba enfrentarme a mi familia. Kael saldría lastimado por mi hermano otra vez. Quería evitar el caos. La mentira llegó a una boda. Tenía que hacerme responsable.
—No, no voy a echarme atrás con la boda, Kael.
—¿En serio? —sonrió—. Pensé que entraría a la habitación y me dirías que me abandonas, mi amor.
—Te estoy salvando de una muerte segura, por eso me caso contigo —bromeé.
—He encontrado a una novia empática. Me gusta.
—Nunca conseguirás a una novia mejor que yo —continué, intentando alejar el malestar.
—¿Planeas caminar al altar con esa cara? ¿Irás a una boda o a otro velorio?
No respondí. Kael continuó mirándome, atento y sonriendo. Estudió mi rostro. Sin embargo, su sonrisa desapareció. No se mostró enseriado, pero me habló con seriedad.
—¿Por qué estás haciendo esto, Alessia? No me amas a mí. ¿Lo haces por Lucian?
No era una novedad entre nosotros.
—Fuiste tú quien nos llevó a casarnos —recordé.
—Pero tú podías negarte antes.
—Mis padres no lo habrían aceptado —me encogí de hombros—. Y tú, ¿por qué lo haces, Kael? Tú también pudiste arrepentirte antes.
—Si me caso con alguien mi padre me dejará en paz. Me presiona todo el tiempo. Quiere que deje mi vida alocada y me centre en formar una familia.
—Tú no quieres una familia, y no vamos a formarla juntos. Ni siquiera casándonos, Kael.
—Lo sé, pero es una apariencia. Pero, en serio, Alessia. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué vas a casarte conmigo hoy? ¿Es por Lucian? ¿Por qué quieres casarte con alguien a quien no amas?
—Lo hago porque necesito hacerlo —respondí. El nudo en la garganta se intensificó—. Tú tampoco me amas, Kael. Podemos hacer que esto funcione. Podemos tener un trato —propuse.
Kael soltó una carcajada.
—¿Quieres un matrimonio falso? ¿Seguir nuestras vidas como si nada? Déjame adivinar. El día en que tú o yo encontremos a nuestras parejas destinadas nos separaremos. ¿Me equivoco?
Era la mejor solución para ambos. No podíamos atarnos para siempre. Me volvería loca pasar toda mi vida con él.
—Es lo mejor para los dos, Kael. Puedes continuar acostándote con las mujeres que desees. No hay problema con eso.
—Debo advertirte. Le rompí el corazón a las mujeres al comprometerme contigo —se cruzó de brazos. Mantuvo su sonrisa.
—Puedes ir a consolarlas —acepté.
—¿Y tú? ¿Te acostarás con otros hombres?
—Eso no es de tu incumbencia.
—Bien. Pero no te quejarás si llego tarde a casa o encuentras mensajes románticos con otras mujeres en mi celular —advirtió divertido.
—Hecho.
Le tendí la mano. Él la miró, lo pensó, y me estrechó la mano. Sellamos el pacto.
—Hagámoslo, princesa.
El tiempo transcurrió rápido. Mamá me ayudó a vestirme y a maquillarme. Kael estaba esperándome en el altar del salón de la manada. Los nervios me consumían. Mi corazón palpitaba exageradamente.
Las puertas cerradas frente a mí se abrirían pronto. Entrelacé mi brazo con el de mi padre.
—¿En serio lo amas, hija? —La pregunta de papá me tomó por sorpresa.
Papá me miró con recelo. Buscaba en mis ojos rastros de la mentira. Procuré mantenerme firme antes de cometer algún error.
—Sí, papá. Lo amo.
—¿Recuerdas que en nuestro mundo es un delito casarte con alguien a quien no amas?
—Yo lo amo, papá.
Papá se rindió y soltó un suspiro.
—Quiero nietos —presionó.
—Los tendrás —mentí descaradamente.
Miré hacia el frente. No pude seguir manteniendo los ojos en mi papá o él me descubriría. Tenía que cruzar la alfombra roja hasta llegar a Kael. Tenía que centrarme en no desvanecerme en el suelo ante la presión. Cuando las puertas se abrieron, los invitados se colocaron de pie para recibirme. La música de la ceremonia perforaba mis oídos. Dejé de sentir mis piernas, pero mi cerebro dio una señal para que caminaran.
Kael me esperaba en el altar. Sus manos descansaban detrás de su espalda, mientras me sonreía. Kael sabía fingir felicidad. Pero yo no. Me costaba sonreír mientras caminaba. Pero debo admitir algo: Kael se veía guapísimo. Su traje negro, la camisa blanca dejado de él. Su mirada de cazador y su cabello perfecto eran su mejor accesorio. Es un hombre atractivo.
Kael me miraba atento. Probablemente esperando a que yo corriera y huyera de la boda. Pero se veía tranquilo. No sé por qué. Tal vez, él era excelente manteniendo en secreto sus emociones.
Cada paso me acercaba al matrimonio con Kael.
Mi madre y mi hermano presenciaban la boda desde el lado izquierdo. Ambos me miraban desconfiados. En cambio, el papá de Kael sonreía complacido. Pero casi nadie aquí creía en nuestro amor. Todos conocían el historial de mujeres de Kael. Sin embargo, nadie lo ha cuestionado todavía. No se atrevían a hacerlo frente a nosotros. Pero la gente sabía. Se presentía la mentira en el ambiente. Yo les iba a cerrar la boca a todos. No hay más opción.
Papá me entregó a Kael en el altar. Kael me guiñó un ojo y besó mi mejilla. Él sabía actuar y sabía cómo tratar a una dama cuando quería. Me tomó de la mano. Presioné la suya con fuerza.
El sacerdote pronunció las palabras tradicionales. Los dos teníamos que sacrificar nuestros vínculos como prueba de compromiso. Yo sacrifiqué la mía hace tiempo, pero Kael nunca lo hizo. Tal vez, esa era mi salvación. Kael tenía que cortar la palma de su mano y derramar su sangre en el altar. Pero si él se negaba, no habría boda.
Kael podía recapacitar y dar marcha atrás. Sé que Kael no creía en el matrimonio ni le gustaba el compromiso. Pero ¿qué pasa si Kael encontraba a su compañera destinada? Kael se arrepentiría de haber renunciado. Se arrepentiría de este teatro.
Kael me miró decidido. Su mirada profunda me penetró. Vio el pánico en mis ojos, pero su seguridad me tranquilizaba. Sin embargo, yo rogaba para que Kael no aceptara.
El sacerdote le entregó la daga a Kael. Soltó mi mano para el ritual y yo recé para que la ceremonia acabara, pero Kael no dudó. Tomó la daga. Apoyó el filo de la daga en la palma de su mano y derramó su sangre en el altar.
—Yo, Kael Hale, renuncio a mi vínculo con mi compañera destinada por mi amor hacia Alessia Blake.
Mierda. Lo hizo.
Kael sacrificó su vínculo.
—¿Hay alguien que desee oponerse a la unión de Alessia y Kael? —preguntó el sacerdote mirando al público.
Nadie emitió ningún sonido. Nadie se oponía. Por un segundo deseé ver a Lucian en el público y levantándose para oponerse. Deseé que él supiera sobre mi casamiento y recapacitara. Pero él no estaba allí.
—Kael Hale, ¿aceptas como esposa a Alessia Blake?
—Acepto —respondió él.
Jesús. Me tocaba responder a mí.
—Alessia Blake, ¿aceptas como esposo a Kael Hale?
Miré a mi familia. Mamá, papá y James tenían los ojos puestos en mí. Todos me miraban, pero mi familia es quien me importaba. No podía defraudarlos. No ahora.
—Acepto —dejé escapar de mis labios.
Kael tomó mi anillo, tomó mi mano y lo deslizó en mi dedo. El diamante brilló. Tomé el anillo de Kael con las manos temblorosas. Torpemente, deslicé el anillo en su dedo.
¿Qué acabo de hacer?
—Los declaro, marido y mujer —sentenció el sacerdote—. Kael, puedes besar a la novia.
Kael posó delicadamente sus manos sobre mis mejillas y acercó su rostro para sellar el pacto con un beso. Me besó. Una de sus manos viajó hasta mi cintura para atraerme a él. Sus suaves labios eran adictivos, pero falsos. Todo era falso.
Cerré mis ojos para continuar con el beso. No estábamos destinados, y no nos amábamos. Pero nuestros labios se acoplaban perfectamente. Nuestro alrededor nos aplaudía con entusiasmo. Kael se separó un centímetro de mí y apoyó su frente sobre la mía mirándome.
—Lo hicimos, Alessia.
—Lo hicimos —contesté.
Miramos hacia la multitud. Planté una sonrisa en mi rostro para copiarle a Kael su felicidad. Mamá y papá sonreían conformes.
Idiota.
