Capítulo 2 2
Alessia
—Realmente sabes cómo arruinar mi velada romántica, Alessia.
La mujer se limpiaba frenéticamente la cara. Su delicado maquillaje comenzaba a correrse. Miró a Kael, y sus ojos se llenaron instantáneamente de lágrimas.
—Cariño, ¡mira lo que ha hecho! —se quejó.
Se acercó a Kael e intentó acurrucarse en sus brazos en busca de consuelo. Pero Kael la apartó sin piedad.
—Ve a lavarte la cara rápido. Eres un fastidio —su voz era fría, sin el más mínimo rastro de calidez.
Entrecerré los ojos ante su actitud. Kael merecía una golpiza.
—Despiadado —murmuré.
—No fue mi culpa. ¡Y tú! —me lanzó una mirada furiosa, como si quisiera matarme, y luego se dio la vuelta y salió de la habitación. El sonido de sus tacones resonó en el suelo con rapidez y enojo.
Kael perdió su conquista de la noche. Cruzó los brazos sobre su pecho, sus músculos marcándose ligeramente. Me miró con un destello de disgusto en los ojos, como si esperara una disculpa. Pero en ese momento, mi corazón estaba lleno de rabia y tristeza, y no tenía la menor intención de disculparme.
—Tienes un talento para arruinar mis citas.
Reí.
—¿Llamas cita a acostarte con una desconocida? Básico.
—Decirme básico no es un insulto para mí. Sé que estás molesta porque Lucian te dejó, pero emborracharte así no hará que lo olvides —su voz se suavizó un poco, como si intentara consolarme, pero lo sentí como una burla.
¿Por qué Kael sabía sobre eso?
Bien, no era un secreto mi amor por Lucian. Todos sabían sobre su casamiento con su Luna. Pero intenté fingir felicidad frente a la manada. Pero Kael parecía ser un hombre perceptivo. Mientras todos pensaban que me sentía feliz, Kael notó mi falsa alegría.
—No estoy molesta por Lucian —mentí.
—Entonces admite que entraste en esta habitación porque estabas celosa de la chica con la que estaba —levantó una ceja, con una sonrisa de suficiencia en el rostro.
Jamás.
—Tienes razón. Estoy molesta por Lucian. Al menos él es mejor que tú. No se acostaría con cualquiera —dije con rabia.
—Sí, claro, no soy como tu santurrón Lucian, que después de coquetear contigo durante años, corrió a casarse con otra —sus palabras fueron como una puñalada en ese momento.
Sonrió con burla, y esa risa solo me enfureció más.
Cruel. Muy cruel. Pudo ahorrarse el comentario.
—Pero te ves adorable cuando estás borracha —agregó.
—Cállate, Kael. No entiendes a Lucian, y tampoco me entiendes a mí. Eres de los que juegan con las mujeres. No sabes lo que es el amor verdadero. ¿Cómo te atreves a juzgar…? —La rabia en mi pecho ya no podía contenerse. No suelo perder el control tan fácilmente, pero quizás, en el fondo, sabía que él tenía razón y simplemente no quería aceptarlo.
Suspiré, dejando escapar la frustración contenida.
—¿El amor verdadero es que él juegue contigo y tú sigas llorando por él aquí? —soltó con fastidio antes de dejarse caer de espaldas sobre la cama, cruzando los brazos sobre el pecho, con una expresión de absoluto descontento.
—Tómalo. —Sacó un pañuelo de su bolsillo—. Tienes la cara hecha un desastre, Alessia.
—No necesito que sientas pena por mí.
Pero tomé el pañuelo de todas maneras.
Limpié mi cara y noté mi maquillaje corrido. Había lágrimas en el pañuelo. Lloré en silencio y no me di cuenta. La rabia y el dolor reprimidos surgieron y me despedazaron. No quería romperme frente a Kael. Pero no pude contener las lágrimas.
—Maldita sea —me quejé.
—Sí, maldita sea, Alessia. Pensé que eras más dura que esto.
Reí, pero no sentí diversión.
—No te confundas. No soy débil por llorar. Yo no le tengo miedo a tener sentimientos, Kael. Tenerlos no me vuelve débil. Además, ¿Tú qué sabes? Tú no tienes sentimientos. Yo sí. Vives sin ataduras todo el tiempo. Yo no puedo. Eres un desalmado, Kael.
—¿Tienes esa opinión de mí? ¿Desalmado y sin sentimientos? Pero no me ofende. Es mejor vivir sin sentimientos que nos aten a alguien. Mírate, Alessia. Tienes el corazón en el suelo por alguien que nunca te quiso.
—Deja de decir eso —ordené molesta.
La habitación se hacía más pequeña. Las paredes asfixiaban.
—Es la verdad, Alessia. Tal vez, tengas razón sobre lo que dices de mí. Vivo sin ataduras, y puedo ser desalmado. Pero admite que estás llorando por un imbécil.
Apreté los labios y los dientes. La sangre me hervía. Yo siempre tenía el impulso de defenderlo.
—¿Hasta cuándo vas a llorar por él, Alessia? Tienes que avanzar.
—Es fácil para ti decirlo.
—Será más difícil mantenerlo en tu mente. La historia acabó. Debes pasar página.
Entrecerré los ojos. Kael no lo entendía. Nunca entendería lo que es el amor. No me molesté en explicárselo.
El silencio se alargó entre nosotros. Kael se acomodó en la cama, esperando una respuesta. Tomé una botella de agua del refrigerador pequeño y le tendí una a él.
Noté el refrigerador en un rincón. Las habitaciones siempre contenían una botella de alcohol, y yo necesitaba beber más. No lo dudé y saqué la botella de champán.
—¿Más alcohol, Alessia? ¿No aprendiste la lección?
—Arruinar tu velada no es una lección para mí. ¿Me acompañas? —Levanté dos copas en el aire.
Kael se encogió de hombros. Tomó la botella y la destapó. Llenó nuestras copas.
—Brindaré por mis malas decisiones amorosas —hice una mueca.
—Brindaré por vivir sin ataduras emocionales —chocó su copa con la mía.
Después de la segunda copa, la compañía de Kael dejó de importar. Ya no me molestaba su presencia.
—Dime una cosa —pregunté—. ¿Por qué crees que Lucian no me quiso?
Kael se quedó callado y pensativo. Jugó con la botella en sus manos. Giró su cabeza para verme y sonrió. Kael tenía una respuesta.
—A los hombres no les gustan las mujeres aburridas.
Me congelé. ¿Kael pensaba en mí como una mujer aburrida? ¿Piensa que Lucian me dejó por eso? Sentí la rabia apoderándose de mí.
—¿Aburrida? —elevé una ceja.
No lo pensé dos veces. Me puse de pie y miré a Kael. Tomé los tirantes de mi vestido y los deslicé hacia abajo. La prenda cayó por mi cuerpo, descubriendo mis pechos y mis bragas. Kael se sorprendió. Él no esperaba eso de mí.
Kael recorrió mi cuerpo con sus ojos. Había algo en su mirada. Algo que no pude descifrar.
—¿Sigo pareciéndote aburrida, Kael?
Kael tragó saliva. Pasó la mano por su cabello y miró hacia un costado. Una lucha interna atravesó su mente. Pero sin decir una palabra, agarró su camisa del suelo y me cubrió los hombros sin mirarme.
—Vístete, Alessia —dijo tenso—. No tienes que hacer esto para demostrarme nada.
Pero el alcohol entorpeció mi mente. No quise detenerme. El juego era divertido. Verlo nervioso me gustaba.
—¿Qué pasa si no me detengo, Kael?
—Detente, por favor. —Sus nervios me provocaron una sonrisa.
—No quiero hacerlo —jugué.
Kael es un mujeriego. ¿Por qué se reprimía conmigo?
—Alessia, eres la hermana del alfa.
—Mi hermano no tiene por qué saberlo.
La mezcla de dolor, deseo y frustración me llevó a besar sus labios. Es una decisión que yo lamentaría pronto. Pero no me importó. No esa noche.
Kael tensó su cuerpo, pero no me detuvo. Sin embargo, tampoco me respondía.
—Relájate, Kael —murmuré en su boca.
—Nosotros no...
Atrapé su labio inferior con mis dientes para callarlo.
Unos segundos después, algo se quebró en él. Me respondió. La habitación se tornó calurosa cuando Kael me tomó de la cintura y profundizó el beso. Su lengua tocando la mía encendía mi piel.
Sus besos no eran lentos ni tiernos. No había dulzura. La pasión controlaba a Kael. Por un instante, me olvidé de todo lo demás. Me olvidé de la fiesta. Me olvidé de Lucian. Olvidé el dolor.
Nunca nadie me besó tan desesperadamente. Nunca imaginé que besaría a Kael. Estoy segura de que él tampoco se lo ha imaginado. Pero la noche ha dado un giro interesante. Mi cuerpo desnudo necesitaba el toque de Kael. Mi cuerpo ansiaba sus manos.
Kael separó sus labios de los míos, pero su cuerpo seguía pegado a mí. Mi boca necesitaba seguir besándolo. Él tenía su respiración agitada. Me miró a los ojos. Había deseo en su mirada.
—Creo que deberíamos detenernos, Alessia.
—¿Por qué?
—Vamos a arrepentirnos de esto por la mañana —respondió.
Tal vez, pero los músculos de Kael tentaban a mi piel. Su perfecto cabello brilloso y despeinado le daban un toque sensual. Sus hermosos ojos ardiendo de deseo posándose en los míos.
—¿Por qué? ¿No eres tú quien vive sin ataduras?
—Sí, pero...
—Entonces cállate y bésame, Kael.
Su nariz se pegó a la mía. Su respiración agitada combinaba con la mía. Kael casi chocó sus labios, pero algo lo detuvo.
—¿Me deseas, Kael?
—Sabes que sí —respondió, su voz ronca.
—Deja de pensar y bésame ahora.
Kael suspiró y no lo pensó dos veces. Esta vez, Kael no dijo una sola palabra. Él quería esto tanto como yo. Me tomó de la cintura, acariciando mi piel. Me pegó a él y me besó. Llevé mis brazos alrededor de su nuca.
Tomó mis piernas para rodear su cintura con ellas. Kael me llevó a la cama y se colocó encima de mí sin separar sus labios. Rasguñé su espalda mientras él creaba un camino de besos por mi cuello, bajando lentamente.
Cerré los ojos.
Me perdí en las llamas de la noche. Su cuerpo y el mío, acoplándose perfectamente.
Qué grosero.
