La propuesta del ceo

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Capítulo 6 Alianza

El silencio en la oficina de Eros era tan denso que Bianca sentía que podía cortarlo con la mirada. El sonido de la impresora láser, expulsando las hojas del contrato definitivo, resonaba en sus oídos como una sentencia de muerte o un salvavidas, aún no estaba segura de cuál. Bianca se moría de la vergüenza mientras observaba a Eros tomar el contrato recién impreso para luego entregárselo. Esta vez, el protocolo era distinto: debían firmar ambos, sellando un destino que ninguno de los dos había previsto semanas atrás.

“Seguramente pensará que estoy desesperada”, se dijo Bianca a sí misma, sintiendo el calor subir por sus mejillas. El peso del papel en sus manos se sentía como si sostuviera plomo. Eros, con su habitual tono gélido y autoritario, le pidió que verificara todo antes de estampar su rúbrica definitiva. Bianca, tratando de recuperar algo de su dignidad perdida, comenzó a revisar meticulosamente cada página. Sus ojos se detuvieron, y su corazón dio un vuelco que la dejó inmóvil, cuando leyó una de las cláusulas subrayadas: “Matrimonio legal hasta que el bebé nazca”.

Ella no dijo nada en ese momento. Se quedó mirando las letras negras sobre el fondo blanco, procesando el impacto de lo que eso significaba. Tendría que pasar nueve meses casada con un hombre que nunca antes se había casado. “Seré su primera esposa”, pensó, y una extraña e inexplicable emoción la recorrió, a pesar de que sabía perfectamente que no habría amor de por medio, solo conveniencia y un intercambio de necesidades. “Ningún tipo de contacto”, continuó leyendo, y cada vez que pasaba la página, el contrato reafirmaba la distancia gélida que debía existir entre ellos. Convencida de que no había más que leer, o quizás demasiado asustada para encontrar algo más, firmó con mano temblorosa.

Eros la observó con una ceja arqueada. —¿Lo leíste todo? —le preguntó con una voz que no dejaba traslucir emoción alguna.

Ella afirmó con un movimiento de cabeza, incapaz de articular palabra. Bianca observó al CEO firmar con un trazo fluido y elegante. En ese instante, los nervios se apoderaron de ella de forma definitiva, porque la realidad de su situación finalmente la golpeó: ya no era una mujer libre buscando empleo, era la futura esposa por contrato de uno de los hombres más poderosos del país.

—Entonces… el matrimonio será una farsa que durará hasta que el bebé nazca —sentenció Eros, cerrando la carpeta del contrato—. Cuando se anuncie el compromiso, ya estaremos viviendo juntos en mi residencia, así que en una semana paso por ti. Así comenzaremos con el proceso médico para el embarazo de mi hijo, pero antes debes hacerte unos exámenes para saber que estás completamente saludable.

—¿Cómo que exámenes? —reaccionó Bianca, sintiéndose de repente como un objeto de estudio—. No, no hay necesidad de eso. Estoy saludable y…

—Si leíste el contrato, supongo que leíste la última cláusula, ¿no es así? —la interrumpió Eros, clavando sus ojos en ella con una duda creciente.

Bianca maldijo por dentro. Su revisión "meticulosa" no había llegado hasta la última página, traicionada por su prisa por terminar con aquel momento humillante. Eros comenzó a dudar seriamente de si era una buena decisión la que estaba tomando; ella parecía impulsiva, quizás demasiado emocional para un trato tan frío. Sin embargo, ya no podía retractarse porque él también había firmado y los Ainsworth no rompían sus pactos.

—Te llamaré en cuanto todo esté listo —concluyó él.

Eros le entregó una copia del contrato. Cuando ella lo tomó, sus dedos rozaron los de él por una fracción de segundo. Bianca alejó sus manos rápidamente, como si hubiera tocado hierro al rojo vivo, y un escalofrío recorrió su columna por el pequeño roce. Sin despedirse, salió rápidamente de la oficina y del edificio. Una vez en la acera, se detuvo a tomar aire. Volteó y observó la enorme compañía de la cual es dueño su ahora prometido, sintiendo que aquel edificio de cristal era en realidad una jaula de lujo.

Guardó el documento en su bolso con cuidado, casi con miedo de que alguien pudiera ver lo que contenía. Mientras se dirigía hacia el hospital, una nueva preocupación comenzó a carcomerla: no sabía qué le diría a su madre sobre su supuesto matrimonio con un hombre de la alta sociedad. “No lo pensé antes”, se lamentó. ¿Cómo explicaría que el hombre que la llamó "mendiga" ahora sería su esposo?

Al llegar al hospital, su madre seguía dormida bajo los efectos de la sedación. Bianca se sentó a su lado, pero pronto llegó el doctor encargado. Los nervios le hicieron pensar que seguramente estaba ahí para recordarle que los gastos del hospital seguían acumulándose y que debía hacer un depósito pronto.

—Me alegra verla, quería avisarle que su madre se encuentra más estable —dijo el médico con una sonrisa amable—. Ah, y su prometido ya pagó los exámenes que se realizará usted y todos los gastos médicos de su madre. Cubrió incluso la cirugía y el postoperatorio.

—¿Así? —dijo Bianca con sorpresa, sintiendo un nudo en la garganta—. ¿A qué hora el... hizo el pago?

—Hace diez minutos aproximadamente —respondió el médico, consultando su tableta—. Parece un hombre muy eficiente y preocupado por usted.

El médico le informó que la estarían esperando en el ala de laboratorios para realizarle todos los exámenes por los que Eros había pagado. Bianca se quedó inmóvil observando el rostro pálido de su madre mientras pensaba con más calma en lo que había hecho. “¿Qué es lo que hice?”, se preguntó, sintiendo el peso de la tarjeta dorada en su bolso. Ella siempre había soñado con casarse por amor, con un hogar cálido y una familia real, no por conveniencia económica. Su conciencia comenzó a gritarle que se había vendido a un hombre voluntariamente.

—Mamá… perdóname —susurró, dejando caer una lágrima sobre la sábana blanca.

Mientras tanto, Eros se encontraba solo, meditando sobre su propia decisión. Firmar un contrato por conveniencia mutua, casarse con una desconocida y dejar que una extraña tuviera a su hijo era algo que él jamás hubiera imaginado hacer. Pero el saber que su padre no lo dejaría en paz si no presentaba un heredero era algo que no soportaba. Además, el aguijón del orgullo le dolía: su exnovia estaba embarazada y se casaría pronto con un sujeto al que Eros consideraba un prototipo barato de él. No permitiría que nadie estuviera por encima de su éxito, ni siquiera a costa de su propia libertad.

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