Capítulo 1 Capítulo 1
El sol de Mykonos golpeaba con una saña inclemente las piedras blancas del camino que ascendía hacia la mansión de los Athanasiou. Cora Vlahos sentía que el aire ardía en sus pulmones..
A su lado, Úrsula caminaba con una energía depredadora. No era una mujer de la alta sociedad; era una viuda del pueblo, curtida por el sol y la codicia, que durante años había sobrevivido limpiando para los ricos. Conocía la amargura de Nereo Athanasiou mejor que nadie porque había fregado la sangre y el vino de sus suelos más de una vez. Cuando se enteró de que el "Zar de los Astilleros" buscaba personal doméstico después del despido fulminante de su última empleada, Úrsula vio en su hijastra no a una hija, sino un boleto de lotería bañado en oro.
—Endereza la espalda, Cora. No parezcas una muerta de hambre —le siseó Úrsula, dándole un empujón que casi la hace tropezar—. Tienes diecinueve años y un cuerpo que Dios te dio para algo más que cargar leña. Si ese hombre te acepta, tendremos comida para todo el invierno. Tú molesto hermano tendrá un techo, y si tienes suerte y dejas de ser tan estúpida, quizás nos saque de la miseria para siempre sabiendo usar esa exageración de atributos que se están desperdiciando.
Cora no respondió. Su belleza era una carga física que la sofocaba. El vestido de lino barato, desgastado por los lavados, se pegaba a su piel sudorosa, delineando sin piedad sus senos voluminosos y la curva imposible de su cintura. Sus nalgas, redondas y grandes, se balanceaban con cada paso forzado, atrayendo las miradas de los guardias en la entrada de la mansión. Cora bajó la mirada, dejando que su cabello rubio ceniza cayera como una cortina sobre su rostro de ángel. Ella solo quería desaparecer, pero Úrsula hasta que vio la oportunidad decidió venderla al mejor postor como si fuera carne de primera en el mercado del puerto.
Las puertas de la mansión se abrieron a un mundo de lujo obsceno. El mármol negro absorbía la luz, creando una atmósfera de mausoleo millonario.
—Señor Athanasiou, la mujer que llamó está aquí —anunció uno de sus guardaespaldas.
Nereo estaba parado frente al gran ventanal con vista al acantilado. Era un hombre imponente, guapísimo y tan alto que daba miedo. A sus cuarenta años tenía un cuerpo increíble: hombros anchos, espalda fuerte y unas manos grandes y toscas que intimidaban a cualquiera. Su mirada era fría y oscura; bastaba con que te mirara fijamente mientras juntaba sus cejas pobladas para dejarte paralizado. Caminaba con pasos pesados pero con cierta elegancia, como un animal salvaje. Pero detrás de ese físico perfecto se escondía un hombre amargado, duro y sin compasión, lleno de odio por culpa de una traición del pasado.
—Pasa, Úrsula —Su voz, gruesa y carrasposa, hizo estremecer a Cora al punto de cerrar los ojos—. Dijiste que tenías a alguien capaz de fregar mis pisos sin quejarse. Espero que no me estés haciendo perder el tiempo.
Dicho esto, Nereo se giró lentamente. Tenía una taza de porcelana en la mano. Con solo verle la cara de rasgos duros, aunque hermoso, sabías que era un hombre golpeado por la vida.
De inmediato, sus ojos impactaron contra Cora.
El impacto fue directo. Nereo sintió un dolor punzante en la cabeza al recordar un pasado que creía haber enterrado para siempre. Cora era idéntica a la mujer que lo destruyó en el pasado. De repente, su mente lo llevó tres años atrás: recordó el olor de su esposa Isadora, la traición y la forma en que le mentía a la cara con la misma mirada de inocencia que ahora tenía esa chica frente a él.
«Isadora... la mujer que amé y que terminó muerta en una cuneta porque prefirió la cama de un sirviente a mi imperio», recordó mientras miraba a Cora.
Nereo no dijo nada, pero apretó la taza con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Recorrió a Cora con una mirada intensa y hambrienta: se fijó en sus caderas marcadas, en cómo su pecho subía y bajaba al respirar agitada, y en esos ojos azules tan limpios que le parecieron una burla.
«Está hecha para pecar», pensó Nereo, y el pensamiento le supo a hiel. «Es una trampa de carne».
