La Némesis Del CEO

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Capítulo 4 La famosa RZili

Darwyns

—Estoy aquí desde rato, en el aeropuerto… —contesto con el corazón acelerado por una emoción indescriptible—, pero no le veo por ninguna parte —sigo diciendo, nervioso.

Hay algo en su voz me que genera paz, un sentimiento demasiado familiar para ser real.

Unas risas infantiles invaden mis oídos y cancelan el orden que ponía en mi mente. Solo pude ver la bota de una mujer subiendo en un coche de lujo; al girar la cabeza los niños ya han desaparecido. Sin darle demasiada importancia a lo que acabo de presenciar, vuelvo a mmm xq porque no concentrarme en la llamada.

—RZili, ¿dónde está, señorita? —La escucho dar la dirección de la empresa a un chofer— ¿Por qué no me dijo antes que iba a tomar otro coche? —pregunto con frustración esa vez.

—Porque ya he tomado otro coche —contesta ella con un tono seco—. No puedo esperar más. Nos vemos en la oficina —diciendo eso, sin esperar una réplica mía, corta la llamada abruptamente.

Sintiendo una mezcla de impotencia y confusión, miro hacia donde había visto a los niños. En ese preciso instante, un coche pasa a mi lado: es el mismo tipo de vehículo lujoso y brillante que había visto antes. En su interior, una mujer habla por teléfono mientras juegan unos niños a su lado. Sin embargo, solo puedo ver sus siluetas; la ventana del coche se está bajado, pero, aunque sigo el movimiento del auto no puedo distinguir nada. Solo veo como desaparece en la esquina del centro de control de la salida del aeropuerto.

La frustración me invade después de haber pasado por tantas emociones en un solo día y en tan poco tiempo. En mi entorno hay tantas personas, pero aun así siento como la soledad se apodera de mí. Mi mente confusa no quiere dejar que la paz que siempre busqué quede a mi lado, ella sigue intentando obtener respuestas en lo que concierne esos lazos que parecen alejarse de mí.

Dirigiéndome a la salida del aeropuerto, respiro profundamente para dejar atrás a la desilusión, y con un propósito nuevo: aclarar el caos de mi mente y prepararme para lo que viene.

Regreso a la empresa con la mente agitada por lo que acaba de suceder en el aeropuerto. Sé que mi estricto progenitor puede estar allí y no me gustaría que viera a la diseñadora antes que yo. La última cosa que quiero es un regaño por parte de mi padre, especialmente si no podía explicarle lo que había sucedido.

Mientras espero en la puerta de la empresa, un rayo de sol ilumina la figura de una mujer que se acerca. Es la misma morena que había visto antes, vestida con una blusa negra ceñida, pantalones oscuros y unas botas negras que le dan un aire de seguridad y determinación. Parece una heroína salida de una película de acción.

Cuando ella se detiene frente a mí, sonríe con una expresión burlona y dice: —Supongo que eres el que venía a buscarme.

Mi corazón empieza a latir con más fuerza. Incapaz de concentrarme, titubeo al responder, atrapado en esa sonrisa que me está desarmando.

—Sí, pero… no esperaba encontrarte aquí —balbuceo como un mocoso delante de un helado, incapaz de quitarme la sensación de déjà vu.

—Por eso me caíste encima. ,—Se acerca a mí, disminuyendo la distancia entre ambos—. ¿Acaso es una manera particular de dar la bienvenida a tu empresa? —Mi pulso se acelera y siento cómo el calor sube a mis mejillas— ¿También dejarme plantada es opción gratis, o un bono? —continua ella, con una mirada desafiante.

—Lo siento mucho —me disculpo repetidamente, sin poder quitarme la sensación de que ya había visto a esta mujer en algún lugar antes. Su presencia me abruma, es como si ella tuviera algún poder inexplicable sobre mí. La manera en la que me observa detenidamente durante un momento antes de hablar me deja sin estabilidad emocional.

—Mira, tengo una propuesta —dice finalmente, rompiendo el tenso silencio que quedaba como metiche entre nosotros—. Quiero entrar a trabajar en tu empresa.

—¿Qué? ¿Ahora mismo? —pregunto, sorprendido de que no me esté retando en vez de aceptar el trabajo.

—No exactamente ahora mismo —responde con una sonrisa cómplice—. Quiero hacer mis pruebas sin que tú me acompañes. No quiero que digan que pasé por la “puerta grande” —dice haciendo comillas con los dedos.

—Pero… ¿por qué quieres hacerlo así? —pregunto con una mezcla de admiración y confusión ante su decisión audaz.

—Porque quiero demostrar que soy capaz por mí misma. No quiero que piensen que tengo algo que ver contigo o con tu padre —responde con firmeza antes de hacerme un guiño—. Y quizás también porque me gusta un buen desafío.

A medida que nuestras miradas se cruzaban, comprendí que esta mujer no es solo una diseñadora; es alguien dispuesta a luchar por lo que quiere y eso despierta en mi algo desconocido y emocionante.

Mientras ella se aleja hacia la entrada del edificio, me quedo allí parado, preguntándome cómo he llegado a involucrarme en esta compleja red de encuentros inesperados y emociones intensas; olvidando completamente que hemos preparado una fiesta de bienvenida para ella.

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