La Heredera Callejera Contraataca

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Capítulo 7

La escena de amor tan dramática había alborotado a toda la multitud, y la gente se volvió contra ella de inmediato.

—Elizabeth no tiene vergüenza, separando a una pareja así.

—Si te queda un poco de decencia, lárgate.

—Son el uno para el otro, ¿y tú quién eres para meterte?

En medio del caos, Elizabeth solo mostró una sonrisa tranquila, divertida.

Apretando el micrófono, dijo con frialdad:

—Tranquilos, no estoy aquí para arruinar la relación de nadie. De hecho, estoy aquí para desearles a Victor y a Isabella una vida larga y feliz juntos.

—La familia Lane rompe promesas, y a Victor no le queda ni una pizca de vergüenza. No está a mi altura. Vine a decir solo una cosa: rompo el compromiso.

Sacó un colgante de jade y lo estrelló contra el suelo. Se hizo añicos.

Era la prenda de compromiso entre las familias Lane y Kaiser, ahora destruida sin remedio.

—Muy bien —aplaudió—. Mis mejores deseos para la encantadora pareja.

Lucas soltó una risa baja, burlona.

—Al menos sabes cuál es tu lugar.

Elizabeth ni siquiera lo miró; ya estaba pasando al siguiente punto de su lista.

Sacó el teléfono, esbozó una leve sonrisa y tocó la pantalla.

La pantalla gigante, que había estado mostrando fotos dulces de Victor e Isabella, cambió de pronto a un video.

La iluminación era tenue, elegante; el tipo de ambiente que se ve en un salón de lujo. Un hombre sostenía una copa; su perfil era marcado, impecable. Justo a su lado había una mujer que resultaba extrañamente familiar.

Era Isabella. Su maquillaje estaba perfecto y se pegaba a él, claramente esforzándose por impresionarlo.

—He estado enamorada de ti desde que nos conocimos hace diez años. Nadie más me ha llamado la atención —dijo.

—Renunciaría a lo que fuera por una sola oportunidad contigo. ¡Juro que no seguiré adelante con el compromiso del mes que viene!

Al final, estaba casi llorando.

El hombre por fin se volvió a mirarla. Con un rostro apuesto lleno de desprecio, escupió:

—Lárgate. ¿Te crees lo bastante buena para ser mi mujer? ¿Quién dejó entrar esta basura?

Dejó la copa y se fue sin dudarlo.

La luz le dio de lleno en el rostro: era Alexander.

—¿No que llevaba años con Victor? ¿Y aun así intentaba algo con Alexander hace apenas un mes? Entonces... ¿a Victor lo han estado engañando todo este tiempo...?

—Yo creía que Isabella se veía toda dulce e inocente, pero resulta que jugaba a dos bandas. Qué ridículo.

Los susurros se convirtieron rápido en burlas descaradas.

Isabella se tambaleó, pálida como un papel. Balbuceó:

—No es cierto... ¡Ese video es falso! ¡Alguien debió editarlo para inculparme! Yo...

—¡Paf!

Una bofetada le cruzó la cara antes de que pudiera terminar.

Con el rostro sombrío y temblando de rabia, Vivian gritó:

—¡Serpiente asquerosa! Isabella, ¡hace un momento te defendí... te respaldé! ¿Y así nos pagas? ¿Qué te crees que es la familia Lane?

La agarró del cuello y le asestó golpe tras golpe. Solo entonces se calmó un poco.

Acababa de estar presumiendo de su futura nuera ideal, y ahora ese desastre le estallaba en la cara. Le ardían las mejillas de la vergüenza y de la rabia.

Nadie estaba más furioso que Victor.

Tenía los puños apretados, la respiración entrecortada, los ojos rojos de ira. Miró a Isabella como si pudiera matarla.

—¡Zorra! Debí de estar ciego para creer que eras decente.

—La basura sigue siendo basura, por más bonita que la vistas. Eres inmunda hasta la médula.

—Métetelo en la cabeza, Isabella: la basura como tú nunca va a ser la reina de nadie.

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