Capítulo 6 ¿DESDE CUÁNDO TE INTIMIDA UNA MUJER?
CAP. 5: ¿DESDE CUÁNDO TE INTIMIDA UNA MUJER?
POV ZACHARY HARRISON
Tengo todo el último piso de un edificio alejado del bullicio de la ciudad, tal como le dije a Arianna es para mí esparcimiento, para mi vida ordinaria tengo otra vivienda más cerca de la oficina porque generalmente trabajo hasta altas horas de la noche y así no pierdo tiempo en el tráfico.
Al llegar, el ascensor fue directo a mi apartamento, la decoración es profesional ya que contraté a una rubia que firmó gustosa el contrato sin leer bien, así que cuando le dije que todo terminaba quiso hacer una escena, pero no le resultó.
Entramos y la ayudé a quitarse el abrigo, le ofrecí champaña y aceptó, bebimos en silencio, solo nos mirábamos, por mi parte confirmaba lo bella que es, así que ya no quería retrasar más el beso que ansiaba darle desde la primera vez que la vi, su boca es tentadora y ya era tiempo de que la probara.
Me acerqué y no me evitó, creo que lo esperaba, comencé a besarla lenta y suavemente, de pronto ella colocó sus manos en mi nuca y se adueñó del beso, no sabría describir lo que sentí, pero me gustó muchísimo, jamás ninguna mujer me había besado así, si quería demostrarme que sabía lo que estaba haciendo, lo hizo con creces, fue el mejor beso que he recibido en toda mi puta vida.
Me desconcertó que quisiera irse a su casa de madrugada y justo después de haber tenido una larga sesión donde me desconocía a mí mismo, pero es que mientras más la tenía más la deseaba, no podía dejar de tocarla y sentirla, me puso como ninguna otra lo había hecho y me dejó exhausto.
Definitivamente quiero volver a tenerla conmigo, aún tengo el acuerdo que no quiso firmar la primera vez y que ni siquiera se dignó leer. Iré a la cafetería, la confrontaré porque tengo que repetir con ella, así termino de sacarla de mi sistema.
Allí está… “Bien Zachary ¿por qué carajos te quedas viéndola desde aquí y no entras a la cafetería y le hablas?” Ciertamente me había quedado en el auto contemplándola a través del ventanal de la cafetería. “¡Qué patético Zachary! ¿Desde cuándo te intimida una mujer?”
Aquí voy de regreso a mi auto, la dejé perpleja porque descubrí su truco infantil de darme los datos de alguna amiga, al menos no me devolvió el sobre, mañana vendré por ella y asunto arreglado, lo que necesito para que abandone mi mente es otra nochecita disfrutando su fabuloso cuerpo, ahora estaré mejor preparado muñeca.
Esa mujer está jugando con mi paciencia, he venido a diferentes horas y no la encuentro, así que sencillamente coloqué a alguien para que vigilara la cafetería y me avisara cuando se apareciese, solo así pude verla de nuevo, ya habían transcurrido doce días desde nuestra primera noche. “No te vas a escapar preciosa, ya te probé y quiero otro poco de ti.”
Entré al local y caminé directamente a su mesa, me miró sin expresión alguna, me entregó el sobre y me preguntó:
–¿Vamos de una vez o esperamos hasta mañana?
Tiene una bendita manera de descolocarme, vine a ponerla en su sitio e hizo que me acelerara con su pregunta, retomé el control rápidamente para responderle:
–Vamos.
Se levantó de su silla y la recorrí descaradamente con mis ojos, no podía estar más hermosa, no la he tocado y ya mi amigo está palpitando por hundirse entre sus muslos.
Decidí tomarme mi tiempo con ella a pesar de que me consumían las ganas de quitarle ese vestido que se ajustaba a sus deliciosas curvas, la llevé a uno de mis restaurantes favoritos, muy lujoso, como todo lo que me gusta y no por impresionarla es que en otro tipo de locales me siento incómodo, he soportado la cafetería solo por ella.
Una vez ubicados en la mesa, pedí vino y me dispuse a saber más de ella:
–¿Tú nombre sí es Arianna Lennox?
–Sí –afirmó sonriendo–, ese es mi verdadero nombre.
–Toma –dije extendiendo mi teléfono–, ingresa tu número aquí, por favor.
–No te mentí al decirte que cuando estoy en mi casa mantengo mi teléfono en silencio.
–¿Por qué?
–Soy escritora, solo necesito música suave para escribir, no interrupciones telefónicas.
–Me gusta leer, ¿habré leído algo tuyo?, ¿tienes seudónimo o usas tu nombre?
–No creo que hayas leído algo mío, mi género es el romance y no uso seudónimo, me encanta mi nombre y que mucha gente lo pronuncie.
Tomé el teléfono, en el que aún no había ingresado su número, la busqué en Google y me llevé una grata sorpresa, es una escritora reconocida, con un éxito cinematográfico y preparando saga, bien por ella, no pude evitar comentarle:
–Si escribes de romance, ¿qué esperas en la vida real, romance también?
–Ya no.
–¿Ya no?, ¿qué significa eso?
–Es simple, ya tuve romance, lo viví, lo disfruté y terminó trágicamente, tal como en las novelas. Así que esa es la razón por la que estoy aquí contigo; si esperara romance en la vida real, hubiera salido corriendo de la cafetería al ver tu alianza matrimonial, continué con el contacto solo porque me gusta pasar el rato a tu lado, aunque debo confesar que siempre alerta, porque no soportaría una escena de celos con tu esposa.
–Mi esposa no haría una escena de celos porque confía en mí, la trato tal como se merece para que no tenga ninguna duda.
–¿Qué haces para vivir?
–Soy inversionista y no pongas esa cara, no destruyo empresas, aporto capital, las recupero y todos ganamos.
–Está bien, aunque debes reconocer que el patrón de los inversionistas es dividir empresas para obtener el doble de su inversión cuando venden los pedazos.
–¿Cómo sabes eso?
–Mi padre es uno de esos.
Cuando escuché su respuesta, mi mente voló hacia un hombre con el mismo apellido que yo conocía muy bien y que era una verdadera espina en el trasero.
–A ver…, tu apellido es Lennox, acaso…, ¿eres hija de Stevie Lennox?
–Jajaja, ¿conoces a mi padre?
–Nos hemos enfrentado algunas veces en mesas de negociación.
–¡Qué interesante!, verdaderamente decir que el mundo es pequeño a veces no parece una exageración, aunque no creo que hubiera alguna posibilidad de conocernos por intermedio de mi padre.
–¿Por qué?
–Mi padre y yo no somos cercanos –respondió secamente.
