Capítulo 3 PIENSA ARIANNA
CAP. 2: PIENSA ARIANNA
POV ARIANNA LENNOX
¿Me gustó estar con ese adonis?, por supuesto que sí, ¿quería repetir?, ¿quién no? Pero debía olvidarme de él, además, con base en lo que me había dicho, no tenía ninguna intención de volver a buscarme porque amaba a su esposa, no la dejaría por nada y yo fui una distracción de una noche, fin del capítulo.
Esa tarde llegué y cumplí con mi rutina, estaba disfrutando de mi torta de zanahoria cuando lo vi entrar, con el fin de disimular me metí al teléfono revisando sin detenerme en ninguna pantalla, de pronto lo sentí parado frente a mí, me miraba con el ceño fruncido y estaba muy serio, colocó un sobre en la mesa y me dijo:
–Es mi turno de un trato, además, me la debes porque me mentiste, te he marcado cinco veces desde que llegué y aún con el teléfono en la mano no te has percatado de mis llamadas, por lo que ahora sé que no me diste tu verdadero número telefónico y podría apostar que tampoco vives en el edificio al que me hiciste ir por ti. Mañana estaré aquí esperando por tu respuesta.
Terminó de hablar y dio media vuelta alejándose de mí y saliendo de la cafetería me dejó allí, viendo su fabulosa espalda y su duro trasero, con mis manos en el sobre que contenía el acuerdo para mi siguiente encuentro con semejante hombre.
¿Y ahora qué hago? Me muero por aceptarlo, pero tan reciente no aguanto otro maratón con él, definitivamente debo evitarlo porque no me he recuperado; pobres prostitutas, ojalá conociera alguna porque le pediría que me dijera cómo logran quedar en condiciones para volver a trabajar al siguiente día.
Me dispongo a leer el documento y ahora sí que se fumó una lumpia, está loco si cree que voy a firmar esto. “Piensa Arianna…, piensa… listo, ¡lo resolví!”
¿Cómo empezó esto?
Yo, como mujer soltera, independiente y dueña de mí, estaba sentada disfrutando de un pastel de manzana con helado de vainilla, sumida en mis pensamientos y tuve la sensación de ser observada por lo que, sin discreción alguna, comencé a mirar a mi alrededor hasta que encontré esos ojos que estaban fijos en mí sin disimulo, no soy tímida, así que yo también le sostuve la mirada un rato hasta que volví a mi helado para que no se derritiera en el plato.
Pedí la cuenta y el mesero me informó que ya estaba cancelada, al preguntar quién pagó por mí, me señaló al hombre de ojos bellos, no recuerdo qué gesto hice cuando lo vi, solo sé que él sonrió y mis rodillas se enfriaron. Me levanté de mi mesa, me acerqué a la de él y le dije:
–Muchas gracias, fue muy amable, pero, ¿por qué lo hizo?
–Fue un placer y el porqué es sencillo, eres muy hermosa.
–Gracias por ese cumplido también. Soy Arianna –le dije extendiendo mi mano.
–Mucho gusto Arianna, yo soy Zachary Harrison.
–Encantada de conocerlo, bueno… debo irme, gracias de nuevo.
Él sonrió para que yo me desmayara por lo sexy que se veía con dos hoyuelos en sus mejillas y me dijo:
–Espera, ¿cómo hago para volver a verte?
–Regresaré mañana, vengo aquí todas las tardes a las cuatro para mi merienda dulce.
–Hasta mañana entonces… Arianna.
Me alejé de él con los pies pesados, de verdad quería devolverme y seguir hablando con ese pecado andante.
Al otro día cuando entré a la pastelería me acerqué a la vitrina para poder hacer un barrido rápido con la vista y fijarme si había llegado el pecado hecho hombre y allí estaba, en mí mesa favorita, sonreí satisfecha, hice mi pedido y me encaminé hacia él.
–Hola, está en mi mesa favorita.
–Lo sé, le pregunté al mesero y ya ordené uno de tus postres predilectos también.
–Yo acabo de hacer mi pedido. Pero…, ¿usted ordenó por mí porque es amable o por control?
–Ambas.
Me quedé viéndolo tratando de descifrarlo, él sostuvo mi mirada, hasta que descendí la vista y me fijé en su mano donde lucía una reluciente alianza matrimonial.
–¿Es casado?
–Sí, estoy felizmente casado, amo a mi esposa y no la dejaría por nada del mundo, pero de vez en cuando me permito…, ciertos gustos…, sin compromiso alguno, por supuesto.
–Por supuesto –repetí yo.
–Arianna tú me gustas, llamaste mi atención desde que te vi, ayer interferiste mi tranquilidad cuando apareciste en mis pensamientos y no quisiste irte de mi mente en mucho rato, así que, si llegamos a un acuerdo hoy, firmarás un contrato de confidencialidad y de no exigencias posteriores cuando yo decida terminar con esto.
Respiré, saqué fuerzas y le dije:
–Lo del trato de confidencialidad lo entiendo, pero eso de que sea usted el que tiene la decisión de terminar no va conmigo. ¿Quién dice que no puedo ser yo quien desee terminar?
–No querrás terminar conmigo…, al menos no en ese sentido –dijo sonriendo y yo expresé en mi mente: “A que sí”.
–Señor engreído, usted no me conoce.
–Mañana a las cuatro traeré el documento y lo lees, si estás de acuerdo con los términos, saldremos juntos de aquí.
–¿Sabe qué?, me arruinó la merienda –me levanté y me encaminé a la puerta.
Cuando iba saliendo me topé con Aracely, la tomé por un brazo y la hice devolverse conmigo.
–Amiga, ¿qué pasa?
–El caramelo masticable ese es casado y tuvo el descaro de proponerme un trato donde aparte de obligarme a no decir nada sobre él, me prohíbe reclamo alguno al terminar, ah y él es el único que decide cuando finaliza el asunto. Lo peor del cuento es que me dijo claramente que ama a su esposa y no la va a dejar por nada del mundo, si será sinvergüenza el bello ese.
–Y a ti, ¿qué te importa si la quiere dejar o no?, un polvo y adiós, ¿no que está buenísimo?, cómetelo y te retiras a hacer la digestión felizmente.
–A veces me das miedo y eso que la lanzada soy yo. Le voy a dar una sorpresa al muñeco arrogante ese. ¿Qué tal si le doy una cucharada de su propia medicina?
–Un momento, no te estoy entendiendo.
–Mañana volverá a la cafetería con su contratico, pues yo también voy a llevar un contrato para mi beneficio.
–Jajaja, te apoyo amiga, j0d3lo por sinvergüenza.
