La amante secreta del paciente viudo

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Capítulo 5 Maya – Propósito roto

—El paciente fue ingresado sin ningún nombre. Sin embargo, el amigo que le encontró ya ha proporcionado todos sus datos. —Nos extiende una tableta para que leamos, a lo que me adelanto y la tomo primero, provocando molestia en «el mal necesario»—. Hasta el momento lo que sabemos es que su esposa falleció hace unos meses, lo que considero sea el potencial causa o desencadenante de sus acciones.

Comienzo a leer los datos del paciente, lo cuales no arrojan mucha información, pero al menos sí la necesaria para comenzar una charla con él.

Se llama Milo Hope, tiene treinta años, su fecha de cumpleaños es el veintitrés de mayo y según los estudios sanguíneos no presenta ninguna enfermedad grave. Además, claro del bajo nivel de hemoglobina a causa de la reciente hemorragia. De ahí en fuera es una persona de apariencia saludable.

Kent sigue explicando y lanzando teorías sobre el estado del paciente, pero, en cambio, yo me acerco a observarlo más de cerca. Un día atrás lanzamos teorías entre el personal de mi equipo sobre la identidad del hombre y también sobre la posible causa que lo orilló a quererse quitar la vida. De todo el personal que hizo sus suposiciones, nadie y eso me incluye, logró ni por cerca adivinar la verdad.

Milo… es un nombre muy extraño y original.

—Doctora Hart —Camille requiere mi atención por lo bajo—. Le hablan.

—Sí, tiene razón. Es necesaria la terapia lo más pronto posible.

Apenas si oí la palabra terapia y sin saber de qué hablaba realmente, respondí para que no noten mi leve distracción.

—De acuerdo, entonces despertémoslo —anuncia, Kent para luego quitarme la tableta de las manos—. Les advierto que quizás pueda presentar un leve periodo de desorientación, y les aseguro que esta vez no reaccionará como hace rato.

—Adelante —les ordeno a las chicas.

Linda se acerca para inyectar la solución en el catéter, mientras que Greyson toma lugar, por un lado, del paciente. Al notar su intención me molesto, pues no es él su médico de cabecera, sino yo.

—Greyson, deberías retirarte. Es mi paciente —suelto sin más. Directa y tajante tal como él.

—Lo dudo, fui yo quien lo recibió en el cambio de turno.

Su mirada desafiante me hace hervir la sangre, estoy a punto de responderle cuando Milo comienza a reaccionar.

—Permiso, aquí ninguno de los dos ayuda. —El psicólogo nos hace una seña de que nos quitemos de la cabecera y le demos el sitio a él.

Tiene razón, aquí el experto en tratar esas situaciones es él, no yo. De todas formas, si me quedo, después dirán que estoy muy implicada personal y emocionalmente con la situación del paciente. Hago de tripas corazón, pero sé que es lo correcto.

—Iré a dar la primera ronda del día. Con su permiso.

Me despido de todos justo cuando el hombre en la camilla abre los ojos, es un breve momento en el que su mirada se cruza con la mía y puedo admirar el azul del cielo que se refleja en ellos. Y luego de eso me retiro de esa sala dejando atrás a mis compañeros y a un hombre con el propósito roto.

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