Ira

Descargar <Ira> ¡gratis!

DESCARGAR

Capítulo 4 No puede ser

Centro de entretenimiento militar: Aegis

Campo de formación

Seis y treinta de la mañana

Gaia Nikopoulos

Maldito una y mil veces a Marek.

Maldito sea.

Miles de veces quise saber cómo era Kairos, incluso su padre. Al resto de la familia no le di importancia porque ellos son mi objetivo, los demás simples daños colaterales pero ellos era, según mi entender, vitales para la operación.

Por su necedad ahora tengo un frente personal abierto con Kairos Markovich y joder, eso no me conviene para nada.

Sin embargo mientras sostengo mi posición de firma esperando instrucciones junto a mis compañeros, no dejo de pensar en los ojos de Drago, a pesar de todo se ven turbios, oscuros y maliciosos. Casi pude sentir a distancia si olor, su escencia intacta como la última vez que estuvo entre mis brazos.

—Nikopoulos —oigo mi apellidos falso en la voz del maldito —, usted viene conmigo en la retaguardia —la que me faltaba —. El resto pueden ir avanzando con el Sargento Grobas delante.

Todos giramos a la vez, justo cuando la orden del sargento bajo su mando lo indica y comenzamos a adentrarnos en el bosque profundo.

Mi mente va a mil kilómetros por hora. Esto no debía empezar así, no debería ir con desventaja.

Puto Marek.

Sigo el rumbo detrás del un, dos, tres... Marchen de mi sargento mientras siento la mirada de mi Capitán detrás de mi por todo mi cuerpo.

Me sorprende que no haya intentado nada en todo el camino, agradezco al menos eso. Sunshine va delante, es la segunda en la fila y agradezco también que no me vaya cotorreando a mi alrededor.

Pasa al menos una hora para que nos detengamos. Me duele todo, me arden las pantorrillas de sostener el ritmo y me falta el aliento. Nos han tenido prácticamente corriendo sin parar.

—Siete minutos de descanso para que toman agua y se pongan las botas para río —brama Kairos —. Pasado ese tiempo si alguno no está listo quedará fuera del pelotón y del ejercicio de hoy. Cada día un ejercicio y mínimo una baja, cuando queden solo cuatro candidatos acabará en primer entrenamiento y nos quedarán tres ganadores para la segunda fase.

Maldición. Esto no lo sabía.

No será un problema para mí pero me obliga a centrarme estos días en los ejercicios y dejar para después mi investigación. Por lo tanto perder no s una opción o habré venido hasta aquí para nada.

—Espero que pierdas algún ejercicio porque de lo contrario cuando pases de fase serás mía, y no sabes lo duro que va a ser.

La voz de Kairos por primera vez suena a la de anoche, cuando estaba sobre mi jugando a seducirme. Solo que ahora está agachado frente a mi, apoyado en una rodilla con su antebrazo. Sus promesas resuenan en mi cabeza y aprovecho para decirle:

—Tus amenazas no me asustan gatito —murmuro sin aliento  mientrase cambio de zapatos —. La última vez que me prometiste algo fallaste... Te recomiendo que no pretendas cosas que luego no pasarán.

Sus ojos por fin conectan con los míos y puedo ver el eseo crepitante en su mirada. Ahoga una sonrisa entre sus dientes y me corrobora que está recordando lo que prometió ayer.

"La próxima vez que te vea, huye si puedes porque te juro por el aire que respiro que voy a follarte como nunca nadie lo ha hecho y serás mía cada una de las veces que te tenga delante. Que conste que te estoy dando ventaja... Ahora corre."

—Te dije que corrieras y me la pone dura saber que has corrido sí, pero hacia mí. Y créeme que no te va a gustar lo que va a pasar si intentas huir de mi.

—Yo no huyo de nada en esta vida, Mi Capitán... Mucho menos de nadie.

Me levanto dejandolo con la palabra en la boca. Maldito sea, ¿Por qué tiene que ser tan sexy?

Guardo los otros zapatos y me pongo la mochila al hombro bebiendo de mi cantimplora, lista para salir.

No nos avisan cuánto tiempo queda y cuando suba el silbato todos estamos listos, así que nadie causa baja del ejercicio.

¡Perfecto!

Me encanta la cara de asco que hace Kairos cuando se da cuenta. El miserable quiere que caiga alguien ya y por lo visto nadie está dispuesto a hacerlo.

—Bien —explica su sargento —, tienen veinte minutos para encontrar el río y cruzarlo hasta llegar a la otra punta, si el Capitán o yo los atrapamos serán bajados del ejercicio y si no llegan a tiempo también, mucha suerte.

Todos salen corriendo hacia distintos puntos y Athena y yo somos las únicas que sacamos los mapas, miramos hacia donde hay que ir y echamos a andar.

El sargento y el capitán nos dan algo de cordel antes w salir a buscar víctimas.

—Sigue recto y encontrarás el río —me explica Sunshine —. Estoy justo detrás de ti.

No me molestó en saber a dónde pretende ir antes. Es evidente que no quiere que la vea pues sino no me hubiese mandado delante pero noe importa. Con suerte ella no llego a tiempo y tendré un problema menos. No quiero amigas ni pienso desarrollar sentimientos por alguien que luego me signifique un lastre en mis planes.

Cruzo troncos caídos y maleza por todos lados. Cuando el suelo empieza a estar húmedo sé que estoy cerca. Miro mi reloj y me quedan diez minutos aún. Oigo el rugir del río y lo que parecen rápidos. Me subo a una rama y lo veo, solo tengo que dar unos cuantos paso más pero me toman el brazo, me sorprenden en plena marcha y me ponen contra un árbol.

—Has perdido, gatita —Kairos me mantiene contra el tronco, se tira sobre mi que no me lo puedo creer —. Las reglas son claras, si te pillo antes de llegar eres baja de Aegis.

¡No me lo puedo creer!

Esto no puede estar pasado.

Este tío va a por mi y no puedo dejar que me rompa los planes. No puedo irme ya. No me pueden sacar tan rápido. Marek me va a matar y yo no puedo irme ahora. No cuad he visto a Drago, no cuando tengo la atención de Kairos.

Maldita sea.

—Si te disparo cuenta como que he llegado antes de ser atrapada, gatito.

—Vuesttas armas han sido vaciadas, no tienen cargadores.

Clava una rodilla entre mis muslos y presiona el punto que busca, está jugando el maldito cretino y me jode que eso me ponga cachonda. Es una especie de rutina sado que tengo. Hostias...

—Sueltame entonces. Si ya todo ha acabado déjame ir.

En el momento en que me suelte corro, esto no está perdido. No puedo dejar que eso pase.

—No tan rápido, gatita.

—Deja de decirme así.

—Has empezado tú —me recuerda.

—Sueltame, Kairos —forcejeo.

—Vaya, ahora me tuteas —me pasa la nariz por la boca y grupo —. He dicho que no tan rápido.

—¿Qué demonios quieres?

—Tengo una promesa que cumplir, gatita...

Esto no puede ser verdad. Pretende que le deje follarme a cambio de algo. Maldito cretino. Pero l culpa es mía, he ido dándole las pautas para que juegue este juego y lo peor es que me ha pillado. Es mejor de lo que esperaba y eso me complica más las cosas.

—¿Que significa eso?

—Voy a soltarte ahora, podremos fingir que esto no ha pasado o podemos buscar la manera de solucionarlo de una forma más jugosa, más sexy —me guiña un ojo — Es un ganar-ganar, gatita.

—Me estás pidiendo algo que no te daré, Kairos Markovich.

—Ya lo veremos.

¡Joder... Puto imbécil!

Esto no puede estar pasando.

Y, ¿Por qué cojones me lo pienso?

Este tío me está causando cosas que no debería. Me hace pensar en tomar rumbos que no son viables para m

is planes. No si lo que quiero es acabar con él... No debajo de él.

Capítulo Anterior
Siguiente Capítulo