Ira

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Capítulo 3 Planes rotos

Centro de entretenimiento militar: Aegis

Seis en punto de la mañana

Gaia Nikopoulos

Desde que paso el primer control soy Gaia. Ira se quedó en ese club anoche, dónde todo quedó en nada.

Aquí, pasando por debajo de la barra de metal que da acceso a este maldito sitio, el mismo que será mi futuro en los próximos tiempos, dure lo que dure descubrir la verdad y cobrar venganza por lo que ya conozco; soy esa otra persona que será la que todos conocerán de mi. Nadie sabrá quien soy en realidad.

—Documentos —ordena el guardia.

Rebuscó en el bolsillo lateral de mi pantalón de contienda y se los entrego.

La seguridad es lo primero en lo que tengo que fijarme y memorizar aquí, cuando todo acabe tengo que saber muy bien cómo salir de este sitio y sobre todo llevarme conmigo mi presa: Kairos Markovich.

El escáner da el okay para que pase y me entrega sin mediar palabra alguna una llave y una tarjeta de acceso.

—Cuando llegue tu capitán te dirá los sitios a los que tienes acceso, él mismo activará tus sensores. Puede pasar Cabo. Únase a sus filas.

Se planta esperando que le salude. Me obligó a ponerme firme y le dedicó el saludo militar que corresponde antes de seguir la fila de diez que ya me espera a la derecha. Marek no me dijo que habría un pelotón. Pensé que era entrenamiento individual. No soporto socializar y si me ponen en grupo no me quedará más remedio que seguir ampliando mi mentira.

¡Joder, esto no gusta!

—Hola —me salida una pequeña criatura todo sonrisas y cabello dorado con grandes ojos azules, es como miar el puto sol, la que me faltaba —, soy Athena . ¿Cómo te llamas?

—Gaia —murmuro hosca, no quiero ganarme a la débil de grupo ni tampoco hacer amigas, no puedo permitirme eso.

—Que gusto dar con alguien amable —alxo las cejas —. Ninguno de los otros me ha saludado.

No me extraña.

No venimos a hacer putos amigos.

Joder, si hubiera llegado antes noe habría tocado detrás junto a este rayito de sol.

Los demás del escuadrón son chicos. Encima que somos las únicas mujeres me toca la debilucha para apadrinar.

—¡Todo el mundo firme! —gritan por detrás.

La charla por suerte se suspende y una Teniente pelirroja y con cara de mal leche nos informa:

—Iremos a sus instalaciones y se pondrán ropa de campaña para la primera noche, luego comerán y en quince minutos estarán formados en el ala izquierda donde su Capitán los encontrará. Si alguien se retrasa habrá consecuencias. Andando.

¡Cojonudo, la primera noche y ya vamos a dormir a la intemperie! ¡Joder!

Eso no me conviene. Necesito estar dentro el recinto para poder obtener información y largarme cuanto antes. Pienso estar un par de meses como mucho.

Corriendo unos detrás de otros nos llevan a unas especies de contenedores climatizados individuales. Al menos no tendré que compartir mi espacio personal con Mis Sunshine. Ella cae justo a mi lado pero bueno, en su propio espacio.

Me toma dos minutos desahacer la mochila, vestirme con el uniforme de campamento que ya está sobre mi minúscula cama y tomar la mochila de campaña. Salgo, cierro y cuando veo a todo el mundo fuera para ir al comedor me sorprendo de que Athena ya está. Tal vez no sea tan patosa como luce.

—¿Alguien sabe dónde es el comedor? —pregunta un rubio alto, fuerte y que no deja de mirar el culo de Miss Sunshine.

—Siganme —contesta ella.

Por supuesto que la siguen. La tía tiene un cuerpazo de la hostia y antes no le querían hablar pues ahora no la pueden dejar de mirar.

Total que llegamos al comedor, cogemos las bandejas, miro el reloj, nos quedan menos de diez minutos. Ella tira de mi hacia una mesa y ahí es cuando sucede...

—Ahí están —señala Athena —, los hermanos Markovich. Drago... —señala al primero de los dos que entra y no puedo dejar de mirarlo.

Los ojos intentan llenarse de lágrimas pero me controlo. Está muy grande ya, es fuerte y lleva el pelo largo en una coleta bien recogida, es Capitán también y se ríe como lo recordaba. Casi puedo oler su aroma desde aquí. Me encantaría poder tocarlo, poder besarlo y acurrucarme con él entre sus brazos.

—Y Kairos –pronuncia finalmente reventando la burbuja en la que había entrado.

No siquiera le pregunto de dónde los conoce. No puedo pensar en nada más que en el maldito Marek, ese retorcido cabron que nuncae quiso enseñar fotos de la familia Markovich. En todo mi entrenamiento no pude verlos, bloqueaba cualquier acceso a interner desde mis ordenadores o moviles y ayer, justo ayer estuve a punto de follar con el jodido Kairos Markovich en un puto club. Ese cerdo me ha tocado, hemos flirteado como si nada. El objeto de mi venganza estuvo entre mis piernas, como si no fuera quien es y yo quien soy solo por culpa del jodido Marek Kovacs.

—¿Gaia, estás bien?

La voz de Sunshine me saca de mis retorcidos pensamientos y asiento mientiendo como fui entrenada.

—Será mejor que nos vayamos, llegaremos tarde en el primer día de entrenamiento —digo levantándome y dándome la vuelta para irme antes de que él me vea a mi. Tal vez no me recuerdes pero no puedo arriesgarme a eso. Tengo que hacer todo lo posible por evitarlo hasta que llegue el momento de empezar con lo pactado.

Mientras pase mi entrenamiento no puedo acercarme a él, debo esperar a ser elegida para comenzar el juego.

—Sí, vamos —conviene ella.

No hemos ni dado dos pasos cuando una conocida voz dice a nuestras espaldas:

—Cabos, ¿No creen que van un poco justas de tiempo? —intento no darme la vuelta pero Athena me aprieta la mano y temblorosa no gira a las dos poniéndome de frente a los hermanos Markovich —. Para ser su primer día bajo mi mando no les recomiendo que reciban su primer castigo, soy conocido entre otras cosas por ser implacable.

Los dos pares de ojos van de Athena a mi y no sé por qué ella está tan nerviosa pero sé que yo... Jode

r, yo no tenía planeado empezar esto así.

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