Capítulo 2 Guerra y venganza
Ira Kovacecic
Cualquier mujer sola en un club de noche puede parecer una presa fácil.
Infiltrarme en Aegis…
Esa ha sido mi obsesión desde que era una niña. Sus filas son el primer peldaño hacia mi objetivo, la puerta directa a mi venganza.
Aun así, el miedo existe. Me levanto dubitativa y camino a paso lento...
Me acerco a la ventana. El puerto comienza a despertar: pescadores preparando redes, turistas madrugadores, vecinos que se saludan como cada mañana. Una anciana observa desde su balcón, un repartidor esquiva peatones en bicicleta, una pareja discute en voz baja frente a una panadería.
Cómo me gustaría ser como ellos… tener una vida simple, preocuparme por nimiedades, por llegar a fin de mes. Pero yo no tengo vida. Ni siquiera tengo nombre.
Aleksandr Draganov Marković me lo arrebató.
—¿De verdad crees que estoy preparada? —pregunto sin girarme.
—Lo estás —responde, acercándose—. Desde hace tiempo. Este año Aegis se reestructura y tú formarás parte del cambio. Mírame, Ira.
Me obliga a encararlo. Sus ojos grises me atraviesan como siempre. He girado en sus brazos pero el vértigo que siento es por otra cosa.
—Ha llegado la hora de saldar cuentas. Derribaremos el linaje Draganov–Marković–Petrescu. Por nuestros padres. Por todo lo que nos arrebataron. Tú serás nuestro caballo de Troya.
—¿Solo por ellos? —susurro. Cuestiono.
—Y por mí —responde, acercándose hasta rozar mis labios sin tocarlos—. Por nosotros. Tú y yo contra todo.
Cierro los ojos. Veo a mi madre desvaneciéndose entre gritos, agujas clavadas en mi piel, llamándola sin poder salvarla.
—De acuerdo —mi voz tiembla—. Estoy contigo.
—Así me gusta —se aparta para tomar una carpeta—. Este es tu nuevo perfil. En el avión te espera un equipo completo.
Hojeo el file pasando rápido por los detalles, no hay que ahondar, lo que tengo que saber lo sé de memoria. Esto s solo mi tapadera.
—¿Griega? —alzo una ceja al leer.
—El idioma no se te da mal —encoge los hombros—. Tienes dos horas para memorizarlo y después destruirlo. En diez minutos vienen por ti. No empaques nada. A Atenas no llevarás recuerdos. Ni siquiera la foto.
—Pero…
—Ira Kovačević murió con sus padres. Ahora mismo mientras lees este nuevo perfil dejas de existir como te recuerdas, ya no eres Ira —sentencia—. Y tu hermano ahora pertenece al enemigo. Aférrate al dolor. Eso será suficiente.Me toma el rostro con suavidad. Esto último es lo peor de todo lo que hedicho. Aunque me haga sentir sola sé que es más importante protegerme para lograr dar el golpe final.—No estás sola. Seguiremos en contacto.
Besa mi frente y se marcha. Frío como a veces, como muchas veces.
Siete minutos después subo a un todoterreno blindado con la carpeta entre las manos. Voy recitando mi nueva identidad una y otra vez hasta que se me grabé
Cuando alguien diga mi nuevo nombre lo tengo que tener tan metido en mi sistema que sea automático la forma en que responda. Cómo si dijeran Ira... Pero ahorae llamo: Gaia Nikopoulos.
En el avión me transforman. De castaña de ojos oscuros a rubia ceniza de mirada verde. Maquillaje preciso, piel impecable, cuerpo oculto bajo ropa táctica.
Frente al espejo me observo hasta reconocer a la mujer que Aegis necesita.
En la Unidad Aegis Negra, la belleza es un arma más.
—Gaia Nikopoulos —leo de nuevo y por última vez antes de quemar el expediente—. Ese es mi nombre ahora.
Me recuerdo.
Muerte a los Draganov–Marković.
A su sangre.
A su legado.
A todo lo que representan.
Yo no, yo soy Ira Kovacecic, la maldita más perra de la historia. Mi otro nombre, el que todos conocerán y ninguno imaginará que es mi mayor engaño es: Gaia Nikopoulos. Todo en mi vida es un arma de doble filo. Cada paso está pensando en el sentido concreto de mi venganza...
Está noche es un poco la excepción, algo como una despedida de mi entrenamiento y la bienvenida a la batalla por la justicia.
Horas más tarde.
Diez de la noche de Atenas, Grecia.
Club: Roku
Vestida de negro, corto, muy ajustado y con tacones tan altos que darían vértigo a una principiante. Encima con mi fachada de rubia de ojos verdes no puedo estar más explosiva. Otra que no fuese yo estaría en peligro ahora mismo presa de muchos hombres deseosos.
Pero no yo. Yo no seré eso nunca.
No soy presa, mucho menos una fácil. Soy la puta cazadora. La maldita que vino a este sitio a matar. A vengarse. A resucitar una guerra para sanar para siempre las heridas de mi alma. Hay muchas razones para estar aquí y ninguna es para hacer amigos. O amigas. No tengo de eso, nunca he tenido. La vía que he llevado no me lo ha permitido.
La música del club es atronadora. Es sexy, ardiente y contagiosa. Es el camuflaje perfecto para mis intenciones. Es justo como esos ojos que se rompen en distintos tonos de azul bajo los flashes de la pista y me acaban de descubrir en la distancia: todo y nada de lo que me conviene. Ojos a prueba de riesgos fijos en un cuerpo pecaminoso, cuya dueña es el jodido pecado.
Casi siento pena por él cuando se acerca a mi. No imagina que no soy la chica para conquistar, que tengo otros motivos para estar en la ciudad y que si estoy aquí en este sitio bebiendo una copa vestida así es como una especie de despedida de lo que ha Sido mi vida hasta ahora, es por los motivos que no puedoencionar y que él jamás descubriría.
—Dry Martini —pronuncia colocando una copa delante de mi —. He notado que solo bebes eso. Y llevas tres,quería ofrecerte el cuarto.
Ya le había visto venir hacia mí, como un depredador tras su presa. Pero ni él es eso ni yo lo otro.
Tiene los ojos más azules que he visto en mi vida, la barba rubia con matices oscuros demasiado cuidada. Diseñada de una forma que solo una cuenta repleta de dinero puede pagar y su ropa huele a nuevo y caro a pesar de ser jeans oscuro, camisa rosa por debajo de una chaqueta de Dior. El tío es atrevido, guapo y descarado. Pero no pienso beberme nada de nadie.
—No acepto copas de desconocidos —aparto mi vista de sus ojos para disfrutar del blanco nuclear de sus dientes perfectos.
Se relame los labios y me muerdo una sonrisa. El descaro flota entre los dos, nos intenta seducir.
—Chica lista —se sienta a mi lado de espalda a la barra y de frente a la pista —. Hora de conocernos entonces. Dime tú nombre.
La piel se me eriza traicionera al oír la orden en su voz. Tengo debilidad por el coqueteo dominante. Pero eso él no tiene por qué saberlo. Aunque mi coño arda en llamas al oír esa puta orden.
—Parece que de los dos el listo eres tú —hago una pausa para que me diga su nombre pero no cae, entonces sigo —. No tengo pinta de ser la típica chica frágil de club de noche que cae en la trampa de beber una copa de regalo. Y contabas con eso para ligar conmigo.
—Touché —sonrie y de nuevo es increíble esa boca —. ¿Podemos considerar esto un empate de circunstancias?
ME quedo mirando fijamente la mano que me ofrece como ofrenda de paz y me sigo preguntando si lo de antes estaba planeado o no. Quizás todo en general es una estrategia. Aunque reconozco también que mi condición natural es desconfiar de la gente directa. Siempre asumo que quieren algo más de lo que piden. Y en mi caso, acabada de llegar a la ciudad y con mi plan de venganza por delante no sé cómo tomarme esto.
—No me voy a ir a la cama contigo —esquivo la repuesta.
—Nunca digas nunca —masculla bebiendo de mi copa, la que él me ofreció.
—Nunca digo nunca —me paso la lengua por los labios y le quitó l copa para beber yo también, nos miramos con descaro, con ganas y promesas que ninguno de los dos cumplirá.
—Es una pena que no te vayas a ir a la cama conmigo hoy...
—Es una pena —coincido con sorna. He oído el "hoy".
Pasan algunos segundos antes de que tome mi banqueta y me acerque a la suya metiéndome entre sus piernas arrastrando las patas por el suelo. Con su mano al costado de mis piernas cruzadas, sería tan fácil abrirlas y romper mi promesa, sería muy fácil... Pero no puede ser.
Algo que hace mucho no siento crece en mi vientre, se cuela entre mis muslos y sube a la base de mi estómago.
Este desconocido del que no sé ni el nombre provoca cosas en mi que no debería. Y se ve que yo también en él.
—Eres preciosa —acerca su boca a la mía, se lo permito —. Y peligrosa.
—Es lo más inteligente que has dicho desde que te acercaste.
—No me ofende —se muerde el labio cuando me observa morderme el mío —. Contigo cerca no puedo pensar con cordura. Me gusta demasiado la idiotez que me provocas. Es una sensación nueva, y adictiva.
Desliza el pulgar por mi labio soltando lo de entre mis dientes y entre abro la boca para recibirlo dentro. Todo de repente ha mutado de peligroso a delirante y solo deseo dejarme llevar, por una vez en mi vida ser estúpida y saborear la espontaneidad.
Paso la punta de mi lengua por la yema de su dedo y sus ojos se cierran mientras entre mis muslos se acumula un liquido como la lava ardiente de un jodido volcan en jodida erupción.
—¿De dónde es tu acento?
—Sin preguntas —saco su dedo de mi boca con un "pop".
—Sin repuestas —añade él.
Entonces claudico del todo. Le tomo del cuello de la camisa y me pierdo en el sabor de su boca que se parece al de la mía, sus manos aprietan mis muslos entrando por mis costados debajo de mi vestido y el mundo entero desaparece del todo.
Solo somos nosotros, en estás banquetas ajenos a todos besándonos como si no hubiera un mañana. Pero en realidad no lo hay, no hay un mañana para mi, definitivamente no en su vida.
Jadeamos, gemidos y siento su índice rodeando el borde de encaje de mi tanga por encima de mi cadera, ha subido experta mente su mano entre mi ropa. Elundo entero desaparece y solo quedamos nosotros y las ganas de follar nos duro contra la barra a su espalda. Siento que sería capaz de abrirme de piernas delante de todos y obligarle a chuparme entre los pliegues de mi coño húmedo.
—Te follaria con mis dientes y mi lengua en esta maldita barra y pegaría un tiro a cualquiera que se atreviera a mirarte mientras te como y te hago correrte.
—Desde que te acercaste supe que flotaba entre lo do promesas que no podríamos cumplir Pero djame que te haga una que sí que cumpliré —susurra en el lóbulo de mi oreja —. La próxima vez que te vea, huye si puedes porque te juro por el aire que respiro que voy a follarte como nunca nadie lo ha hecho y serás mía cada una de las veces que te tenga delante. Que conste que te estoy dando ventaja... Ahora corre.
Sus palabras son tan excitantes y ardientes que me quedo saboreando cada letra entre mis propios labios. Ni siquiera me doy cuenta de que se aleja de mi, tampoco me percato de a dónde se ha ido ni dónde estoy. Cuandoe tiro en mi cama solo puedo hacer dos cosas: masturbarme pensando en él y sonreír pensando en su promesa rota porque ese delicioso hombre y yo... Jamás nos volveremos a ver.
Mañana entraré en un mundo en el que no habrá nada más que entrenamiento, guerra y venganza. No queda espacio pa
ra nada más.
A partir de aquí soy una cazadora, y los Markovich son mi presa.
