Ira

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Capítulo 1 Prólogo

Me duele el cuello, la espalda, no puedo respirar bien.

Su rostro diabólico aparece frente a mí y las lágrimas salen descontroladas, puesto que sé lo que viene a continuación.

—¿Lo ves? —señala la aguja de acero ennegrecido antes de acercarla a mi piel.

—Por favor —suplico sin fuerzas—. Por favor, no...

Es inútil, la aguja penetra mi piel volviendo a desestabilizarme. Esta es mi condena, vivo el mismo episodio cada día y siento que no tengo fin.

Quiero a mi mamá, a papá..., pero ellos ya no están. Me han dejado sola.

«¿Dónde estás, mamá?»

—¡Mamá! —me levanto agitada con el cuerpo sudoroso.

Otra vez la misma pesadilla. Estoy harta de ellas.

Con el mal humor de guardia me meto bajo la ducha helada, buscando enfriar mi cerebro para congelar cosas que no quiero recordar.

«No olvides nunca de dónde vienes, hija», ya apenas consigo recordar la voz de mi padre. «Jamás seremos como ellos».

Salgo enredada en una toalla y, pese a estar empapada, me echo agua en la cara antes de cepillarme los dientes.

Tengo sueño. La vida de un soldado es pesada. Ya no recuerdo la última vez que dormí más de cinco horas. Aunque no puedo quejarme, pues prefiero patear culos y perseguir traficantes a servir cafés en un ferry turístico como hace cinco meses. Eso también era parte del plan. Hace años todo en mi vida forma parte de un jodido plan del que no puedo escapar hasta que se lleve a cabo y por fin después de tanto tiempo, ya se acerca el pistoletazo de salida.

—¿Sabías que el mal genio acelera el envejecimiento?

Apenas escucho la voz a mis espaldas, pego un brinco y, al toparme con su reflejo en el espejo, jadeo.

—¡Marek!

«¡Mierda, estoy casi desnuda!»

—Me gusta cuando te ruborizas, pequeña fiera —sonríe con descaro, logrando que el calor me suba al rostro.

No puedo decir que me sorprenda. Tiene la costumbre de aparecer en los peores momentos posibles, pero el efecto en mí siempre es el mismo: sobresalto.

Me gusta.

Marek Kovács ha sido lo único constante en mis veintiun años de vida y, por tanto, lo único a lo que he podido aferrarme. Es mientor, la persona que me ha entrenado durante tantos años para lograr mi objetivo, además de otras cosas claro.  Siempre he intentado ocultar lo que siento por él, esperando el día en que lo note por sí solo, y creo que, después de tantos años, empiezo a lograrlo. Sus visitas son cada vez más frecuentes y las palabras «me haces falta» ya no le pesan en la boca. Su cuerpo empieza a sentirse como parte del mío cada vez más y estoy segura de que soy la única mujer a la que necesita... Cómo dice en ocasiones.

—Me pillas recién levantada —intento recomponerme—. Dame un par de minutos.

—No te demores —el gesto relajado desaparece al instante aunque echa una ojeada a mis piernas desnudas antes de endurecer el rictus. Cuando pone esa cara da mucho miedo. Huelo lo que se avecina en el aire.

«Otro traslado no…»

—¿Ocurre algo, Marek? —pregunto con cautela, como si mi instinto ya supiera que mi vida está a punto de cambiar. Y en realidad no es como si... Es que lo sé, lo acabo de sentir.

—Esperaré a que te vistas.

El rubor regresa, más tenue. Doy media vuelta para que se dirija al pequeño salón del apartamento mientras me visto en la habitación. A solas y con prisa.

Me pongo los primeros pantalones tácticos que encuentro y una camiseta de camuflaje. Compruebo que mi melena castaña sigue recogida como siempre y respiro hondo antes de salir.

Está claro que hoy será mi último día en Split.

—¿Qué sucede? —pregunto nerviosa—. He sido cuidadosa. Me mantengo en perfil bajo, cumpliendo órdenes, sin destacar, y aún no se cumple el plazo para cambiar de identidad…

—Tranquila —me corta—. Tu cobertura sigue intacta.

Me dejo caer en el sofá, soltando un suspiro de alivio.

Pongo los codos en mis rodillas y entrelazó mis dedos mirándolo expectante.

—¿Entonces…?

—Ha llegado el momento, Ira —dice con serenidad —. El Comando Aegis inicia el proceso de selección mañana al amanecer. He conseguido que estés entre los preseleccionados. El resto depende de ti. Debes entrar en la Unidad Aegis Negra. Sí o sí.

Asiento. Suspiro. Estoy lista. Por fin.

Sin que Marek lo note me doy la vuelta y acaricio la foto de mis padres, la que siempre llevo camuflada entre mis botas, me ajusto las correas y soy incapaz de no crear algunas lágrimas mientras pienso que esto lo hago por ellos, que esto es para poder vivir en paz. Y por fin ser feliz. Mi familia merece justicia. Es la única razón por la que sigo viva, por la que he aguantado todos estos años.

Minutos después estoy despidiendo me de mi vida...para empezar mi venganza.

—¿Lista para infiltrarte?

La voz de él me estemece pero asiento, asiento porque como he dicho antes sí, estoy más que lista.

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