Capítulo 8 Dormir
Al parecer todo había sido un malentendido por el periodista. El chico llamado Zac es amigo de Aileen y solo la estaba felicitando por su boda. Oliver Price está muy feliz y enamorado de Aileen.
Es lo que decía la nueva nota de la revista donde los tres chicos hicieron lo posible para que todo quedara en el pasado. Entonces Oliver estaba más tranquilo. También se había disculpado con Aileen por lo de la mañana pero ella le dijo que lo disculpaba solo con la condición de seguir trabajando para ganarse su sueldo.
—¿Por qué quieres seguir ahí? —la cuestionó. Era su hora de salida y Oliver decidió llevarla a cenar a donde elle quisiera. A Aileen le brillaron los ojos porque tenía muchas ganas de ir al centro comercial con Oliver, mirar una peli en el cine y comer algo.
—Me siento útil si estoy trabajando. Además a ti no te afecta en nada —Aileen se subió al coche a la misma vez que el.
—No pero habíamos quedado en que harías prácticas en mi empresa. Con sueldo.
—Pues hasta cuando eso pase seguiré ahí —le sonríe Aileen. Oliver niega con la cabeza porque siente que Aileen es una chica muy terca pero muy guapa. Sus ojos, su nariz, su boca, todo era perfectamente imperfecto en ella. No necesitaba tener a la mujer más linda del mundo sino a una que sea hermosa ante sus ojos. Y eso estaba significando Aileen para el.
—¿Qué pasa? —le preguntó ella porque no dejaba de verla.
—Nada —respondió, arrancando su coche.
Zac se habia quedado en el restaurante arreglando las sillas y dejando todo limpio.
—¿Todavía aquí, Zac? —le preguntó Ines, la cocinera.
—Ya casi me voy —respondió el.
Inés negó con la cabeza y salió del local. Zac se quedó pensando en Aileen y en todo lo que había pasado hoy. Deseó por un momento que lo de la revista hubiera sido cierto. ¿Por qué no se fija en mi? Pensó incrédulo. Si tan todo tuviera dinero, poder, quizás Aileen se fijaría en el. Si seguía siendo un repartidor en ese restaurante no saldría adelante. Se quitó su delantal y buscó su mochila con sus cosas. Tenía un plan, es más, haría cualquier cosa para que Aileen se enamorada de él. Dejó cerrado el local y tomó su bicicleta, montándose para llegar a casa y buscar las cosas de la universidad.
Aileen y Oliver salieron del coche al llegar al centro comercial.
—¿Que haremos primero? —le preguntó, sonriente. A Oliver le gustaba verla sonreír. ¿Pero que le pasaba? No podía estarse comportando de esa manera con esa chica. El era frío y no cursi.
—Lo que quieras —respondió seco.
—No puede ser, el Oliver aburrido ya volvió.
—¿Qué?
—Si, a veces estás libre y siendo tu y otras veces como ahora estás rígido y serio. Alégrate un poco —le dijo la chica que parecía estar llena de vida y sueños. Quiso hacer lo que ella había dicho pero le era imposible.
—Bueno, veamos qué películas hay en cartelera, ¿no crees?
El centro comercial estaba lleno de noche, era de cinco pisos, en cada esquina había una tienda de ropa, zapatos, joyas, electrónica, medicina, comida, bebidas y de todo un poco. El cine estaba en el último piso así que se subieron al elevador hasta llegar al último piso. En el cine había una fila enorme.
—Hmm parece que hay un peli de miedo a las diez —leyó Aileen.
—¿Quieres ver de miedo? —inquirió el.
—Hmm quizás. ¿Tu?
—La que escojas está bien.
—¿Qué no tienes decisiones propias?
—No soy se ver películas, Aileen.
—Hmm ¡está bien! Veamos la de las ocho y media, es de romance si.
—Está bien. Mientras podemos cenar por algún restaurante, comida de verdad si.
—Como quieras, señor Price.
Oliver y Aileen se dirigieron a uno de los restaurantes más caros y lujosos del lugar. Oliver pidió vino para ambos y sus respectivas comidas.
Había silencio. Silencio incómodo.
—¿Qué piensas? —le preguntó Oliver.
—Nada.
—Mentira. Siempre estás pensando. Dime qué piensas.
—Nada, es solo que... veo una semana atrás y te odio como nunca. No sé por qué estoy aquí contigo a punto de ver una película romántica y cenando juntos.
—Las vueltas de la vida —murmura con sarcasmo.
—Si, todo por ir a ese bar la noche de mi cumpleaños.
—¿Era tu cumpleaños?
Aileen asintió, recordando esa noche. Ese bar.
—¿Por qué tienes ese lugar alejado de la ciudad?
—Por privacidad.
—Ya entiendo.
—¿Y por qué quisiste festejar tu cumpleaños en mi bar?
—No lo sé, mis amigas me llevaron ahí. Si hubiera sabido que era tuyo no iría. —medio mintió porque sabía más o menos de quien era ese lugar. Pero no quiso hacer más larga la cosa. Afuera hacia buen clima, habían estrellas en el cielo y también luna llena. No había tanto ruido de autos, estaba más calmado ese día. Le gustaba los días así. —Quisiera vivir en un pueblito —sonrió.
Oliver frunció el ceño.
—¿Por qué?
Negó.
—No se. Un pueblo donde haya bosques, ríos, lagos, cascadas. Que el pueblo sea más o menos grande pero que sea sano, haya de todo. Como este centro comercial, tiendas, lugares turísticos. No sé, qué haya de todo en un solo lugar pequeño. Creo que sería bonito. No estarías rodeado de edificios, de paparazzis, de gente... mala. No digo que en el pueblo no haya gente mala pero aquí en las grandes ciudades es todo más complicado. Las personas son más prejuiciosas.
—Suena bien. Creo que sería un buen lugar para tomar un descanso. ¿Tienes un pueblo en mente?
Aileen pensó per no logró dar con algún pueblo que sea así.
—No. —en eso la mesera llegó con sus platos de comida. Ambos estaban hambrientos. Había sido un día muy pesado. —Solo en mi imaginación —continuó, comiendo sin ninguna vergüenza.
—Quizás haya uno solo que aún no lo encuentras.
—Tal vez.
La cena fue muy ligera, entre pláticas y sueños habían terminado de comer. Eran casi las ocho así que ambos se levantaron y caminaron hasta la sala de cine. No sin antes haber comprado palomitas de maíz, hotdogs y papas fritas. Claro, con una Coca Cola grande.
—Pero sabes que sería bueno también —le dijo mientras buscaban sus lugares—Que hubiera un centro comercial frente al mar. ¿Te imaginas? Sería súper increíble estar sentado comiendo algo y viendo el mar.
—Sueñas mucho.
—Así soy yo. Una soñadora compulsiva.
Se sentaron a esperar la película. Oliver admitió que nunca había conocido a alguien como Aileen en la vida. Es decir, todas las mujeres que había conocido hablaban de su cabello, de sus casas de lujos, de ropa cara y ese tipo de cosas superficiales. Pero Aileen no, ella solo hablaba de sus sueños, de las cosas que quisiera —imposibles algunas— pero las hablaba con la ilusión de que fueran reales. Oliver la estaba empezando a ver con admiración porque también había sido lindo que sus sueños fueran realidad. Tenía una gran imaginación. Le gustaba.
—¿Has pensando en ser escritora? Todas esas ideas que tienes deberías de escribirlas en un papel —le dijo. Aileen se lo pensó, nunca se le había pasado por la cabeza. Leía libros pero no se atrevía a escribir porque siempre pensó que sus ideas eran locas y que nadie las tomaría en serio. Oliver pareció interesado.
—No. No lo había pensando.
—Pues deberías.
Aileen sonrió. Cuando empezó la película Aileen no dejaba de imaginarse siendo la protagonista y viviendo una de las historias más románticas que pudiera existido. Eso si, con final feliz. Estaba muy sensible desde ayer, entonces Aileen empezó a sentir frío por el aire acondicionado, su vientre le empezó a doler más de lo normal. Se sintió extraña.
—¿Estas bien? —le susurró Oliver en su oído.
—Me duele en vientre es todo.
—Vamos por una pastilla —hizo el amago de levantarse pero Aileen lo detuvo.
—Ya casi termina la peli —le susurró, haciendo silencio. Oliver se preocupó un poco sobre ese dolor, estaba ansiosos por que la película terminara para buscarle alguna pastilla en la farmacia. Cuando la película al fin terminó Aileen estaba llorando.
—¿Por qué lloras?
—Por la peli.
Oliver pensó que era por algo más grave y que le haya dicho eso lo desconcertó un poco. Aileen era un poco dramática.
—Vamos por la pastilla —la guió a la salida.
—Primero quiero ir al baño —le dijo.
—Está bien —fueron en busca del baño—Aquí te espero.
Aileen entró al baño y se bajó su pantalón con las bragas. Para su sorpresa había sangre en la braga. Tomó su celular y llamó a Oliver.
—¿Si?
—Oliver, me vino la regla. Necesito toallas.
—¿Qué? ¿Justo ahora? ¿Como que toallas?
—Pues claro. Toallas sanitarias. Ve a comprar una bolsita a la farmacia. Las que yo uso son con alas de manzanilla, ¿okay?
—Esta bien —Oliver estaba nervioso. Aileen cortó la llamada. Oliver fue hacia la farmacia que estaba en el segundo piso. —Hola, dame toallas sanitarias con alas de manzanilla por favor.
La chica de la farmacia se había quedado embobada con Oliver. Le sonreía coqueta siempre. Oliver estaba acostumbrado a ese tipo de tratos por eso no le puso ni mente.
—Aquí tienes, guapo.
—Gracias —Oliver pagó, no sin antes leer en la factura lo que la chica le había escrito.
Me das tu número?
Oliver miró a la chica con curiosidad y está le devolvió una mirada coqueta. Oliver tomó el lápiz y escribió una respuesta para después darle el papel y salir de ahí. La nota decía:
Tengo novia.
La chica de la farmacia quedó avergonzada. Oliver volvió de nuevo al baño de chicas, entrando como si nada.
—¿Aileen?
—¿Por qué tardaste?
—Estaba en el segundo piso.
Aileen sacó la mano del baño y tomó las toallitas.
—De seguro te quedaste coqueteando con la chica de la farmacia.
Oliver rió.
—Eres increíble.
También rió porque había acertado. Pero era la chica quien estuvo coqueteando con el.
—Mucho cuidadito, Oliver Price.
Aileen salió del baño a lavarse las manos.
—Le dejé muy en claro que tengo novia.
—Ujum.
—¿Nos vamos?
—Si.
Salieron del baño buscando el ascensor.
—¿A mi casa o a la tuya?
—A la mia.
—¿Cuando irás a la mía?
—Cuando esté lista —le dejó muy en claro. Oliver no siguió insistiendo. La verdad es que le hacía un poco de ilusión que Aileen estuviera viviendo con el ya. Se montaron al coche, emprendiendo viaje hacia la casa de Aileen. —Muero de sueño —admitió, estando frente a su casa—Gracias por esto, Oliver, la pasé muy bien.
—Aunque no lo creas también la pase bien.
—Nos vemos —Aileen bajó del coche. Oliver la observó sacar las llaves de su casa y entrar. Las luces estaban encendidas, se quedó un buen rato frente a su casa. En el segundo piso se encontraba la habitación de Aileen. Aun no entendía por qué seguía ahí como idiota. Quizás porque en el fondo quería estar con ella más tiempo. La ansiedad empezó a abrirse pasó por todo su sistema nervioso, debatiéndose en que hacer. Las luces de la parte baja se apagaron, quizás la madre ya se había dormido, pero descartó esa opción cuando vio salir a la madre de Aileen de su casa, iba vestida como para una fiesta, otro coche se estacionó adelante y ella se fue en el. Aileen había quedado sola. Oliver pensó y pensó en que hacer. No podía dejarla sola a estas alturas de la noche, era peligroso. ¿Y si un ladrón entraba? Oliver salió de su coche decidido a darle una sorpresa. La luz ya se había apagado en su cuarto también. Subió por un árbol hasta llegar a su ventana, de suerte estaba abierta. Sin hacer ruido entró perfectamente a su habitación. Estaba iluminada nada más por la luna llena. Aileen estaba acostada en su cama con los ojos cerrados, tranquila, tratando de dormir. Oliver se quitó los zapatos y la camisa silenciosamente. Se acostó a su lado, haciendo que Aileen abriera sus ojos y se asustara.
—Shhh tranquila soy yo.
—¿Oliver? ¿Que haces aquí? Mi mamá...
—Tu mamá acaba de salir, yo la vi.
—¿Pero como entraste? ¿Qué haces aquí?
—Entré por la ventana. Y solo quería estar contigo esta noche. No quería que estuvieras sola.
Aileen se quedó en silencio. Tenerlo ahí le resultaba tentador, y más cuando solo llevaba una camisa de tirantes y su braga. Oliver se dio cuenta en ese momento así que tragó grueso.
—Está bien —susurró Aileen un poco nerviosa.
Oliver se acostó muy cerca de ella, tanto que su respiración le pegaba en los labios.
—Duerme.
—Eso haré.
Pero ninguno de los dos tenía ganas de dormir.
