Falso compromiso

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Capítulo 7 Buscarte

A la mañana siguiente cuando Aileen despertó se sintió un poco vacía por lo que Oliver no estaba en su habitación. Salió de la cama con la intención de irse para su casa, pero en las escaleras se lo encontró hablando por celular.

—Anna, ya te dije que esta noche no puedo, será hasta mañana. Si, como quieras. —colgó la llamada.

—Se supone que habíamos quedado en que no miraríamos a nadie más mientras estuviéramos juntos —le dijo en tono de reproche mientras se cruzaba de brazos. Oliver la vio y se arrepintió de haber aceptado esa llamada. Era cierto y el mismo estaba incumpliendo su propio contrato.

—No es lo que piensas.

—¿Ah no? ¿Y que es lo que pienso según tu? No quiero quedar como la cornuda si te llegan a ver porque según tu eres una persona muy reconocida. Si esto seguirá así no quiero ser parte. —Aileen quiso bajar las escaleras rápidamente para buscar su casa pero la mano de Oliver la detuvo. Su agarre era fuerte. —Suéltame —zanjó. Se sentía enojada pero más que todo traicionada. ¿Qué se puede esperar de un hombre que no cumple sus propios acuerdos? Nada.

—Anna quiere hablar de negocios, es todo.

Aileen se rió sarcásticamente.

—¿Sabes que no tolero de los hombres? Que sean tan fáciles y débiles de la mente, especialmente débiles del cuerpo —le dio una mirada de arriba hacia abajo.

—A ver, Aileen, lo nuestro es un acuerdo nada más que no se te olvide —Oliver la zarandeó un poco porque lo había hecho cabrearse—Yo puedo ver a quien yo quiera, que te quede claro.

Aileen no podía creer lo que estaba escuchado y menos la forma en que Oliver le habló. Sonrió como la rabia recorría su cuerpo, se había quitado del hechizo Price y ahora volvía a ver a Oliver como lo que era, a como lo veía antes: un ser despreciable. Aileen elevó su mano y le estampó una cachetada fuerte en la mejilla. Hecho eso se fue, buscando la salida. Ya iban dos días en que hacía lo mismo, entraba a esa casa y salía súper enfadada.

Ni creas que vendré a vivir contigo, Oliver, pensó para si misma. El enojo que tenía la hacía no querer ver a Oliver nunca más en su vida. Pero como ahora ya todos sabían que estaba comprometidos y que estaban por casarse sería muy vergonzoso anunciar que no se casarían. Además tenían un contrato. Se arrepintió en ese momento de haberle hecho caso a Oliver, al final de todo la estaba usando. Le hizo parada a un taxi y se montó. Solo quería llegar a casa de inmediato.

—¿Aileen? —preguntó su madre en cuanto llegó a casa. La señora estaba en la cocina desayunando. Se había sorprendido de no ver a su hija la noche anterior cuando llegó.

—Me iré a bañar —le dijo ella, subiendo las escaleras. Se quitó toda la ropa y se metió a bañar. No quería saber de Oliver Price en un buen tiempo. Salió del baño, eligiendo alguna ropa para ir a trabajar. Si Oliver no cumplía sus acuerdos, ¿por qué ella los tenía que cumplir? Estará loco. Se puso un mom Jeans y una camisa de tirantes corta. Zapatos converse altos, amarró el pelo en una coleta alta y se echó algo de maquillaje. Su teléfono sonaba con nuevos mensajes de sus amigas pero ahorita no tenía ánimos de contestar.

Aileen bajó, saliendo de casa de manera inmediata antes de que su madre la interrogara. De suerte el restaurante no estaba lejos y pudo llegar caminando en unos minutos. Solo esperaba que el dueño la aceptara. En cuanto llegó miró a Zac limpiando las mesas.

—¿Zac? 

—¿Aileen? Pensé que no volverías a venir por aquí —le dijo el chico que tal parecía que estaba molesto con ella. —Con eso de que renunciaste.

—Pues si. ¿Maroon esta?

—De suerte no, Aileen. Hace unos días se fue de viaje. No le dije sobre tu renuncia.

Aileen respiró aliviada.

—Zac, eso es bueno porque necesito volver.

El chico rubio la miró detenidamente, pensando en que hace unas horas había recibido la noticia de que la chica que le gustaba desde hace años se casaría con un millonario. Se sentía tan poca cosa, un empleado de Macdonald's no hacía competencia con un billonario como Oliver Price. Sin embargo la chica que le gustaba, Aileen, había vuelto.

—¿Por qué quieres trabajar aquí si no lo necesitas?

—¿Por que crees que no lo necesito?

—Supe que te casarías —murmuró, sin dejar de limpiar las mesas.

Aileen suspiró profundo.

—¿Y eso que? El dinero es de él no mío. ¿Vas a dejar que vuelva o no? —se cruzó de brazos de manera desesperada—Sino iré a buscar por otro lado —hizo el amago de irse pero Zac pudo reaccionar.

—¡No! Espera, está bien. Puedes volver.

—Gracias por no decirle nada a Maroon. Te debo una —Aileen lo abrazó, apreciaba mucho a Zac. Era un buen amigo, un poco tímido y callado pero bueno. —Iré a ponerme el uniforme.

Zac se quedó viéndola alejarse mientras suspiraba profundo por el abrazo que la chica de sus sueños le había dado. Aileen se puso la gorra, el auricular, el delantal y se sentó en su puesto a esperar clientes. En todo el día los clientes empezaron a llegar uno a uno. Era increíble lo que a la gente le gustaban las hamburguesas y papas fritas. De vez en cuando comía papas porque era ago que le encantaba. Hasta que se encontró con una desagradable sorpresa. A lo lejos miró a alguien tomándole fotos. Lo primero que se le vino a la mente fue la palabra "paparazzi" y también pensó en Oliver. Pero estaba bien porque le daría gusto que Oliver la viera en ese lugar.

Oliver estaba en la oficina, preguntándose qué estaría haciendo Aileen. Si querría verlo. Se había comportado como un idiota pero no podía permitir que una mujer lo controlara o dominara. El no era así. Estaba trabajando arduamente en un proyecto que sería el decisivo para que su padre estuviera aún más orgulloso de él. Tenía que ganarlo. Tomaba un poco de whisky mientras escribía en su laptop y hacía planos.

—Mira a quien tenemos por aquí —una voz familiar lo sacó de su trabajo. Miró al susodicho: Luka, su mejor amigo desde siempre.

—¿Luka? ¿Cuando volviste de Londres?

—Esta mañana y lo primero que quise hacer es saludar a un viejo amigo —Luka se acercó a Oliver y le dio un abrazo. —Además de que no me perdería por nada del mundo tu boda.

Oliver no dijo nada ante eso.

—¿Y donde esta tu futura mujer?

—En su casa seguramente —respondió. La secretaria de Oliver llegó con las revistas de deporte, arquitectura y demás a la sala.

—Con permiso, señor —dejó las revistas en la mesa de Oliver y se retiró.

—¿Seguramente? ¿No sabes en donde está tu prometida en estos momentos? —se burló, sentándose en la silla giratoria y tomando una de las revistas.

—Ella está en su casa, estudiando para la universidad—respondió más seguro. Se suponía que eso debería de estar haciendo en estos momentos.

—¿De casualidad tu novia se llama Aileen? —le preguntó su amigo. En la revista había una chica vestida de camarera en un Mac Donald's. Era Aileen, el periodistas le había sacado fotos trabajando y lo primero que hacen es publicarla. Oliver tomó la revista, contemplando a Aileen en ese lugar cuando se supone que no volvería. Se enojó, lanzando la revista al piso. —Oye, relájate, amigo.

—¡No puedo creer que haya hecho esto! —goleó la mesa.

—¿Qué tiene de malo?

—Nada. —se aflojó la corbata. Luka se levantó y tomó de nuevo la revista, buscando la nota en donde salía Aileen. —«La prometida del empresario Oliver Price se vio trabajando esta mañana arduamente en un Macdonalds, al parecer el sueldo que le da el señor Price no le alcanza. Pero eso no es todo, también se le vio muy abrazada a un chico, quien parece ser un compañero. ¿Qué opinan? ¿Creen que la cenicienta moderna esté engañando al magnate Oliver Price con un pueblerino?» —terminó de leer. En cuánto escuchó eso Oliver tomó de nuevo la revista y miró las todos. Estaba Aileen abrazada a Zac en el restaurante. Su sangre hirvió.

—Tengo que irme.

—No hagas nada estupido, Price —Oliver salió de la oficina echando humo. Se sentía traicionado. Se supone que tenía un trato con Aileen. En primer lugar que no volvería a ese lugar y en segundo lugar ninguno de los se dejaría en ridículo. Y eso es lo que había hecho Aileen. Lo había dejado en ridículo frente a todo el mundo, a parte se eso como un cornudo. Maldita sea, maldijo. Salió de la empresa, se montó a su coche y manejó como un loco en busca de esa chica que lo sacaba de sus casillas.

Aileen estaba sentada con Zac, mirando la revista y leyendo todo lo que habían puesto de ellos dos.

—Los chismes vuelan. —murmuró Zac sin podérselo creer. Pero también muy en el fondo sentía algo se felicidad. No era tan poca cosa después de todo.

—Pues cuando estás en el mundo de los famosos si. —añadió Aileen. Sabía que eso era muy malo. Una cosa era que saliera que trabajaba decentemente y otra muy distinta era que dijeran que le ponía el cuerno a Oliver. Su madre la había llamado pero no le contestó porque sabía que había visto la revista y ahora quería una explicación. Tuvo un poco de vergüenza, no por Oliver ni por quienes la conocían sino por el padre de Oliver. Respetaba a ese hombre y no quería que pensara cosas malas de ella.

—Deberíamos de regresar al trabajo —murmuró Aileen poniéndose de pie, pero en eso notó un coche venir a toda velocidad, estacionándose.

No puede ser, pensó. Era Oliver. Salió del coche y se adentró al local. Aileen lo miró con el ceño fruncido, le dio miedo verlo así. Oliver iba directo para donde Zac, cuando Aileen lo notó se apresuró a ponerse en medio para que no le hiciera nada.

—Aléjate de ella —le espetó al pobre chico.

—¿Qué te pasa? —cuestionó el—Somos amigos.

—Eso no es lo que piensa todo el mundo —espetó el.

—Oliver, cálmate —Aileen intentó llevarlo afuera—Vamos a hablar a otro lado.

—Ya estás advertido—Oliver amenazó a Zac para después dejarse llevar hacia afuera por Aileen.

—Ya cálmate —espetó ella—¿Quien te crees que eres para venir así?

—¿Quien? Soy tu prometido, Aileen, a quien estas dejando como idiota.

—Tu empezaste esto.

—¿Por qué? ¿Por la conversación que tuve con Anna esta mañana? Por Dios, Aileen. La familia de Anna es socia de mi empresa así que por ende tengo que hablar con ella. Y no lo haríamos solos ni en otro lado, sería en la oficina con otros socios presentes. Si quieres puedes estar allí. No puedo creer que hayas hecho esto.

—Yo no lo hice. Yo solo quise venir a trabajar porque estaba muy enojada por tu actitud esta mañana.

—Ahora todos creen que me engañas.

—¿Por qué te importa lo que otros piensen?

—Se supone que para eso es esta farsa: para aparentar.

Aileen se desilusionó un poco pero supo ocultarlo.

—Ya lo sé. Perdón. Lo arreglaré.

—¿Como?

—Ya verás.

Aileen notó que aún estaba el paparazzi por ahí documentando todo lo que pasaba en ese lugar. Fue a llamar a Zac para que estuvieran los tres afuera. El paparazzi se preguntó qué pasaba ahora cuando vio que los tres se dieron un abrazo grupal. No entendió nada. E igual tomó las fotos. Aileen se acercó al paparazzi y cuando esté se dio cuenta quiso escapar pero Oliver no lo dejó. Lo tomó de la camisa.

—Asi que tu eres quien está dando notas falsas.

—¿Yo? Yo solo comento lo que veo.

—Si, como por ejemplo que me viste con Zac dándonos un abrazo. Somos amigos.

Zac apareció detrás de ellos.

—Solo la estaba felicitando por su compromiso porque anoche no pude asistir a su fiesta —le dijo Zac—¿Es malo darle un abrazo a tu amiga acaso?

El paparazzi negó.

—Ahora abre tu libreta y vas a escribir exactamente lo que yo te diga—demandó Oliver. Y el paparazzi, como buen entendedor, eso hizo.

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