Falso compromiso

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Capítulo 3 Contrato

A la mañana siguiente sonó mi alarma. La noche anterior había recibido un email de Oliver pidiéndome que llegase a primera hora a su oficina. Yo no entendía cual era el afán. Me levanté con toda la pereza del mundo, dirigiéndome al baño. Al menos el agua fría me quitará el sueño. Me bañé un rato y después salí envuelta en una toalla. Le mandé mensajes a Zac, diciéndole que por favor avisara que llegaré más tarde al trabajo porque tenía cosas que hacer. Tenía dos mensajes más, uno de Trisha y otro de Vanesa.

Trisha: tenemos noche de bolos hoy.

Vanesa: noche de bolos a las 7:30. Pasaremos por ti :)

Solo les respondí algo rápido.

Aileen: perfecto 👌🏻

Me vestí con algo más o menos elegante. Un pantalón más o menos flojo, zapatos bajos y mi abrigo color beige. Dejé mi pelo suelto esta vez. Por la ventana noté que empezó a llover. No puede ser, me costará buscar un taxi en esta lluvia. Busqué el paraguas que tenía guardado por ahí, tomé mi bolso y bajé. Mamá no estaba en la cocina aún, seguía durmiendo porque hoy era su día libre. Necesitaré su coche. Le escribí una nota y la dejé en la nevera. Tomé las llaves del coche y salí rápidamente. Estando dentro arranqué. No conocía muy bien donde quedaba la empresa de Oliver, solo se que estaba más o menos alejada. Quizás media hora. Mal momento para llover. Busqué el mapa u me guié por eso, me faltaba poco ya. Estacioné el coche en el enorme parqueadero, salí con mi paraguas. En la entrada había un guarda de seguridad, agradecí que no me detuviera. Cerré el paraguas y me dirigí hacia una chica que estaba cerca del ascensor.

—¿Disculpa?

—¿Si?

—¿En que piso está la oficina de Oliver?

—¿Oliver Price? —frunció el ceño.

—Sí, de el —la miré mal. Odiaba que se pusieran en ese plan.

—¿Tienes cita?

—No tengo cita porque no la necesito.

—Sin cita no puedes pasar.

Me reí sin querer y me dirigí hacia otra persona mayor cerca del ascensor.

—Hola, disculpa. ¿Sabes en que piso está la oficina de Oliver Price?

—Hola, está en el piso siento nueve.

—Muchas gracias —me dirigí al ascensor y me adentré. La recepcionista me dio una mirada de odio y yo lo único que hice fue hacerle una señal de adiós con la mano.

No sé por qué las personas que trabajan en estos lugares se creen más que los otros. Busqué el correo de Oliver y le respondí.

De Aileen Warren:

Estoy llegando a tu oficina pero estoy un poco perdida.

A los segundos me respondió:

De Oliver Price:

Le diré a mi secretaria que te guíe.

Las puertas del elevador se abrieron, aquí era todo lujoso. Las personas vestían mucho mejor, me sentí mal vestida en ese momento. Quizás por eso se me quedaban viendo muy mal, como con malos ojos. Caminé con la cabeza en alto, estas personas no me harían sentir menos.

—¡Hola! —una chica se apareció en mi campo de visón. Era bajita, pelo negro y sonreía mucho. —¿Eres Aileen Warren?

—Depende de quien lo pregunte.

—Soy Linda, la secretaria del señor Price.

—Ah si. ¿Donde está?

—Ven conmigo. —me tomó del brazo y me encaminó por un pasillo más solitario.

—Me sorprendió que el señor Price atendiera a alguien que no tiene cita. Aquí es —nos detuvimos frente a una enorme puerta plateada.

—Gracias, Lana.

—Linda —me corrigió sonriendo.

Le sonreí también.

Tomé el pomo de la puerta, pasando sin esperar a que me invitaran. Cerré detrás de mi. La oficina era enorme, las paredes eran blancas, sentía el aire acondicionado demasiado alto. Eso no me gustó. Oliver estaba en su escritorio como todo un señor viendo unos papeles. Usaba una camiseta blanca, llevaba las mangas hasta los hombros. Su cabello era negro y esta vez estaba muy acomodado. Se miraba tan limpio, tan intimidante.

—Estoy aquí —le hice saber.

Elevó la vista.

—Hmm no escuché que tocaste la puerta.

—No lo hice —me senté frente a él. Había un ventanal de vidrio detrás de él. Se miraba la lluvia caer.

—Tengo los documentos listos —me entrego los papeles—Puedes firmar —me da un lápiz también. Tomé los papeles y fingí leerlos, como si fuera una experta en leer contratos. La verdad es que no entendía nada de lo que decía aquí, solo me fui a las cláusulas más importantes:

Aileen Warren volverá a la universidad de manera inmediata cuando este contrato esté firmado.

Me emocioné muy en el fondo.

—Perfecto —sentía la vista de Oliver puesta en mi. Tomé la pluma y firmé las hojas.

—Te pasaré una copia después —tomó el contrato y lo guardo bajo llave—Entonces ahora tendremos que organizar una cena para proponerte matrimonio.

—¿Así como así?

—Claro que si. De eso se trata todo esto, ¿no?

—A ver, Oliver, tú pones tus reglas pero también pondré las mías sino no hay trato.

—¿Qué reglas? —puso su mano en la barbilla, como si lo que dijera no lo tomara en serio.

—Para empezar mientras estés conmigo no podrás salir con otras chicas.

Se rió.

—¿Disculpa?

—Si, no puedo arriesgarme a que otras personas lo descubran y yo quede como la cornuda.

—Entonces tú tampoco podrás salir con otros chicos.

—No lo haré. Quedarás muy mal también. Imagínate: el magnate Oliver Price engañado por su prometida. Sería una vergüenza para ti.

Se quedó pensando.

—Si, tendré que añadir esas cláusulas al contrato.

—No es necesario. ¿Acaso no eres capaz de cumplir algo sin un contrato de por medio? Promételo.

Me miró.

—¿Qué?

—Así es. Confiaré en tus promesas.

Oliver se quedó medio desconcertado un momento.

—Lo prometo.

—Perfecto. Además de eso tienes que salir de vez en cuando a donde yo quiera no solo donde tú quieras.

—Aileen...

—Vamos, promételo.

—Está bien. Con tal de que no sea en horarios de trabajo está perfecto. ¿Estas segura de que leíste bien el contrato?

—Si, ¿por? —mentí.

—No te creo. —abrió el folder—Cláusula número dieciséis: Aileen Warren, que eres tu—me miró—tendrá que mudarse a la casa de Oliver Price —que soy yo— de manera inmediata una vez firmado el acuerdo.

—¿¡Qué?!

—Así como lo oyes. Mi prometida tiene que estar conmigo, ¿no?

—Se supone que era después de casados.

—Lo siento, esta escrito aquí.

—Entonces tendrás que ir esta tarde a pedirle mi mano a mi madre antes de pedírmela frente a todos.

—¿Es necesario?

—Claro. Llegarás con rosas rosas para mi madre y para mi y le dirás lo hermosa y feliz que te hago para que quede convencida. No quiero lidiar con sus preguntas, ¿quedó claro?

—Será fácil.

—Si tu lo dices.

—¿Hay otra cosa importante que no leíste verdad?

—¿Cual?

—Que no puedes seguir trabajando en ese lugar. No puedes avergonzarme de ninguna manera.

—¿¡Qué?! ¿Como se supone que me mantendré? ¿Por qué te avergonzaría?

—Una vez que te presente como mi prometida la prensa no dejará de buscarte y me imagino que no verán bien que la que será esposa de Oliver Price esté trabajando en un restaurante de comida rápida. Al menos por este año, Aileen. Tenemos que hacer las cosas bien, tenemos que convencer a mi padre y obtendremos lo que queremos.

Lo pensé un poco. Quizás tenía algo de razón.

—Por el dinero no te preocupes, te daré una mensualidad mientras...

—Ni hablar, Oliver, el dinero me lo gano.

—Aileen, dime cuando ganabas en ese lugar y te lo estaré dando.

—Ya dije que no, Oliver.

Suspiró profundo.

—Entonces te conseguiré un trabajo aquí cerca para que estés ganando, ¿te parece?

—Hmm tendría que buscar mi currículum para...

—Olvídate de eso. ¿Qué carrera estás estudiando?

—Psicología.

—Bien, puedes hacer tus prácticas aquí y ganarás por eso.

—Eso es otra cosa muy diferente, ¿lo ves?

—Esta bien. Empiezas mañana. —Oliver se puso de pie y tomó su saco. —Ahora iremos a buscar el anillo de compromiso.

—¿Ya?

—Claro.

Me puse de pie también, dirigiéndonos a la salida.

—Ven conmigo —Oliver abrió las puertas y caminamos por ese pasillo hasta llegar a los principales. Rodeó su mano a mi cintura, atrayéndome más a él y captando las miradas de todos los trabajadores del lugar. No puedo creer que esté haciendo esto. El toque de Oliver siempre provocada una especie de choque de electricidad. De alguna forma y aunque lo odie su toque en mi cintura me gustó. Nos adentramos al elevador y cuando las puertas se cerraron aún no quitó la mano.

—¿Por qué sigues con tu mano ahí?

—Los elevadores tienen cámaras y el de seguridad es algo chismoso.

—No te aproveches.

Se rió a lo bajo.

—Ya quisieras, Aileen, ya quisieras.

Las puertas se abrieron. Me dio gusto ver la cara de esa tipa cuando nos vio a Oliver y a mi juntos saliendo de la empresa. El chico de la puerta se apresuró a traer su coche hasta la entrada, para evitar que nos mojáramos. Oliver abrió la puerta del copiloto para mi. Me adentre rápidamente. Oliver se monto al asiento del conductor, arrancando.

—¿Como te gustan los anillos?

—¿Como crees que me gustan a mi? —lo miré—Sorpréndeme, Oliver Price.

—Estoy hablando en serio.

—¿Quien se encargará de la cena?

—Le diré a Marcia que haga una reservación en el mejor restaurante, también me tienes que dar la lista de tus invitados para que asistan. —me pasó su celular. ¿Tanta confianza me tenía que me dio su celular? —Escríbele a Marcia y dale los e-mails de tus invitados.

Para Marcia:

Quiero una reservación para el mejor restaurante de la ciudad, diles que celebraré algo muy importante y que arreglen todo. Que hayan flores y muchos colores. Quiero música ambiente, también comida buena, no aburrida, Marcia, comida de verdad. Te enviaré la lista de invitados. Después te mando las demás.

Y le mandé todos los correos electrónicos de mis amigos y mamá. En realidad no eran muchos. Oliver se estacionó en un local muy lujosos. Salimos, me tomó de la mano y así entramos. Me sentía tan rara, pero teníamos que aparentar sino esto no funcionaría. Y a mi me convenía que funcione.

—Buenos días —saludó Oliver.

—Buenos días, señor Price, es un gusto tenerlo de nuevo por aquí. ¿En que le podemos ayudar el día de hoy?

Parece que Oliver frecuenta mucho este lugar. Yo solo podía ver joyas y diamantes aquí. Este local vale más que toda mi vida.

—Muéstrame los mejores anillos de compromiso que tengas.

—En seguida, señor.

La señora abrió la vitrina y sacó cajas de anillos. Oliver los miró todos y me daba vistas rápidas a mi. ¿Que tanto pensará? Solo espero que no salga con un anillo enorme, a mi me gusta lo sencillo pero que se vea que es valioso.

—Listo, quiero este.

Cuando me volteé a ver la señora se había ido con el anillo y no pude verlo.

—¿Cual elegiste?

—Lo verás en la noche.

—Aquí tiene, señor —le dio la cajita con el anillo.

—Muchas gracias.

—¿A dónde vamos ahora?

—A comprarte un vestido para esta noche. Tienes que estar preciosa para que todos se crean que serás mi mujer.

Tragué grueso cuando dijo "mi mujer" se escuchó tan posesivo en ese momento.

Es falso, me repetí a mi misma, es un falso compromiso, no te hagas ilusiones.

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