Capítulo 8 Emocional
Después de salir de la oficina del director, Damián y yo caminamos por el campus en silencio, aún procesando lo que acababa de ocurrir. Finalmente, Damián rompió el silencio.
—Catalina, necesitamos hablar sobre nuestro futuro. Quiero llevarte a un lugar especial.
Yo solo asentí, sintiéndome intrigada por lo que Damián tenía en mente. Juntos nos dirigieron a su coche y emprendimos el camino hacia la nueva casa de Damián, un lugar tranquilo en las afueras de la ciudad.
—Catalina, esta casa... es un lugar que tengo pensado compartir contigo. Quiero que sea nuestro hogar si decidimos casarnos y formar una familia.
Lo miré sorprendida por la declaración de Damián.
—Damián, esto es inesperado. ¿Por qué estás hablando de casarnos y formar una familia ahora?
Damián aparcó el coche frente a la casa y se volvió hacia mi.
—Quiero que sepas que mi tiempo lejos de ti me hizo reflexionar sobre muchas cosas. Incluso sobre mi relación contigo. Pero hay algo que debes saber, Catalina. El motivo por el que Michael se hizo pasar por mí y fue a la cárcel fue para protegerte. Él sabía que estabas en peligro, y no quería que nada malo te pasara. Además quiere que yo sea feliz contigo, me dijo que aca no tiene nada y que yo puedo formar una familia contigo, te amo, Catalina. No puedo vivir sin ti.
Yo fruncí el ceño, confundida.
—¿Protegerme? ¿De qué? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
Damián suspiró, consciente de que había mucho que explicar.
—Michael creía que alguien quería lastimarte debido a nuestras conexiones. No podía arriesgarte, y eso incluía no contarte la verdad. Fue una decisión difícil y egoísta de su parte, pero lo hizo pensando en tu seguridad.
La conversación continuó durante horas, con Damián explicando en detalle la complicada situación que los había rodeado. Yo estaba llena de preguntas y emociones encontradas, pero al menos ahora tenía algunas respuestas. La casa de Damián se convirtió en un lugar donde podían conversar abierta y sinceramente sobre nuestro futuro y cómo enfrentarían los desafíos que se les presentaban.
Damián abrió la puerta de la casa y entré entró con curiosidad. La casa era amplia y hermosa, con grandes ventanales que permitían la entrada de luz natural. Damián me mostró cada rincón, desde la sala de estar hasta la cocina y las habitaciones.
—Esta sería tu casa, Catalina. Puedes hacer de ella lo que quieras.
Yo me sentía abrumada, pero emocionada por la idea de compartir mi vida con el en ese lugar. Luego, Damián la llevó al patio trasero, donde una piscina relucía bajo el sol.
—Y aquí está la piscina. Mi lugar favorito para relajarme.
Sonreí mientras miraba el agua azul brillante.
—Parece un lugar perfecto para pasar el tiempo juntos.
Después de un recorrido por la casa y un rato en la piscina, nos sentamos en el borde, con los pies en el agua.
—Catalina, quiero que sepas que, a pesar de todo lo que ha pasado, siempre he tenido un plan para nuestro futuro. Quiero viajar contigo, explorar el mundo, y vivir una vida llena de aventuras.
—Eso suena maravilloso, Damián. Y yo también tengo sueños y metas que quiero alcanzar contigo a mi lado. Pero no es fácil.
La conversación se tornó más profunda mientras Damián compartía sus planes y aspiraciones conmigo. Nos dimos cuenta de que, a pesar de los obstáculos, estábamos dispuestos a construir un futuro juntos. El sol se ocultó en el horizonte, pero su conexión parecía más brillante que nunca.
Damián y yo nos miramos profundamente mientras estaban sentados en el borde de la piscina, su rostros a centímetros de distancia. La tensión entre nosotros era palpable. Sin decir una palabra, nos inclinamos hacia adelante y nuestros labios se encontraron en un apasionado beso.
El agua de la piscina reflejaba la luna y las estrellas mientras nosotros nos besábamos, nuestros corazones latiendo al unísono. La pasión crecía con cada momento que compartíamos juntos.
Sentí que volví a vivir ahora que lo besé, lo necesitaba tanto. Ambos nos metimos al agua, estaba tibia. Damián me quitó la ropa al igual que el se quitó la suya, estábamos desnudos ahora. Damián me acarició la espalda, luego mis glúteos y llegó hasta mis piernas, me elevó una lo suficiente para meter su miembro dentro de mi. Allí mismo en la piscina hicimos el amor como nunca, con pasión, con deseo, con algo de perversion. Solo Damián me hacía sentir así.
Cuando terminamos ambos quedamos exhaustos.
—No sabes cuanta falta me hizo esto —jadeó Damián. —Te amo, eres hermosa.
Le sonreí.
—También me hacía falta. Pero es tarde y me tengo que ir, mi hermana debe de estar preocupada.
—Quédate esta noche conmigo por favor —me hizo puchero. —Hacemos la cena, vemos alguna película y no prometo que duermas en toda la noche. —sugirió. Su propuesta me parecía tentadora. —Por favor, no quiero volver a separarme de ti en ningún momento.
Sus ojos me convencieron.
—Está bien, pero debo llamar a mi hermana —le dije, saliendo de la piscina y envolviendo la toalla a mi cuerpo.
—Está bien.
Tomé el celular y marqué el número de mi hermana, Mientras esperaba a que respondiera, Damián se mantenía cerca, preocupado por la conversación que se avecinaba. Paula finalmente contestó el teléfono.
—Hola, Catalina. ¿se puede saber dónde demonios estás?
—Hola, Paula. Estoy bien. Oye, quería decirte que pienso quedarme esta noche en casa de Damián. Haremos cena y veremos una película. No quiero separarme de él en este momento. Y no quiero reproches tampoco.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea antes de que Paula respondiera.
—Catalina, ¿estás segura de que es una buena idea después de lo que pasó hoy en la universidad? No me tienes contenta, tenemos mucho que hablar, te necesito aquí y ahora.
—Paula, no eres mi madre y yo soy mayor de edad. Sé que cometí un error, pero estoy tratando de enmendarlo. Por favor, Paula, solo esta noche.
—Está bien, pero prométeme que hablarás con Max y resolverán las cosas. La casa no es la misma sin él.
—¿Por qué lo dices?
—Max planea mudarse, dice que no tiene sentido seguir aquí. Y lo entiendo.
—No puede irse —susurré—Lo prometo. Hablaré con Max. Gracias, Paula.
Colgué el teléfono y me volví hacia Damián.
—¿Qué ha dicho?
—-Aceptó, pero me pidió que hable con Max y resolvamos las cosas. Y tienes razón, Damián, la casa no es la misma sin él. Max quiere irse, supongo volver a Hawaii.
—Por mi está perfecto.
—Por mi no. Llévame a casa —dicho eso empecé a vestirme.
—¿Que? ¿Por qué? —quiso saber Damián con tono agresivo—Solo porque el imbecil de Max se va, ya era hora. No tienes por qué ir con el, Catalina.
Me vestí rápidamente y miré a Damián.
—Max ha estado conmigo desde que todo esto empezó y le debo una explicación. Sabes que está enamorado de mi y ahora que tú y yo hemos vuelto es obvio que quiera irse. No quiero que se vaya.
—¿Por qué no? —Damián me tomó del brazo de manera brusca, es obvio que está más que celoso: enojado. —¿Acaso te gusta?
Rodé los ojos.
¿Acaso en el fondo me gustaba Max? No lo sabía. Solo se que lo quiero tener cerca.
—No, Damián. Max es casi mi mejor amigo y merece una explicación de mi parte.
La mirada de Damián se volvió aún más amenazante, y sus palabras resonaron con ira.
—Catalina, estás actuando de manera egoísta. ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? ¿Prefieres a Max sobre mí?
Traté de liberar su brazo de la presión de Damián.
—No se trata de preferir a nadie sobre nadie, Damián. Max es importante para mí y merece saber lo que está sucediendo. Además, nuestras decisiones no deberían ser una competencia.
Sin embargo, Damián no cedía. Estaba decidido a mantenerme a su lado.
—Si te vas en este momento, olvídate de nuestra relación, Catalina. Te lo advierto.
Con el corazón agitado y las lágrimas en los ojos, rompí el agarre de Damián y corrí hacia el auto, no puedo creer que Damián me haya amenazado con eso. Algo me dice que no conozco del todo a Damián Morrison, un momento esta feliz y es el mejor hombre del mundo y al otro pareciera el diablo. Llegué a casa en busca de Max. Al llegar, lo encontré empacando sus cosas nuevamente.
—Max, ¿qué estás haciendo? —le pregunté con voz temblorosa.
Max se volvió hacia mi con los ojos llenos de tristeza. Me parte verlo así y todo es por mi culpa.
—Catalina, no soporto verte con Damián. Me enamoré de ti y no puedo seguir viendo cómo estás con él. Me duele demasiado.
A mi también me duele, Max.
Yo me sentía atrapada en medio de una tormenta emocional. Max me miraba con anhelo, y sentía que su corazón latía con fuerza. Por otro lado, Damián me había hecho sentir culpable y confundida. Las lágrimas llenaron mis ojos mientras enfrentaba la encrucijada de elegir entre dos amores.
—Max, necesito tiempo para pensar en todo esto. No puedo tomar una decisión en este momento.
El drama y la tensión se cernían sobre mi, mientras me debatía entre dos emociones encontradas.
Mi corazón latía con fuerza mientras miraba a Max, sus ojos reflejaban una mezcla de dolor y anhelo. Sabía que tenía que hacer algo, no podía dejar que se fuera, pero también me sentía atrapada entre los dos hombres que amaba.
—Max, por favor, no te vayas. Podemos arreglar esto. Eres mi mejor amigo, y no quiero perderte. Te necesito en mi vida —murmuré con desesperación.
Max miró fijamente mis ojos durante un momento, como si estuviera buscando una señal.
—¡Te amo, Catalina! No puedo vivir sin ti.
Luego, con un grito lleno de frustración, me tomó del rostro y me besó apasionadamente. La sorpresa inicial dio paso a una mezcla de emociones. Sabía que no debía ceder, pero su beso era tan intenso y apasionado que me sumergí en él.
El beso con Max era como una explosión de emociones reprimidas que habían estado bullendo durante mucho tiempo. Mis brazos se aferraron a él instintivamente, y nuestras bocas se movían en un baile de deseo y confusión.
Max se separó de mí, sus ojos aún ardientes, y me miró con intensidad.
—Catalina, no puedo ser solo tu amigo. Te amo. No soporto verte con Damián, y necesito que lo entiendas.
Las lágrimas llenaron mis ojos mientras absorbía sus palabras. Estaba atrapada en un torbellino de emociones, sintiendo que mi mundo se desmoronaba y se volvía a construir en cuestión de segundos.
—Max, yo... no sé qué hacer. Esto es tan complicado.
Max me miró con tristeza, y su voz tembló.
—Entiendo que sea complicado, pero no puedo ocultar lo que siento. Tienes que tomar una decisión, Catalina.
La tensión entre nosotros era palpable mientras enfrentábamos una elección que cambiaría nuestras vidas para siempre.
Las palabras de Max resonaban en mis oídos, y sentía que el tiempo se detenía a nuestro alrededor. Sabía que no podía aplazar más esta decisión. Pero antes de responder, necesitaba aclarar una cosa.
—Max, necesito tiempo para pensar en todo esto, para entender mis propios sentimientos. Pero quiero que sepas que lo que compartimos es especial, y no quiero perderte.
Max asintió, con la mirada llena de comprensión.
—Tomate el tiempo que necesites, Catalina. No quiero presionarte, pero tampoco puedo seguir esperando indefinidamente.
Con un último y apasionado beso, nos separamos por el momento, con el peso de una encrucijada emocional aún sin resolver. Sabía que debía enfrentar mis sentimientos y tomar una decisión que definiría mi futuro y el de las personas que amaba. El drama y la incertidumbre continuaban en mi vida, y solo el tiempo podría revelar el camino que debía seguir.
Después de ese intenso momento con Max, no quedaba más opción que darle el espacio que necesitaba para procesar todo lo que estaba sucediendo. Max tomó su bolso y se dirigió hacia la puerta, mirándome con ojos llenos de tristeza.
—Necesito alejarme por un tiempo, Catalina. Tengo un hotel reservado. Háblame cuando estés lista.
Catalina asintió con pesar, incapaz de encontrar las palabras adecuadas en ese momento. Max se fue, dejándola con un torbellino de emociones y preguntas sin respuesta.
Paula, que había estado observando la escena en silencio, finalmente rompió el silencio.
—Catalina, necesitamos hablar de todo esto. Es hora de aclarar tus sentimientos y decidir qué es lo que realmente quieres.
Catalina se hundió en un sofá, con el corazón encogido.
—Tienes razón, Paula. Esto se ha vuelto un enredo emocional, y no sé cómo desenredarlo.
Ambas nos sumergimos en una conversación profunda y sincera, enfrentando juntas la compleja situación que se había desarrollado entre Max y Damián y yo. El drama y la incertidumbre seguían siendo el telón de fondo de nuestras vidas, y ahora debía tomar decisiones que tendrían un impacto duradero.
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