Capítulo 5 Heridas
Mientras Paula y yo seguíamos discutiendo los pasos a seguir, un enfermero se acercó y me indicó que necesitaban examinar mi brazo. Lo había olvidado por completo en medio de toda la confusión. Me llevaron a una sala de examen donde un médico revisó mi brazo y confirmó que estaba fracturado.
—Lamentablemente, necesitarás un yeso para que tu brazo sane correctamente —dijo el médico mientras preparaba los materiales.
Mientras me colocaban el yeso, me sentí vulnerable y débil, pero tenía que ser fuerte por Max y para lo que vendría después. Después de que terminaron, volví a la sala de espera donde Paula me esperaba.
Justo en ese momento, dos oficiales de policía entraron al hospital y se acercaron a nosotras. Uno de ellos habló: —¿Eres Catalina Stee?
Asentí nerviosa. —Sí, soy Catalina. ¿En qué puedo ayudarlos?
—Hemos recibido una llamada informando sobre un incidente en tu residencia. ¿Puedes explicarnos lo que ocurrió?
Paula me miró, preocupada, y luego me apoyó al hablar. —Oficiales, hubo una pelea en nuestra casa. Alguien intentó entrar, y Max intentó detenerlo, lo que resultó en una pelea violenta.
Los policías intercambiaron miradas y tomaron notas. —¿Y quién fue el agresor?
Mi mente se debatió entre decir la verdad o mantener a Damián a salvo. Finalmente, me decidí. —Fue un ladrón que logró escapar antes de que llegaran. Max y ese hombre pelearon muy fuerte y todo resultó en un desastre.
Los oficiales asintieron, pero sus expresiones mostraban escepticismo. —Entendido. ¿Pueden proporcionarnos una descripción del desconocido?
Paula y yo inventamos una descripción vaga del supuesto ladrón. Sabía que estábamos tejiendo una red de mentiras, y me sentí atrapada en ella.
Los policías se despidieron y prometieron investigar el incidente. Mientras se alejaban, Paula me miró con preocupación. —Catalina, esto se está volviendo cada vez más complicado. No podemos seguir ocultando la verdad de esta manera.
Sabía que tenía razón, pero tenía miedo de las consecuencias de revelar la verdad. Mi vida se había convertido en un laberinto de secretos y mentiras, y no sabía si podría encontrar una salida.
—¿Por qué me ayudas? Es obvio que sabes que fue Damián.
—No soy tonta, hermana, te conozco como si yo te hubiera parido.
Paula me miró con ojos llenos de comprensión. —Catalina, no soy tonta. Te conozco tan bien que puedo ver a través de tus mentiras. Es obvio que sabes que fue Damián quien lastimó a Max.
Suspiré, derrotada. Sabía que no podía ocultar más la verdad de mi hermana. —Tienes razón, Paula. Fue Damián quien hirió a Max durante esa pelea. No quería que la policía lo arrestara, y estaba tratando de protegerlo.
Paula asintió con firmeza. —Entiendo que lo hagas por amor, pero Catalina, esto no está bien. Max resultó gravemente herido, y Damián debe enfrentar las consecuencias de sus acciones. No podemos permitir que esto siga así.
Me sentí atrapada entre mi amor por Damián y la responsabilidad hacia Max. —Tienes razón, Paula. Después de que Max se recupere, hablaré con él y le contaré hablare claro. No puedo seguir escondiendo lo que pasó.
Paula asintió, aliviada por mi decisión. —Eso es lo correcto, hermana. Te apoyaré en todo lo que necesites. Max merece justicia. Y tú mereces un buen hombre que te cuide y no te lastime. —señaló mi brazo. —Iré a hablar con el médico.
Mientras esperaba noticias sobre la condición de Max y cómo procederíamos, me di cuenta de que enfrentar la verdad y las consecuencias de mis acciones era la única opción. La telaraña de mentiras en la que me había enredado estaba llegando a su fin, y era hora de tomar medidas para enmendar lo que había hecho.
Mientras esperábamos en la sala del hospital, mi mente se llenó de pensamientos tumultuosos sobre lo que debía hacer a continuación. Estaba sumida en mis pensamientos cuando, de repente, noté a alguien parado cerca de la puerta. Era Damián. Tenía una expresión de preocupación en el rostro y se veía agitado.
—Catalina, necesitamos hablar —murmuró Damián en voz baja mientras se acercaba sigilosamente.
Miré a mi alrededor, asegurándome de que nadie nos estuviera observando, y luego le respondí con cautela. —Damián, ¿qué estás haciendo aquí? No deberías estar en el hospital.
—Necesitaba verte, hablar contigo. No puedo soportar la idea de que pienses mal de mí. —Damián parecía desesperado.
Lo miré con un nudo en el estómago. —Damián, lo que ocurrió en casa fue horrible. Max está gravemente herido debido a esa pelea, y tú fuiste quien empezó todo esto.
Damián frunció el ceño. —Catalina, no entiendes. Yo no quería lastimarte. Fue un error, y estoy arrepentido.
—Un error que podría haber matado a Max, Damián. Eso no es algo que pueda pasarse por alto. —Mis ojos se llenaron de lágrimas. —Max está luchando por su vida en esa habitación.
Damián intentó sujetar mi mano, pero la aparté con firmeza. —Necesito que me escuches, Catalina. No quiero perderte. No importa lo que haya sucedido, te amo, y no puedo soportar la idea de estar separado de ti.
Sus palabras me hicieron sentir una oleada de conflicto. A pesar de todo, todavía lo amaba. Pero no podía ignorar lo que había hecho y cómo había afectado a Max y a mí.
—Damián, necesito tiempo. Max está en el hospital por tu culpa, y tengo que estar con él en este momento. No puedo pensar en nuestra relación hasta que esté seguro de que Max se recuperará.
Damián frunció el ceño y su voz se tornó más insistente. —No puedo esperar, Catalina. No quiero que estemos separados. ¿No entiendes lo que siento por ti?
—Damián, por favor, respétame y respeta mi decisión. Ahora no puedo estar contigo. —Mis palabras temblaron, pero tenía que mantener mi determinación.
Damián parecía furioso, pero finalmente cedió y se alejó de la sala sin decir una palabra más. Sabía que esta conversación no resolvería nada, pero por ahora, necesitaba centrarme en Max y en hacer lo correcto.
•
Pasé toda la noche en el hospital hasta que amaneció, estaba casi dormida cuando mi hermana se acercó a mi y me trajo café.
—Gracias.
—Ya puedes estar en la habitación de Max, ven. —Paula me llevó con Damián, le habían limpiado la sangre y le habían puesto curitas en su cara. Me senté en la silla a su lado y lo miré con angustia. No me gustaba verlo así y todo por mi culpa.
—Estará bien, Max es fuerte y se recupera rápido.
—Lo se, es muy valiente.
—Si, se nota que te ama de verdad.
Miré a Paula mientras tomaba de mi café para despertarme del todo.
—Me contó sobre su propuesta hacia ti, de casarte con el. No me parece mala idea, tener a un hombre que te ama de verdad y que sabes que jamás te dañará.
Asentí entendiendo su punto de vista, pero mi corazón amaba a Damián.
Mientras estaba en la habitación con Max, preocupada y pensativa, finalmente, después de un tiempo, Max comenzó a despertar. Sus ojos se abrieron lentamente, y su mirada se posó en mí. Podía ver la confusión y el dolor en sus ojos.
—Catalina... —susurró con dificultad.
Me incliné hacia él con ternura, sosteniendo su mano con suavidad. —Max, estás despierto. ¿Cómo te sientes?
Max asintió débilmente y se esforzó por hablar. —Duele... mucho.
Me sentí aliviada de que estuviera despierto, pero a la vez devastada por su dolor. Le acaricié la frente con suavidad. —Sé que duele, Max, pero los médicos están haciendo todo lo posible para ayudarte.
Max forzó una sonrisa débil. —Catalina, lo siento. Esto... esto es culpa mía. No debí haberme metido en esa pelea.
Me sentí una oleada de tristeza y gratitud por su comprensión. —Max, no es tu culpa. No tenías por qué haberte enfrentado a Damián. Fue un acto valiente, y estoy agradecida de que intentaras protegerme.
Max luchó por hablar de nuevo. —Damián... ¿dónde está?
Había estado esperando este momento. Sabía que debía enfrentar la verdad. Respiré hondo antes de hablar. —Damián no está aquí, Max. Él... él no volverá a hacerte daño.
Max frunció el ceño, confundido. —¿Qué quieres decir?
—Damián te lastimó durante esa pelea, Max. Lo he estado protegiendo, pero no puedo seguir ocultando la verdad. —Las lágrimas llenaron mis ojos mientras hablaba.
Max parecía atónito, y su expresión se oscureció. —¿Por qué, Catalina? ¿Por qué lo has estado protegiendo?
Mi voz tembló mientras respondía. —Porque lo amo, Max, pero me di cuenta de que no puedo permitir que esto continúe. Debes saber que tomaré las medidas necesarias para que se haga justicia, pero primero necesito asegurarme de que te recuperes.
Max tomó mi mano débilmente. —Catalina, te amo. No quiero que te lastimen. Y no quiero que te pongas en peligro por mí.
—Max, también te quiero, y no te dejaré solo en esto. Juntos superaremos esto y nos aseguraremos de que Damián enfrente las consecuencias de sus acciones.
Mientras hablábamos, Max y yo compartimos un momento profundo de comprensión y amor. Había llegado el momento de enfrentar la verdad y buscar justicia, y estábamos dispuestos a hacerlo juntos.
•
Pasé todo el tiempo posible cuidando a Max en el hospital, asegurándome de que estuviera cómodo y tranquilo mientras se recuperaba. Hablamos de muchas cosas, reímos y lloramos juntos, y fortalecimos nuestra conexión.
Finalmente, llegó el día en que los médicos consideraron que Max estaba lo suficientemente recuperado como para ser dado de alta. Con precaución, lo ayudé a levantarse de la cama y lo acompañé mientras caminaba hacia la salida del hospital. Había sido un camino difícil, pero sabía que estábamos en el camino correcto.
Cuando llegamos a casa, me sentí aliviada al darme cuenta de que Damián no estaba allí. Durante un tiempo, me había sentido atrapada en una telaraña de mentiras y secretos para protegerlo, pero ahora, con Max a salvo y con la verdad fuera, me sentía como si un peso se hubiera levantado de mis hombros.
Max y yo comenzamos a reconstruir nuestras amistad de nuevo juntos, y aunque el camino por delante sería difícil, sabíamos que estábamos dispuestos a enfrentar cualquier desafío. Nuestra relación se fortaleció a medida que compartimos nuestras experiencias y aprendimos a confiar nuevamente.
En los días que siguieron, Paula, Max y yo pasamos tiempo juntos tratando de recuperar la normalidad en nuestras vidas. Una noche, decidimos disfrutar de una película en casa, con pizzas, palomitas y refrescos. Era un momento de relajación y alegría que habíamos extrañado durante tanto tiempo.
Nos acurrucamos en el sofá, viendo una película cómica que nos hizo reír a carcajadas. Mientras compartíamos comida y risas, comenzamos a hablar sobre nuestros planes para el futuro. Max expresó su deseo de volver a trabajar en su pasión por la fotografía, y Paula habló de su interés en retomar su carrera como médico.
Me sentía feliz de ver a Max recuperarse y a mi hermana retomar sus objetivos personales, pero al mismo tiempo, sentía un vacío en mi corazón que se hacía cada vez más grande. Extrañaba a Damián, a pesar de todo lo que había ocurrido.
Cuando la noche llegó a su fin y nos dispusimos a irnos a la cama, me quedé despierta en silencio, reflexionando sobre mi vida y mis decisiones. Sabía que enfrentar la verdad y proteger a Max era lo correcto, pero no podía evitar el anhelo de lo que una vez compartí con Damián.
La vida nos había llevado por caminos inesperados, y no sabía si algún día volveríamos a cruzarnos con Damián. Pero lo que sí sabía era que había aprendido una valiosa lección sobre el amor y la importancia de proteger a quienes más apreciamos.
Mientras me sumía en un sueño profundo y reparador aquella noche, sin sospechar lo que estaba por ocurrir, Damián, en silencio y a escondidas, entró sigilosamente en mi habitación. Sus pasos eran tan suaves como susurros en la penumbra, y su mirada se posó en mí mientras dormía.
—Catalina... —murmuró Damián en voz baja, su voz llena de tristeza y deseo.
En mi sueño, algo me hizo despertar. Cuando abrí los ojos y vi a Damián de pie junto a mi cama, mi corazón dio un vuelco. La mezcla de sorpresa y emoción me dejó sin habla.
—Damián, ¿qué estás haciendo aquí? —pregunté en voz baja, incapaz de contener mis emociones.
Él se inclinó hacia mí con ojos llenos de arrepentimiento. —Catalina, no puedo vivir sin ti. Cometí un error y me arrepiento de todo lo que ha pasado.
Mi corazón se llenó de conflictos y deseo mientras él hablaba. A pesar de todo lo que había pasado, seguía amando a Damián, y verlo allí, suplicando por una segunda oportunidad, era abrumador.
—Damián, cometiste un error grave, y Max resultó herido por eso. —Mis ojos se llenaron de lágrimas—. No puedo simplemente perdonarte como si nada hubiera pasado.
Él suspiró y se sentó a los pies de la cama, con una expresión de tristeza en su rostro. —Catalina, estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para enmendar mi error. No quiero perderte.
Ambos lloramos.
Damián me miró con determinación en los ojos y me tomó las manos.
—Catalina, ¿me darás una oportunidad de demostrar que puedo ser el hombre que necesitas y mereces?
Mi corazón latía con fuerza mientras consideraba su pregunta. La lucha interna entre el amor que sentía y el dolor que había experimentado era abrumadora. Sabía que no podía tomar una decisión impulsiva.
—Damián, necesito tiempo. Las heridas están frescas, y no puedo ignorar lo que ha sucedido. —Mis ojos se llenaron de lágrimas, y me sentí emocionalmente agotada.
Damián asintió con tristeza y se puso de pie. —Entiendo, Catalina. Esperaré por ti. Te amo. Pero no significa que me iré.
Se fue de la habitación en silencio, dejándome sola con mis pensamientos y emociones tumultuosas. La noche se convirtió en una tormenta de sentimientos mientras me debatía entre el amor y el dolor, sin saber a dónde me llevaría esta nueva encrucijada en mi vida.
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