Capítulo 7 La verdad.
Un diario personal donde su esposa plasmaba sus sueños, pensamientos y deseos. No debería tocarlo, ya que, si bien es cierto que la odia jamás accedería a sus secretos es decir, ¿Qué tan poco hombre debía ser para cometer una locura como esa?
Quizás en ese diario, Daphne se reía de él por haber caído en la trampa de ella y sus padres. Tal vez ahí planeaba sus movimientos o quizás buscaba como destruirlo a él y a su amada Polina.
Pero, esos pensamientos eran extremistas…ya que si en cinco años de matrimonio ella nunca hizo nada en su contra, ¿Por qué lo haría ahora?
Estaba en una encrucijada.
Eliot se congeló con el cuaderno en la mano. Su educación le dictaba dejarlo en su lugar, pero la necesidad de confirmar que su esposa era la arpía manipuladora que siempre creyó que era fue más fuerte. Desabrochó el seguro y comenzó a hojear las páginas.
Lo que leyó a continuación destruyó en minutos la versión de la realidad que había construido durante seis años.
Julio 14, 20XX (Cuatro años antes de la boda): He discutido con mis padres. No puedo creer que estén preparando un compromiso con un hombre al que no conozco. Yo deseo casarme por amor y no porque me lo ordenen. Jamás podría aceptar algo como eso.
Septiembre 01, 20XX: Hoy hemos tenido una cena llena de invitados. Los socios de mis padres han venido aquí, los Volkov. He visto a su hijo... es el hombre más guapo que he visto en mi vida. He hablado poco o nada con él, pero casi pude escuchar mi propio corazón latir muy rápido.
Enero 03, 20XX: El Año Nuevo ha pasado y fuimos a la casa de los Volkov. Me he mostrado inquietantemente emocionada por ir, supe que su hijo se llama Eliot. ¿Está mal si digo que me gusta mucho a pesar de que no hemos cruzado muchas palabras? Sueño con amarlo. Tiene unos ojos increíbles de color gris.
Febrero 14, 20XX: Día de San Valentín. Hoy no me siento bien conmigo misma. He descubierto que Eliot Volkov se ha ido de viaje al extranjero. Creo que no tengo ninguna oportunidad con él. Será mejor olvidarlo.
Abril 09, 20XX: No puedo olvidarlo.
Mayo 30, 20XX: Después de tanto tiempo mis sentimientos no han cambiado en lo absoluto. Me siento patética por amar a alguien que apenas sabe de mi existencia. Hoy mis padres dicen tener una reunión con los Volkov, no sé de qué se trate, pero quizás vea a Eliot.
Los dedos de Eliot temblaron ligeramente al pasar la página. La siguiente entrada correspondía exactamente al día en que él la había acorralado en el pasillo y la había asfixiado contra la pared de mármol.
Junio 13, 20XX: Eliot me odia. Realmente lo hace. He escuchado lo que realmente piensa de mí y me siento terrible. Pese a que traté de explicarle que yo estaba en contra de nuestro compromiso... él casi... me... No deseo obligar a nadie a amarme.
Octubre 07, 20XX*: Sé que pronto recibiré los papeles del divorcio, es inevitable. En el fondo sé que mi esposo me odia y no hay nada que yo pueda hacer para cambiarlo. Desearía que las cosas fueran diferentes pero, eso no sucederá.*
El silencio de la habitación cayó sobre Eliot como una losa de concreto.
Cerró el diario despacio, sintiendo un vacío frío y punzante en el estómago. Durante seis años la había culpado a ella. La había odiado, la había humillado, la había arrastrado al aislamiento y la había llamado manipuladora en su cara. Y todo ese tiempo, Daphne jamás había sido la arquitecta de su prisión.
Era solo una víctima más. Una mujer atrapada por la codicia de sus familias, que había guardado un amor silencioso y doloroso por el hombre que se encargó de destruirle la vida.
—Maldita sea... —susurró Eliot golpeándose la frente con la palma de la mano. Había sido un idiota ciego.
Dejó el diario exactamente en la posición en la que lo encontró, cerró el cajón y salió de la habitación a pasos rápidos, como si el aire de ese cuarto fuera incapaz de respirarse.
Caminó de regreso a su despacho, aturdido. La imagen de Daphne ya no era la de la esposa estorbo ni la de la mujer que debía apartar para volver con Polina. Ahora, por primera vez en seis años, la veía con una claridad aterradora: Daphne era la mujer a la que él mismo había condenado al infierno.
Y mientras Eliot se hundía en la culpa, ignoraba por completo que, en ese preciso instante, en el baño de esa misma casa, su esposa lloraba desconsoladamente sosteniendo la prueba de embarazo que cambiaría sus vidas para siempre.
