Escondiendo al hijo del CEO.

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Capítulo 4 Envidia.

¿Quién creería que su esposo podría mirar a alguien más con amor? Daphne jamás lo apostaría. Hay que, las únicas miradas que Eliot le dirigía era de completo desprecio, pese a sus intentos de hacerle saber la verdad, no creía que existiera diferencia alguna.

Muerde su labio porque sabe que ella no debería estar escuchando conversaciones que no le competen pero, ¿no debería asegurarse de que alguien mas no viera la escena?, después de todo la presa estaba ahí y ¿Qué tal si los veían?

La humillación caería de inmediato hacia ella y su familia.

Con esa excusa, Daphne miro y escucho lo que los amantes tenían que decirse, casi parecía que ella era la villana que no deseaba verlos juntos, cuando en realidad, también era la víctima.

—No sé cuánto pueda esperarte, Eliot... —sollozó Polina, alzando la vista hacia él.

—Mi amada, solo dame tiempo…—pidió Eliot, envolviéndola en un abrazo protector y besándole la frente con una ternura que a Daphne le oprimió el pecho. —Verás que pronto me estaré divorciando y te haré mi esposa. —Le dijo con ternura en su voz.

—Pero tu familia jamás me aceptará jamás... —murmuró ella, escondiendo el rostro en el cuello de él. Eliot sabe que es verdad, su familia la odia a muerte y su padre se lo dejo muy en claro.

—No me importa lo que ellos crea, ellos no controlan mi vida, no por mucho tiempo. —sentenció Eliot. Su voz se volvió sombría, cargada de una determinación peligrosa que hizo que a Daphne le diera un escalofrío. —Una vez que pase a ser el dueño absoluto de la empresa y sea nombrado oficialmente jefe de la familia Volkov, serás mía. Nadie podrá oponerse a mi voluntad. —Él la sostiene aún más cerca en sus brazos.

—Eliot... esto es arriesgado —dijo Polina, apartándose ligeramente para mirarlo con una mueca de angustia. — ¿Y si tu esposa se entera de nosotros? ¿Qué tal si usa la influencia de sus padres para poner a tu familia en mi contra? —Lloro nuevamente.

Daphne frunció el ceño en la oscuridad. Jamás le haría daño a nadie, ni siquiera a la mujer que ocupaba el lugar que a ella le negaban.

—Entonces haré todo más rápido, sacándola de mi vida para siempre. —Respondió Eliot sin dudar un segundo. —Si es un poco inteligente, sabrá que nunca la amaré. Así mi vida dependiera de ello, porque yo te amo solo a ti, Polina. —La ternura vuelve a su rostro, queriendo hacer sentir bien a su amada.

Pero

Las palabras fueron como estacas clavándose directamente en la carne de Daphne. Apoyó la mano contra la fría piedra de la columna, sintiendo que las piernas le fallaban. Qué hermoso debe ser amada así, pensó con una envidia, viendo cómo él la consolaba.

—Oh, Eliot... te esperaré toda la vida. —sonrió Polina entre lágrimas.

Eliot le limpió las mejillas con delicadeza antes de añadir:

—Solo necesito cinco años. El contrato nupcial que firmamos especifica que, si en ese plazo no engendramos un heredero para ambas familias, tengo el derecho legal de anular el matrimonio automáticamente por incumplimiento. —Le dijo con total seriedad.

Daphne abrió los ojos con sorpresa. Recordó la mesa repleta de documentos que sus padres la obligaron a firmar días atrás, prohibiéndole leer las letras pequeñas. Así que esa era la trampa. Cinco años.

— ¿Y qué tal si esa mujer intenta seducirte? —Inquirió Polina con tono temeroso. —Puede intentar cualquier cosa para quedarse con tu apellido.

—No sucederá. —Interrumpió Eliot con una frialdad tajante. —El único sentimiento que me provoca esa mujer es asco. No temas, mi amada Polina. Pronto volveré a ser tuyo. —Murmuro.

El llanto de Daphne finalmente quebró su contención, pero se cubrió la boca con ambas manos para no emitir un solo sonido. Las lágrimas empañaron su visión mientras daba pasos lentos hacia atrás, alejándose en la penumbra del jardín sin ser descubierta.

Mientras caminaba de regreso al salón iluminado, una mezcla de dolor punzante y una extraña y amarga claridad comenzó a asentarse en su pecho. Nunca había aspirado a que un hombre duro como Eliot la amara locamente, pero escuchar de sus propios labios el asco que le inspiraba dolía más de lo que imaginó.

Sin embargo, ahora tenía algo que antes no tenía: un límite.

Cinco años, se dijo a sí misma, limpiándose con rabia una lágrima rebelde antes de entrar a la fiesta. Solo tenía que resistir cinco años de indiferencia y desprecio. Cumpliría su condena, esperaría la anulación y, cuando finalmente fuera libre, buscaría la oportunidad de encontrar a alguien que la quisiera... o al menos, un lugar donde pudiera ser libre lejos de todos.

Lo que Daphne no sabía era que el destino no pensaba concederle esos cinco años de tregua.

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