El regreso de Lex

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Capítulo 4 ¿Famosa?

Para mi gran fortuna todos los señores de la casa salen a comer afuera por lo que cuando faltan diez minutos para las seis me dirijo a la habitación de servicio a quitarme este espantoso uniforme. Es un modelo muy básico y aunque no me molesta es sumamente incómodo, es ajustado en lugares que evita que pueda moverme con libertad.

A las seis en punto de la tarde ya estoy lista para irme.

- ¿Ya te vas? – me pregunta Amanda cuando salgo de la habitación rumbo a la salida.

Tanto ella como la señora Miller están en la cocina tomando lo que ser parece café.

Como dice el refrán: Cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta.

Y eso es justo lo que ellas hacen en este momento. Descansar luego de un largo día de trabajo.

Desde hace un año aproximadamente Amanda también se ha quedado aquí, le han dado una habitación propia para que pueda estar aquí veinticuatro horas al día los siete días de la semana y poder servir a todos los caprichos de los dueños de la casa en cada momento.

- Si – respondo acercándome a la puerta.

Se supone que no puedo ni entrar ni salir por la puerta principal así que está es la única puerta que puedo usar, aunque me tome el doble de tiempo para llegar a la salida de la propiedad.

No sé cómo ella puede aguantar tanto.

Supongo que es justo lo que ella estaba buscando.

- Cuídate – me dice Amanda despidiéndose.

Les hago una seña con la cabeza a ambas y salgo por la puerta trasera, la de servicio.

Mi horario de trabajo es de siete de la mañana a seis de la tarde, para mí fortuna no debo de quedarme hasta la cena, solo ayudar con sus preparativos pero como hoy no cenarán en casa no he tenido que hacerlo.

Me apresuró hasta la salida donde Jack ya está allí, y nada más verme se acerca hasta la puerta para abrirla por mí. Siempre atento.

- ¿Nos vemos mañana? – me pregunta cuando pasó por su lado.

Asiento en respuesta porque, ¿qué otra cosa se supone que deba de decir? Aún no he tenido tiempo de buscar otro empleo y a no ser que ellos me corran yo no me creo capaz de renunciar.

- Hasta mañana preciosa – se despide Jack.

Ignoro lo que dice, hago como si no escuchase sus palabras y camino más de prisa. No quiero alentarlo a más atenciones hacia mí y aunque ya me he dado de cuenta que él es alguien bastante coqueto con todas no quiero que vaya a malinterpretar nada conmigo.

No me encuentro interesada.

El próximo bus pasa a las 6:20pm y la parada está a unas siete cuadras de distancia por lo que, aunque ya me encuentro lejos de Jack y sus muy buenas, pero no solicitadas atenciones mantengo el ritmo.

Necesito apresurarme.

Perder el bus es lo que menos quiero en este momento porque el próximo pasa dentro de una hora y caminar hasta mi apartamento me tomaría muchísimo tiempo, además, de que ya me duelen los pies por estar todo el día de pie, ni siquiera en la cafetería tenía que trabajar tanto.

Allí nos daban un momento para descansar y cuando no había muchos clientes y no teníamos mucho por hacer podíamos sentarnos un rato.

Como extraño ese lugar – pienso con amargura.

Mientras camino recuerdo mi antiguo trabajo, aunque lo que realmente necesito en este momento es llegar a mi apartamento, más bien cueva de ratones por su pequeño tamaño, y poder descansar.

Para mí alivio la familia casi no ha estado en casa esta semana, al parecer todos están tan emocionados de estar juntos que no paran de salir a comer fuera o hacer Dios sabe que otra cosa, por lo que mis actividades se han reducido bastante al no tener a nadie cerca que necesite de algo tan insignificante como preparar una taza de té o buscar servilletas nuevas porque las que ya están sobre la mesa se encuentran dobladas de forma incorrecta.

Ahora me encuentro en la sala, limpiando los grandes vidrios que dan vista a los jardines cuando una voz detrás de mí me saca de mis pensamientos.

- Eres Olivia, ¿cierto?

Sobresaltada dejó caer el trozo de tela que uso para pulir los vidrios.

- Oh – mascullo a la vez que me agacho a recogerlo.

Giro rápidamente a ver al nuevo intruso y me encuentro frente a frente con el joven Alexander.

- Si, señor – le respondo intentando aparentar tranquilidad, no quiero que se percate de mi recelo.

No sé si él será como Benjamín, su hermano, o como Charlotte, su hermana.

El joven Alexander se queda de pie frente a mí y no dice nada, parece estar esperando algo y eso me hace sentir incomoda.

Lo veo levantar la ceja de forma inquisitiva y eso me recuerda algo.

- ¿Desea algo señor? – le pregunto avergonzada.

- No – dice con una sonrisa en su rostro.

¿Se está burlando de mí?

Siento mi rostro ponerse caliente pero no sé si por vergüenza o por molestia.

Tal vez un poco de los dos.

- Solo quería conocer a la famosa Olivia – dice apoyándose contra una mesa con flores frescas. Todas las flores son traídas cada dos o tres días; tanto a la señora de la casa como a la señorita Charlotte le gustan las flores frescas.

- No entiendo a qué se refiere señor – respondo confundida.

¿Famosa?

¿A qué se referirá con eso?

- He escuchado mucho de ti – dice encogiéndose de hombros – mis hermanos parecen tener una opinión muy diferente de lo que eres – dice tranquilamente.

¡Ah!

- Comprendo señor – le digo.

Si sus hermanos le han hablado de mí, estoy totalmente segura de que Charlotte no ha dicho nada bueno a la vez que Benjamín ha sido amable con sus palabras.

Ellos son muy diferentes.

Aunque él… aún no sé a qué grupo pertenece.

- Bueno – dice cambiando su gesto a uno serio – te dejo en lo que sea que estabas haciendo – dice enderezándose y dejándome sola.

Que extraño.

Lo veo alejarse y sintiendo algo de confusión dentro de mi sacudo mi cabeza y reanudó

mi labor.

Esos vidrios no se van a limpiar solos.

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