Capítulo 3 El café está frío
Describir mi primera semana de trabajo como fácil sería mentir completamente.
Ha sido horrible.
Apenas llevo cinco días aquí y ya siento que lo odio; por lo menos mañana no tendré que trabajar.
Hasta los momentos mi horario de trabajo solo será de lunes a viernes. Ningún fin de semana donde tenga que aguantar a mis nuevos jefes.
La señora de la casa es una mujer difícil, el señor rara vez está y la señorita Charlotte o “Lottie” como la llaman sus padres es todo menos alguien agradable.
La única persona que realmente me ha agradado es Benjamín, o “Benji” como el mismo me ha pedido que lo llamara nada más conocerme, pero recordando la advertencia de la señora Miller he seguido llamándolo Benjamín. No quiero problemas. Y aunque él y yo somos contemporáneos en edad él aún está en la universidad próximo a cursar su último año en arquitectura.
Benjamín es alguien bastante simpático y es el único que pide las cosas con amabilidad y me responde con un gracias cuando le sirvo.
Hasta el momento al único que no he conocido es al joven Alexander, pero conociendo al resto de su familia, a excepción de Benjamín, tengo el presentimiento de que no será alguien agradable.
- Oh, gracias, Olivia – agradece Benjamín apenas dejo su café sobre la mesa del desayuno.
A su lado su hermana nos observa atentamente así que me abstengo de decir algo que pueda meterme en problemas.
Se que yo no soy de su agrado. Aunque tengo el presentimiento de que nadie lo es.
- A su orden joven Benjamín – le digo con una falsa sonrisa de obediencia en mi rostro - ¿desean algo más? – les pregunto a ambos.
- No, estamos bien – dice Benjamín ya empezando a desayunar.
Me quedo varios segundos por si alguno cambia de opinión y cuando creo que ninguno lo va a hacer doy media vuelta para regresar a la cocina solo para tener que detenerme a mitad de camino.
- Espera… - dice una voz a mi espalda – el café está frío – dice la señorita Charlotte con una de sus cejas perfectamente arqueada – cámbialo – ordena.
En silencio la observo, el café no está frío, lo acabo de servir, pero sin decir nada me acerco a la mesa a recoger el café.
- El café no está frío – escucho decir Benjamín a su hermana más joven.
- Esta. Frío. – responde ella.
De reojo y sin dejar de hacer lo que estoy haciendo veo como Benjamín hace una mueca a la vez que se encoge de hombros.
Se que lo ha intentado.
- Ya le traigo otro café señorita – digo cuando me retiro esta vez sin otra orden de su parte.
Cuando llego a la cocina meto mi dedo en la taza del café y enseguida lo saco.
¡Rayos!
El café está hirviendo.
Mi dedo a quedado rojo y escoce un poco por lo caliente que está.
Molesta, tiro el contenido en el fregadero y tomo una taza limpia que sirvo con el mismo café que preparare poco antes. El mismo que según ella estaba frío cuando me ordeno cambiarlo.
Frustrada me mantengo un par de minutos en la cocina hasta que creo que es tiempo de salir nuevamente.
- Aquí tiene señorita – le digo colocando el café frente a ella a la vez que dejo la bandeja con más café en la mesa.
En silencio me mantengo a un lado a la espera de indicaciones. Dios no quiera y el café este frio nuevamente.
Luego de lo que parece una eternidad por fin veo como la señorita Charlotte toma el café. – Mejor – dice luego de probarlo. Apenas y le da un sorbo, pero para mí es suficiente.
Niña malcriada – pienso molesta.
Espero unos segundos sin saber que hacer, sé que si me voy ella se molestara por lo que me quedo en silencio.
- Vete – ordena ella luego de un rato como si apenas recordase que aun sigo aquí.
Tomando una respiración profunda controlo mis ganas de decirle unas cuantas cosas. Molesta me doy media vuelta para salir de allí pero antes de irme una mano me detiene.
- No le hagas caso a mi hermana – me dice Benjamín ignorando la mirada de muerte que le dirige su hermana – ella solo es una perra rabiosa que está molesta porque su último noviecito la dejo está semana – dice con una sonrisa antes de soltarme del brazo – ni siquiera él ha podido soportarla – se burla.
- ¡Eres un imbécil! – le responde ella molesta, pero él parece ignorarla.
Benjamín me guiña un ojo y vuelve a su desayuno sin importarle los chillidos molestos de su hermana que ha empezado a insultarlo, debería de sentirme un poco mal por ella pero sus chillidos constantes me lo impiden, incluso le ha lanzado una rebanada de pan integral a su hermano que solo la toma y se la come sin ningún gesto, parece estar acostumbrado a sus ataques de histeria.
Sintiéndome un poco mejor porque alguien la haya puesto en su lugar me alejo de allí antes de que ella arremeta contra mí.
…
- Liv – escucho decir a Mandy detrás de mí lo que me hace dar un respingo.
En este momento me encuentro de espaldas a la entrada de la cocina lavando los platos del desayuno y no la he visto llegar.
- Me asustaste – la acuso antes de reanudar mi tarea.
- Apresúrate con eso – replica en cambio Mandy.
- ¿Por qué? – le pregunto ahora intrigada dejando de lado los platos a pesar de la mirada hostil que me lanza. Por lo general ninguno de los señores viene a la cocina.
- El joven Alexander ha llegado – me dice olvidando su reciente hostilidad – y no ha venido solo – continua con emoción.
Ah.
- No sé si realmente lo quiero conocer – le digo recordando a su hermana y su gran problema de actitud.
- No seas prejuiciosa Olivia – me reprende Mandy dándose media vuelta y dejándome sola nuevamente.
No entiendo su entusiasmo.
Estás personas son horribles.
Este trabajo es horrible.
Realmente no tengo problemas con las tareas que me corresponden realizar en mi horario laboral, mi inconveniente es el ambiente en sí, mis jefes.
Durante el fin de semana consideré realmente si debía de venir o no a trabajar, pero luego de pagar la renta mis ahorros quedaron reducidos prácticamente a nada así que hoy al despertarme tuve que obligarme a venir.
Odio este trabajo.
Lo único bueno es Benjamín, él me agrada bastante, y pasar tiempo con Mandy tampoco es malo. Lo difícil son los señores de la casa y su hija, realmente no entiendo cómo a Mandy le puede gustar tanto estar acá. Pero claro, a diferencia de ella yo nunca me imaginé que terminaría trabajando de doméstica en una casa, mis sueños eran en convertirme en escritora, o tal vez dar clases de literatura, o incluso abrir mi propia cafetería; ella en cambio vino a esta ciudad con la mentalidad de conseguir un empleo en una gran casa como está. Este era su sueño, su meta.
Mientras pienso en lo diferente que son nuestros propósitos, pero lo parecida que es nuestra situación actual sigo con mis quehaceres, limpio y tallo los platos cuando escucho voces desconocidas y una risa bastante aguda acercarse a donde estoy.
Curiosa me volteó a ver el origen de las voces cuando una pareja se adentra en la cocina.
Él joven es alto, muy alto, cabello claro, casi rubio y ojos azules. Impresionante. Es realmente atractivo.
Este definitivamente debe de ser el joven Alexander, lo sé porque es una copia exacta de su padre, pero mucho más joven. Y apuesto. No puedo dejar de verlo.
En cambio, la señorita que viene del brazo con él es morena, alta y delgada. Es una mujer bastante exótica, atractiva, aunque hay algo en su rostro que me da un poco de desconfianza. Es extraño.
Viéndolos de pie uno al lado del otro sacó la conclusión de que está debe de ser su novia.
- ¡Leeeeeeex! – escucho la voz de la señorita Charlotte.
Es la primera vez que escucho su voz emocionada. Me sorprende ver esta faceta en ella.
La veo correr hacia su hermano que se detuvo en la puerta de la cocina y extender los brazos hacia ella quién viene corriendo hacia él.
- ¡Lottie! – exclama él con una voz muy gruesa que me hace estremecer.
No puedo dejar de verlos.
Me quedo de pie observando toda la escena mientras ellos parecen no darse cuenta de mi insignificante existencia.
Así de patética soy – me regaño internamente.
- Oh, hermano, como te extrañe – escucho decir a la joven Charlotte con lo que parece ser mucha emoción.
Nunca pensé que ella podría ser amable con alguien.
Que novedad.
Este tipo debe de tener algo muy especial para que su hermana, quien parece ser mala con todos, sea amable con él.
- Yo también te extrañe Lottie – le responde él antes de soltarla, pero no sin antes darle un beso en la frente en un gesto bastante tierno.
De pie a pocos metros de ellos me siento extraña, como si tuviese invadiendo la privacidad de ellos. En silencio me dispongo a salir por la puerta trasera cuando los tres voltean hacia mí de forma repentina.
He debido de hacer algún ruido o algo porqué los tres me están viendo de mala manera. Definitivamente e interrumpido su momento.
- ¡¿Qué haces allí?! – pregunta Charlotte molesta.
- Yo solo estaba…
- ¡Largo! – exclama con la cara roja.
- Yo…
- ¡FUERA! – ahora grita.
Nerviosa me apresuro a cerrar la llave del agua para poder salir lo más pronto posible de la cocina, pero no sin antes ver la mirada intensa del joven Alexander una vez más.
Inquieta me dirijo lo más rápido que puedo hacia la habitación de servicio.
Se supone que en este momento debería de estar limpiando la cocina, no encerrada en una diminuta habitación por temor de enojar a mis patrones.
Esto es horrible.
Desde mi posición en la única silla de la habitación puedo escuchar las risas desde la cocina, al parecer el buen humor del momento no fue interrumpido por mi miserable existencia.
No se cuento tiempo me quedo allí, pero las voces no parecen irse así que me acuesto sobre la litera de abajo y me quedo con la mirada fija en el colchón de arriba.
Me siento patética.
Si realmente no necesitase este empleo creo que ya hubiese dimitido.
Los minutos pasan, o tal vez son horas, no lo sé, hasta que dejó de escuchar ruido proveniente de la cocina.
Varias veces estuve a punto de quedarme dormida, pero logré evitarlo. Si alguien me llega a encontrar durmiendo durante mi horario laboral sería el fin de mi trabajo en esta casa y aun no me lo puedo permitir.
Cuando estoy casi segura de que ya no queda nadie allí me dirijo con cuidado de no hacer ruido hacia la puerta, solo por si acaso. No quiero embocar la ira de la señorita Charlotte de nuevo.
Con mucho cuidado abro la puerta de la habitación e intentando de hacer el menor ruido posible me dirijo de vuelta a la cocina.
Ppff.
Que alivio.
Ya no hay nadie aquí.
Cerciorándome de que verdaderamente ya no haya nadie cerca me acerco con sigilo hasta la gran barra de desayuno y veo el desastre que han dejado.
Hay comida destapada por todos lados, migajas en todas las superficies disponibles y muchos más platos y vasos sucios de los que recuerdo. Incluso hay una jarra de jugo volteada en el piso.
En silencio y tras soltar un suspiro cansado procedo a ponerme manos a la obra.
Mi tarea en esta casa es la cocina.
Y aunque yo no sea la encargada de cocinar si soy la responsable directa de que este lugar siempre esté reluciente e impecable, algo que claramente no está en este momento.
Molesta me apresuró a limpiar todo antes de que la señora Miller, o peor, Amanda aparezcan por aquí.
Además, si la señora de la casa llegase a venir en este momento estaría en graves problemas. Aunque rara vez pasa por la cocina. En toda la semana que llevo aquí jamás ha pasado por acá.
Tener todo en orden me toma mucho más tiempo de lo que tenía estimado y para cuándo por fin termino veo como Amanda viene histérica hasta donde estoy.
- ¿Dónde demonios haz estado? – me pregunta molesta.
- Aquí – le digo secando mis manos con una toalla limpia.
Mis dedos están tan arrugados por tener que haber lavado tantos platos que parecen ser los de una mujer cincuenta años mayor.
- ¿Todavía? – pregunta abriendo sus ojos – se supone que debías de ir a ayudarme con las habitaciones. ¿Cómo puede ser que te haya tomado tanto tiempo? – exige saber.
- Lo sé – asiento – pero estaba limpiando aquí cuando la señorita Charlotte llegó con otras personas y me corrió de este lugar – le explicó.
- ¿Qué? – pregunta confundida.
Le explico lo mejor que puedo lo que sucedió y aunque ella sacude su cabeza en señal de desaprobación no dice nada, parece entender que no ha sido mi culpa lo que ha pasado.
- Bueno, bueno, no importa – me dice – ayúdame a preparar algunos aperitivos y a servir algo de tomar – dice como si nada.
Amanda a veces puede ser tan cambiante que lo mejor es seguirle la corriente y no replicar. Juntas nos ponemos a hacer lo que pidió y aunque no soy tan rápida y ágil como ella en pocos minutos tenemos una bandeja muy bien organizada con diferentes aperitivos y una jarra con limonada recién hecha.
- ¿Te ayudó a llevar esto? – le pregunto viéndola luchar con la gran bandeja en sus manos.
- No – dice negando enfáticamente – la señora quiere que te quedes aquí hasta que todos los invitados se hayan ido.
¿Qué?
Ella parece ver mi desconcierto por lo que se apresura a explicarme.
- No es nada extraño, aquí siempre se ha hecho así – dice Amanda – simplemente tú eres la nueva y aún estás aprendiendo – me recuerda – es mejor que te quedes aquí y yo me encargue de esto – dice ya saliendo de la cocina – la señora no quiere que la avergüencen frente a sus in
vitados – dice como si no fuese algo importante.
Esto definitivamente no está bien – pienso molesta al verla ir.
