El precio de ser su esposa

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Capítulo 5 Capítulo 5

Cuando sus labios se estrellaron contra los míos, sentí que el mundo se detenía en ese mismo instante y mi cuerpo se encendía en una llamarada violenta que me recorrió el cuerpo de pies a cabeza, por un instante me quedé paralizada, sin corresponderle. Pero después no pude evitarlo y mis labios se abrieron para él mientras que mis dedos se cerraban alrededor de su camisa aferrándome, al mismo tiempo que un gemido escapó de mi garganta.

Sentí la electricidad recorrerme de pies a cabeza. Su sabor me embriagó por completo con aquel beso lleno de rabia, deseo y lujuria, una que me sacudió por completo haciéndome sentir viva por primera vez en mucho tiempo.

Su calor me abrazó sin darme tregua, exquisito magnífico y la tensión sexual entre nosotros flotó en el aire, por más que él intentará reprimirla y odiarla, pero estaba segura en ese momento que él también lo sentía.

Quizás Salvatore me odiara, pero también se había rendido finalmente en aquel beso que por años esperé.

Sus brazos masculinos me rodearon con una fuerza posesiva y el aroma de su perfume, penetró mi piel.

Sin vacilar su lengua invadió mi boca poseyéndola, intensificando notablemente el beso, mientras que tu cuerpo me aplastaba contra la barandilla de el balcón y sentía cada músculo tenso de su cuerpo, tan excitante y peligroso, porque aquel deseo prohibido lo era.

Casi una conexión sucia, incorrecta.

"¿Qué demonios estoy haciendo? Soy la esposa de Gianni?"

Incluso aunque solo fuera por un papel y aunque él seguía insistiendo desde que éramos adolescentes que Salvatore se sentía atraído por mí, debía respetar a mi mejor amigo.

Entonces abruptamente me aparté de él empujando su pecho.

El mío subía y bajaba con cada respiración agitada y aturdida me llevé una mano a los labios todavía humedecidos e hinchados por el beso que habíamos compartido. 

Mis ojos se encontraron con los de Salvatore y estos enseguida se oscurecieron de furia.

Me odiaba por corresponderle, porque Marmi con sus manos por ser la esposa de sus hermanos, gemelos, y aún así se debe a la pasión, que evidentemente no recorrí ambos.

Y como en el pasado, una vez más, me sentí pequeña frente a él.

Me odiaba porque sin detenerlo le respondí entregándome por completo a aquel beso.

Entonces quise huir de él, esconderme de su mirada intensa y eso me enojó porque me había prometido a mí misma que no iba a permitírselo nunca más.

—¡¿Cómo te atreves?! ¡¿Por qué lo hiciste?!

Su expresión en este momento cambió mostrándome una sonrisa peligrosa de esas que tanto conocía y mi corazón se inquietó, porque sabía lo que venía a continuación de su parte.

—¿No era lo que querías? Has estado pidiendo esto por años.

Mi mandíbula se apretó.

Había jurado que no dejaría que Salvatore volviera a lastimarme otra vez, pero eso parecía todo lo que podía hacer él cerca de mí.

La mejor decisión era mantenerme alejada de él, para que no volviera a romperme.

—Tú no me importas en lo más mínimo, Dios. Entiéndelo de una vez por todas, el mundo no gira a tu alrededor.

Sus ojos me miraron fijamente sin ninguna expresión y me sentí intimidada.

—No, lo olvidaba. Todo lo que te importa es pertenecer a nuestra familia. ¿Cierto?

—¡Vete al infierno, Salvatore!

Enseguida me aparté y previendo que él no volviera a detenerme, me alejé lo más posible de la cercanía de su cuerpo, fue entonces que unos brazos fuertes me atraparon por la cintura, atrayéndome contra su pecho familiar.

Enseguida, noté que los hermanos se miraban por encima de mi cabeza y la tensión entre ellos era evidente, Gianni tenía la mandíbula apretada.

—¿Gianni? ¿Qué haces aquí? —susurré contra su oído para que Salvatore no pudiera oírme.

—Te lo explico después —respondió él de la misma manera, sin apartar la mirada de su hermano.

—¿Te gusta mi esposa, Salvatore?

Abrí la boca aturdida por el reclamo inesperado de Gianni hacia Salvatore y enseguida mis ojos se dirigieron hacia él.

Su mandíbula se tensó notablemente y miró con furia a su hermano.

—¿Estás escuchándote? ¿Gustarme ella? 

"¿Qué demonios esperaba que respondiera? Esta es una respuesta típica de Salvatore." Pensé con amargura.

—Pues así lo parece, estás obsesionado con molestarla todo el tiempo.

Su mano alrededor de mi cintura se volvió más protectora.

Sabía lo que estaba haciendo Gianni, porque no era la primera vez que lo intentaba, siempre estaba buscando despertar los celos en Salvatore, como si él estuviera enamorado de mí, cosa que era demasiado absurda, sin embargo, ahora estábamos casados y las cosas eran totalmente diferentes, además de que yo ya me había rendido con su hermano y Gianni lo sabía mejor que nadie.

Mi mano se alzó para acariciar su mandíbula y esto atrajo su atención hacia mí pero no solo la de él, sino también la de Salvatore, quien estudió el gesto con una furia que nunca antes había sentido pero era demasiado intensa.

—Ya basta, vamos a la cama.

Me estremecía al escuchar el gruñido de Salvatore, pero en ese justo instante el caos pareció desatarse en el salón, resonando varios disparados disparos y el sonido de cristales rotos cayéndose al suelo, sumado a los gritos de las personas que estaban allí.

Mi corazón saltó bajo mi pecho porque aunque había crecido bajo el cobijo de los Di Stefano y sabía perfectamente a lo que se dedicaban nunca había estado en presencia de un ataque de mafias que era precisamente esto.

—¡¿Qué demonios...?!

En aquel momento apareció un hombre en el balcón, su cara estaba cubierta, apenas podía ver sus ojos y fue en ese instante que me apuntó directamente a la cara, abrí los ojos abruptamente pero entonces Salvatore fue más rápido, sin vacilar, sacó su arma dando un tiro de gracia que arrojó el cuerpo al suelo, salpicando mi rostro de sangre. 

Solté un grito ahogado lleno de horror y miedo, pero cuando el aroma metálico llegó a mis fosas nasales las náuseas me golpearon.

Pero Salvatore tomó mi muñeca bruscamente y Gianni se aferró a mi cintura por un momento.

—¡Vamos! Gianni, ven detrás de nosotros, vamos a cubrirla.

Salvatore le arrojó un arma y Gianni la sostuvo con firmeza.

—¿Estás bien? —preguntaron los gemelos al unísono mirándome pero yo me limité a asentir con la cabeza aún aturdida.

—Vamos.

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