Capítulo 4 Capítulo 4
BRIANA
Desde que me habían dicho que la inseminación artificial había dado resultado y ahora estaba embarazada no había podido dejar de sonreír, hasta que Salvatore apareció dispuesto a arruinar mi felicidad, no con su aparición, sino con sus palabras.
—Bri, ¿Estás segura de que puedes hacer esto por mí?
Enseguida entorné los ojos divertida.
Hacía más de tres meses, él no veía al hombre al que amaba y esa noche tenía la excusa perfecta para hacerlo.
Sí Gianni, me había pedido matrimonio, no era precisamente porque ambos estuviéramos enamorados del otro, sino porque yo era su tapadera.
En el mundo de la mafia, los Di Stefano son capos peligrosos en Italia y el deber de Gianni, como el segundo hijo de Sabino Di Stefano era casarse y tener a sus propios hijos, lo que su familia no sabía es que él es gay y eso era una carga muy pesada que Gianni lleva.
No quería decepcionar a sus padres y yo no estaba interesada en ningún hombre, salvo por Salvatore, pero no volveré a mirarlo otra vez, no volveré a ser tan estúpida.
Entonces le venía perfecto que yo tuviera un hijo suyo, por eso recurrimos a la inseminación artificial, ambos tendríamos lo que queríamos.
—¿Estás hablando en serio? Claro que no me importa Gianni, estaré bien, ve tranquilo. Después simplemente volveré a mi habitación y descansaré.
Él me sonrió mirándome con ternura y llevó una de sus manos a mi vientre.
—¿Cómo te sientes?
—Gianni, deja de perder el tiempo o él se irá.
Estaba a punto de responderme cuando la voz de Angelina Costa llamó la atención de todos.
—Quiero agradecer a todos por acompañarnos esta noche —dijo ella mostrando una sonrisa perfecta como si fuera la anfitriona de la casa.
Los aplausos no tardaron en llegar.
Ella siempre estaba alrededor de Salvatore y por los nexos entre su padre y los Di Stefano, todos pensaban que la princesa de la mafia terminaría siendo la esposa de Salvatore.
El pensamiento revolvió mi estómago y sentí náuseas.
—Como todos saben, esta es la celebración de que por fin Salvatore Di Stefano despertó después de tres meses en estado de coma… Y es un honor para mí anunciar que muy pronto me convertiré en su esposa.
Tras escuchar aquellas palabras que antes eran un presagio brutal, ahora se habían convertido en una confirmación dolorosa, me quedé sin aliento como si todo a mi alrededor se hubiera paralizado.
“¿Por qué tengo que sentir esto por él? Basta…”
Salvatore no la desmintió.
Instintivamente mis ojos lo buscaron, estaba sentado irradiando todo el poder que poseía, vestido pulcramente, llevaba una camisa negra que casi se adhería a su musculoso cuerpo, sus mangas estaban arremangadas hasta los codos mostrando las venas de sus antebrazos y en una de sus manos tenía una copa sin importarle el medicamento que seguramente le habían puesto después de la emboscada en la cual casi muere.
En ese momento alzó su copa dando un trago largo pero elegante y letalmente masculino, tenía la mandíbula apretada y era la viva imagen del peligro hecho carne.
Entonces me di cuenta que su mirada no estaba en Angelina, sus ojos intensos y brutales estaban clavados en el agarre de Gianni sobre mi cintura hasta que por fin nuestros ojos se encontraron pero yo desvié mi mirada hasta Gianni al ver que todos se acercaban para felicitar a la pareja.
Ignoré la punzada en mi corazón y sonreí para mi mejor amigo.
—Es hora, aprovechemos esta distracción.
—Briana…
—Venga, no pongas esa cara, ya lo superé, ¿Recuerdas?
Sonreí y aunque él no me creyó suspiró y yo comencé a llevarlo hacia el pasillo sintiendo una pesada mirada seguirme pero no miré atrás ni por curiosidad.
—Ve, en unos minutos iré a dormir.
Él tomó mi mano llevándola a sus labios dejando un beso suave en ella.
—Gracias.
Asentí y después de que lo vi marcharse apresuradamente volví a la sala pero no me molesté en acercarme a Salvatore, sentía el corazón pesado en ese momento.
Caminé hasta el balcón dejando que la brisa me golpeara el rostro tratando de deshacerme de la tensión que se había apoderado de mis hombros aunque no pude saborear la soledad por mucho tiempo.
—Felicidades, escuché lo de su embarazo, señora Di Stefano —murmuró una voz detrás de mí.
Le mostré una sonrisa falsa al recién llegado pero esta desapareció al ver la manera en cómo sus ojos se desviaron de mi rostro al ligero escote de mi vestido.
—Comienza a notarse, se ve usted más hermosa.
“Asqueroso.”
Estaba a punto de mandarlo al diablo pero de repente Salvatore apareció como una sombra interponiéndose entre los dos.
—Lárgate antes de que te parta la cara —gruñó sin ninguna diplomacia, de manera brutal y abrupta.
Mis ojos se abrieron llenos de sorpresa.
“¿Él está defendiéndome?”
—S-signore yo no…
—¿Eres sordo? —preguntó sin alzar la voz pero aún así su tono pareció demasiado peligroso.
Sus manos se habían convertido en puños y el hombre enseguida salió corriendo antes de que él por fin se girara hacia mí.
—¿Acostumbras a estar a solas en los balcones con bastardos que admiran tus atributos, Briana? —dijo con los dientes apretados y un falso desdén, pero sus ojos parecían peligrosamente oscuros, evidentemente molesto—. Eso no ayuda mucho a tu reputación.
Ahí estaba él, acusándome como siempre de manera desdeñosa.
No sé si fue por mis hormonas de embarazada o que ya estoy harta de las provocaciones constantes de Salvatore pero en ese momento alcé mi mano y lo abofeteé con toda la rabia acumulada que tenía, con cada humillación que me había hecho sentir pequeña, como una intrusa.
—No vuelvas a hablarme así, Salvatore. No soy una cualquiera y aunque no te agrade tendrás que soportarme porque soy la esposa de Gianni, que te quede claro —solté molesta.
Intenté pasar por su lado pero sorpresivamente, me tomó del brazo y me giró con violencia, ocasionando que mi pecho chocara contra el suyo queriendo apartar aquellas sensaciones que experimenté alcé la cabeza para comenzar a discutir mientras empujaba su pecho pero en ese instante, su boca cayó sobre la mía en un beso que me dejó sin aliento, no solo por lo inesperado que fue, sino por lo que me hizo sentir.
