Capítulo 2 Capítulo 2
No podía evitar estar nerviosa mientras cenaba con los Di Stefano, quizás era tonto porque siempre cenábamos juntos pero esa noche Gianni y yo habíamos decidido contarles a todos que nos casaríamos.
Como si pudiera leer mi mente, Gianni tomó mi mano en ese momento, intercambiamos miradas que no pasaron desapercibidas para sus padres y sus hermanos pero en ningún momento miré en dirección de Salvatore.
Desde aquel día en la fiesta, había estado evitándolo lo más que podía, incluso aunque viviéramos en la misma casa.
—¿Gianni? —la voz enronquecida de su padre se hizo notar llamando a su hijo y ambos lo miramos.
—Briana y yo vamos a casarnos.
La expresión de su madre fue pura sorpresa antes de que una sonrisa cruzara su rostro aliviándome de inmediato y su padres asintió en aprobación.
—Sabía que pertenecerías a nuestra familia, piccola.
Por alguna razón, ella después de mirarme desvió su atención a Salvatore pero yo no me volteé a mirarlo, mantuve mi espalda recta pero al escuchar su risa seca y cortante contuve el aliento.
—¿Pertenecer? —preguntó con desdén Salvatore logrando que todos se giraran a mirarlo y el silencio se estableciera en la mesa—. ¿De verdad piensas desperdiciar tu vida con ella, Gianni?
No debían dolerme sus palabras pero lo habían hecho.
—¿Qué demonios significa eso, Salvatore? —siseó Gianni a mi lado.
—¿Qué va a significar? Evidentemente puedes tener a cualquiera que pueda moverse en el mundo de la mafia como nosotros, ella no es tu mejor opción. Pero está tan decidida en quedarse en la familia que ni siquiera le importa con cual hermano se quede.
Su brutal respuesta se clavó en mi pecho, sus palabras se repitieron en mi cabeza con crueldad, sentí la mano de Gianni apretar la mía y escuché el jadeo de su madre.
—¡Salvatore!
Él se levantó con una elegancia felina ignorando a los presentes y esta vez no pudo evitar mirarlo pero Salvatore tenía la mirada clavada en su hermano gemelo.
—Solo digo la verdad, aunque moleste.
Sin nada más que decir salió de la sala haciendo que todos se giraran hacia mí mientras que yo fingía una sonrisa aunque por dentro estuviera retorciéndome de vergüenza y dolor.
Si no fuera porque Gianni me necesitaba yo no estaría haciendo esto, me habría ido muy lejos de Salvatore y le daría esa satisfacción de alejarme.
—Piccola, él...
Negué con la cabeza restándole importancia.
—No es algo nuevo en él y realmente no me importa lo que diga —fingí frialdad e indiferencia porque no me quedaba de otra mientras que Gianni me atraía a un abrazo consolador en el que me fundí silenciosamente.
—¿Capo?
Salvatore gruñó dirigiéndose a su auto dándole una mirada mortal a su segundo al mando mientras que se quitaba la camisa ensangrentada.
Acababa de matar a un traidor pero en todo ese momento no había podido quitarse de la cabeza a Briana y Gianni. Ese era el día de su boda pero no dejaría que se casaran, él mismo lo impediría.
La furia ardía en sus venas y ni siquiera matar lo había calmado.
Se decía a sí mismo que todo era porque no debía permitir que la cazafortunas de Briana se aprovechara de su hermano, Gianni era débil y Briana era demasiado lista para su propio bien.
—Recoge a ese bastardo y deshazte del cuerpo —ordenó.
Dio un paso hasta su auto cuando los disparos estallaron de repente, las balas impactaron en el blindaje del auto rebotando y Salvatore sacó su arma junto a sus hombres defendiéndose del ataque.
Mató a unos cuantos hombres pero de un momento a otro, una bala rozó su cuello empapándole la camisa de sangre, pero aún así no dejó de darle órdenes ni de disparar. Sentía que la sangre salía a borbotones pero no se rindió.
—¡Llama a refuerzos!
Acababan de emboscarlo y esto solo dictaba que había un traidor entre sus filas, lo que lo hizo enfurecer mucho más.
—¡Están llegando! ¡Capo, está perdiendo mucha sangre! ¡Déjeme llevarlo!
—¡Sigue disparando, maledizione! —él nunca huía y no comenzaría a hacerlo ahora.
Viktor lo obedeció pero de un momento a otro, un disparo impactó en el pecho de Salvatore.
—¡Capo!
El tiempo había pasado demasiado rápido, y ahora no podía creer que estaba apunto de casarme con mi mejor amigo.
Gianni había sido mi alma gemela, habíamos estado unidos desde el primer instante en que sus padres me trajeron a casa y si ahora nos estábamos casando no era porque nos amáramos de la manera romántica, era porque ambos lo necesitábamos.
—¡Te ves tan hermosa, piccola! —exclamó la madre de Gianni después de que nos casáramos.
La boda fue exactamente como planeamos, discreta pero elegante, al estilo Di Stefano.
Pero Salvatore no había aparecido, nuevamente una confirmación de que yo no le importaba en lo absoluto y mi corazón dolió ante esa certeza.
Él solo quería alejarme de Gianni y al ver que no lo había logrado se había hecho a un lado.
"Se acabó, tengo que olvidarlo de una vez por todas."
Gianni apretó su agarre sobre mí despertándome de mis pensamientos.
—Bri, ¿Estás lista para irnos?
—Estoy lista —afirmé aunque dentro de mí sentí algo extraño.
Algo intenso que no supe cómo nombrar, un presentimiento que no sabía de dónde venía pero era malo.
