Capítulo 1 Capítulo 1
—¿Te estás divirtiendo?
Aquellas tres palabras me paralizaron, no por el desdén en ellas, sino por la voz que las pronunciaba.
Sentí que mis mejillas se enrojecieron sin poder evitarlo y mi corazón saltó bajo mi pecho antes de girarme a mirarlo. Quería ser inmune a él y controlar las reacciones de mi cuerpo cuando él estaba cerca, pero era imposible.
He estado enamorada de ese hombre por demasiado tiempo desde que era una niña y lo vi por primera vez.
Cuando Salvatore estaba cerca apenas podía pensar con claridad y aquel cosquilleo en mi vientre aparecía de manera casi vergonzosa.
—Entiendo que está clase de eventos suelen ser intimidantes.
La mirada que estaba dedicándome no era diferente a la forma en la que me había mirado por años desde que mis padres murieron y sus padres me trajeron aquí.
Pero por alguna razón mi cuerpo entero se encendía en llamas con la cercanía de Salvatore, a pesar de que él solo se acercara a mí para burlarse, como justo ahora.
Apreté mis dientes fingiendo indiferencia y dejé la copa que tenía sobre la mesa sintiendo su mirada fija en mí buscando intimidarme, pero esta noche yo no era la misma de siempre.
—No sé a qué te refieres, Salvatore. He venido a la fiesta de la empresa por años, por si lo olvidaste trabajo aquí.
—¿Cómo podría olvidarlo? Has estado viviendo de la caridad de mi familia desde siempre.
Esta vez sentí que mi pecho era golpeado brutalmente y mis pulmones se quedaron sin aire.
—¿Qué pasa? ¿Te quedaste sin palabras? —volvió a preguntar con una sonrisa desdeñosa que no llegó a sus ojos pues estos seguían mirándome con frialdad—. Deberías entender de una vez por todas cuál es tu lugar.
Su voz salió de manera fría, aunque suave. Algunas miradas, comenzaron a posarse en nosotros, incluso aunque Salvatore no alzara la voz, evidentemente todos sabían lo que él estaba diciendo y al ver la satisfacción en su rostro, entendí que quería humillarme, a pesar de que siempre tratará de alejarse de mí, jamás había hecho algo como esto.
Un frío punzante me recorrió la espalda, de pronto respirar dolía demasiado.
Él acababa de destruir una ilusión que yo sola alimenté por años con el pensamiento absurdo de qué él en algún momento se enamoraría de mí, pero en definitiva lo que más me dolió, no fue que me recordara que no pertenecía a este mundo en el que había crecido, sino que jamás pertenecería a su corazón y que todo lo que yo sentía por él era meramente unilateral, nada de lo que yo dijera o hiciera iba a hacer que Salvatore cambiara su actitud hacia mí.
“Qué estúpida fui, Dios.”
Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero parpadea para apartarlas en la necesidad de no mostrarme débil ante nadie mucho menos ante él. No iba a darles esa satisfacción.
Intenté pasar por su lado encontrándome con la mirada de Gianni a la distancia. Entonces él se movió bloqueando mi huida sin tocarme.
Su cuerpo estaba demasiado cerca lo que me hizo captar el aroma del perfume que siempre me había vuelto loca, al levantar la mirada algo a mi alrededor, se sintió demasiado intenso, casi prohibido y peligroso, pero estaba segura que solo yo era la que lo sentía y un escalofríos traicionero golpeó mi corazón, una vez más atrapándome en aquellos ojos intensos que nunca había podido descifrar.
—Siempre estás manipulando a Gianni, él es demasiado ingenuo como para darse cuenta, ni siquiera si logras engatusar a mi hermano obteniendo su apellido y dinero lograrás lo que quieres, no confundas hospitalidad con pertenencia, Briana —dijo con cinismo cruel.
—Tranquilo Salvatore, estoy segura que tu hermano sabe muy bien lo que hace y no es tan ingenuo como crees. Por mi parte solo puedo decir que no todos tenemos la suerte de tener todo a nuestros pies por el apellido que llevamos, algunos tenemos que asegurar nuestro futuro donde podemos —añadí con rabia e indiferencia controlada.
Vi como sus ojos oscurecían y su mandíbula se tensaba evidentemente sin esperar mi respuesta.
Él se había hecho una imagen absurda de mí, pues bien, yo la estaba alimentando.
A partir de este momento no dejaré que él me humille.
“Esta es la última vez que pisoteaste mi corazón, Salvatore.”
Esta vez lo rodeé sin que él pudiera impedirlo y nuestros hombros se rozaron inevitablemente al pasar haciendo que sintiera como una descarga eléctrica me recorría pero me decidí a ignorarlo y me dirigí al baño.
Pronto comencé a escuchar pasos viniendo detrás de mí, pero cuando me giré no era Salvatore quien me había seguido sino Gianni quien me miraba con preocupación.
Sus manos enseguida se cerraron en mis brazos con suavidad.
—Bri, ¿Estás bien?
—Estoy bien —afirmé, pero tanto él como yo sabíamos que no era cierto.
Gianni me conocía demasiado bien como para creerlo.
—Salvatore a veces dice cosas que no quiere decir…
Pero no quería pensar en Salvatore, he pasado el resto de mi vida haciéndolo, respiré hondo antes de hablar.
—Gianni, la propuesta que me hiciste…
Él abrió los ojos sorprendido por el repentino tema.
—Aceptó, quiero casarme contigo.
—¿De verdad, Bri? No tienes que…
—Quiero hacerlo, de verdad.
Gianni sonrió enseguida y sus ojos brillaron mirándola con emoción.
—Entonces lo haremos cuando tú quieras, mi madre estará encantada en ayudarte con los preparativos —empezó su retahíla emocionada.
—Hay algo más.
—Lo primero que quiero cuando estemos casados es… un hijo.
Él parpadeó aturdido pero rápidamente su expresión cambió.
—¿Un hijo?
—Sabes qué ha sido mi sueño desde siempre, quiero ser madre.
Gianni la atrajo enseguida a un abrazo protector y besó su coronilla con ternura.
—Te daré todo lo que quieras, Bri. No lo dudes, si quieres un hijo, entonces lo tendremos.
Ninguno de los dos se percató de que alguien los oía.
Salvatore había seguido a Briana para disculparse por haber sido tan brusco, quería alejarla de Gianni pero sabía que todos en su familia la querían.
No se había esperado encontrarla con su hermano, pronto escuchó cada palabra y su cuerpo se tensó ante la sensación salvaje que lo golpeó cuando la imagen de Briana embarazada de Gianni se apoderó de su cabeza, era como si una bala hubiera atravesado su pecho con un disparo.
“No voy a permitirlo.” Pensó el hombre con determinación obstinada.
Ya había tomado una decisión, ese matrimonio, no iba a ocurrir bajo ninguna circunstancia.
Costara lo que costara haría que Briana se alejara de su hermano.
