DESTINADOS. Condenada a amarlo.

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Capítulo 7 Esto no es un secuestro

Valentina

Fui abriendo los ojos poco a poco, mientras me adaptaba nuevamente a la luz. Unos segundos después la realidad me dió un fuerte golpe, y no, no hablo del que recibí en la nariz rompiéndome las vena, sino de la cruda circunstancia en la que me encontraba. Pude ver dos asientos frente a mí, estaba en un auto que no era el mío. Caí en cuenta de que yo estaba acostada, y tragué con dificultad al reconocer que la mitad de mi cuerpo estaba recostada sobre alguien. Sentí una mano sujetando un pañuelo contra mi cara, y cuando abrí los ojos lo más que pude noté manchas rojas en partes que sobresalían de la tela blanca. Por supuesto, era sangre, así de fuerte me había golpeado que hasta perdí el conocimiento.

—Ya despertó, señor —una voz ronca salió del asiento de copiloto, y vi a través del espejo retrovisor como clavaba sus ojos oscuros en mí, el muy chismoso.

—¿Estás bien? —Entonces escuché su voz, esa sí me gustaba solo por sentirla diferente al resto. Tenía algo peculiar que me envolvía, era extraño y familiar. Me jaló por los hombros y me ayudó a incorporarme en el asiento. Sí, estaba tumbada sobre las piernas de Thompson—. Te golpeaste contra Kendrick.

—Yo soy Kendrick —se presentó el del asiento del copiloto, era un hombre fuerte de cabello rapado y ojos verdes, fue todo lo que pude apreciar a primera instancia.

—¿Era necesario llegar a este punto? —le pregunté, retirándome el pañuelo ensangrentado de la cara.

—Por supuesto que no, tú fuiste quien salió huyendo como loca de tu propia casa, podíamos haber salido como dos personas normales. Ven, te tengo que limpiar —dijo recibiendo en sus manos una botella de agua que le pasó el otro sujeto, sacó un pañuelo del bolsillo de sus pantalones y lo humedeció—, inclínate.

Obedecí como una estúpida sumisa, no sé si fue por como me lo exigió o si sus ojos se ese color tan extraño me hipnotizaron. El agua estaba helada, pegué un respingo y me quedé por lo bajo mientras frotaba alrededor de mi nariz. Se rió, el muy desgraciado, cuando descendió a mis labios. Y yo que muy santa no soy, los lamí para ver su reacción.

—Puedo interpretar ese gesto como me de la gana, ¿sabías? —empezó a decir y escuché al tal Kendrick reírse bajito disfrutando del espectáculo—. Tú decides si repetirlo o hacerte la tonta.

—Creo que estás alucinando, Thompson.

—Es tu culpa. Listo —cortó el tema cuando terminó de limpiarme, y me di una bofetada mental para volver en mí misma. ¿Qué hacía tanteando descaradamente con ese hombre en lugar de exigir mis derechos?

—Si esto no es un secuestro entonces qué nombre le ponemos.

—Digamos que es el inicio de lo mejor que te va a pasar en la vida.


No me podía creer que eso me estaba pasando a mí. Fueron años muy manejados para que nada saliera mal; yo era la esposa de un político y nada más, así debía continuar hasta que los problemas de mi padre se resolvieran y la imagen de Sebastián estuviera más que limpia. Y ahí estaba, entrando a una finca inmensa con tres desconocidos sin tener la certeza de mi papel en todo eso. ¿Por alguna vez en mi vida me tocaría elegir a mí? Era la segunda vez que me obligaban a algo en contra de mi voluntad, al parecer estaba destinada a que hicieran conmigo lo que les daba la gana.

—Aquí estaremos alejados de todo y todos, nadie te encontrará —me informó mientras bajábamos del auto—, relájate un poco, te estoy salvando de los que dicen ser tu familia y me miras como si yo fuera un verdugo.

—¿Y no lo eres?

—Sí, pero no contigo, para ti tengo otros planes —me dijo, extendiéndome su mano la cual tomé con recelo.

—¿Necesitas algo más o ya podemos irnos? —preguntó Kendrick detrás de nosotros, acompañado por el chófer del auto que nos trajo, ese ya era mucho mayor y no decía ni una palabra.

—Ya váyanse. Ken, dile a Megan que reserve el estudio para mí mañana.

—Entendido, mi rey.

—Imbécil ya lárgate.

El rapado se marchó con un caminar despreocupado y entendí que entre ellos había algo más qué una relación de jefe y empleado. Admito que me agradó ese lado amistoso de Demian, quizá porque de alguien como él no me lo esperaba.

Entramos a la gigante casa rodeada de establos y algunas lagunas, prometiéndome darle un recorrido una vez estuviera instalada. No sabía por qué, pero en lugar de estar aterrada me sentía como si llegara a un campismo de verano. Quizá porque estaba cansada de pretender que mi vida me agradaba cuando por dentro solo quería salir corriendo. Aunque con "salir corriendo" no me refería literalmente a esto.

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