Deseos Peligrosos

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Capítulo 2 Esta soy yo.

Esta soy yo Julieta Spencer de 18 años, una estudiante de primer año de universidad que está estudiando en una universidad no muy lejos de casa. Mi cabello negro azabache y ojos marrones, para mi edad ya tenía un cuerpo bien proporcionado en los lugares correctos, con una pequeña cintura estrecha, con una estatura de 1,70 cm.

Nunca conocí a mi padre y mi madre murió en un accidente automovilístico cuando tenía siete años, pasando automáticamente toda mi tutela a mi padrastro;

Kenny Haper, uno de los magnates más rico y cotizado del continente europeo. Agreguémosle jodidamente sexi a sus 36 años.

¡Joder! Ese hombre es un jodido Dios Adonis andante, ya puedo sentir mis babas de solo pensarlo.

Lo que me hace sentir culpable.

El sentimiento que tengo por mi padrastro está mal visto por la sociedad.

Sin embargo, no puedo evitar el sentimiento.

Si amar a mi Padrastro puede llevarme por el camino de la condenación y la denuncia, entonces no dudaré en seguir esa línea.

Después de todo, él tiene la culpa.

Su rostro y la forma gentil en que me trató hicieron que me enamorara de un hombre del que se suponía que no debía, es el hombre que estuvo enamorado de mi madre, el cual ella lo obligó a prometer en su último aliento que tenía que protegerme y cuidarme.

Es un hombre por el que no debería haber desarrollado sentimientos.

Pero soy inmune a esa moral.

Después de todo, el corazón no puede ayudar a quien ama...

Estaba sentada frente a mi tocador, recogiéndose el cabello en una cola de caballo, para poder bajar a desayunar y luego salir a la universidad, cuando tocaron la puerta.

—Julieta…

Una sonrisa irradió en mi rostro, sabiendo exactamente a quién pertenecía esa voz.

—Adelante —dije terminado de hacer mi cola de caballo.

La perilla de la puerta giro lentamente y muy pronto la puerta se abrió y allí estaba él con mi desayuno en una bandeja, luciendo impecable con su traje negro a medida, camisa blanca, corbata roja opaca y zapatos de cuero hechos a mano, completamente nuevos y brillantes. Su rostro estaba esculpido con precisión, nariz aguileña, con cejas espesas, ojos, joder, esos ojos verdes eran mi perdición cada que los miraba.

Dondequiera que fuera, las mujeres caerían rendidas a sus pies, sin duda.

—Buenos días, sol.

—Buenos días, Kenny. ¿Cómo estuvo tu noche?

—Bien —dijo dejando la bandeja sobre mi cama que contenía panqueques, crujientes por ambos lados, tal como me encantan y una botella de jugo de naranja—. ¿Cómo estuvo la tuya?

—¡Hermosa!

—Juliet-

Mi teléfono eligió ese momento para soñar.

Me levanté apresuradamente de la silla en la que estaba sentada y corrí hacia mi cama.

Respondí la llamada en el momento en que vi el identificador de la persona que llama.

—¿Marcó?

—¿Estás lista? Te estoy esperando afuera. No lo olvides, prometiste ayudarme con mi tarea —apresuró las palabras en el momento en que respondí la llamada.

—Mierda…

Tragué saliva cuando noté la mirada oscura de mi Padrastro cuando usé la mala palabra.

—¡Bajaré en unos minutos! —desconecté la llamada—. Ese es Mark. Me está esperando abajo —llevé mi mochila y metí mi teléfono en ella.

—Julieta, porque no puedes ir tranquilamente con el chofer -

—Te amo, papá. —Tomé el jugo de la bandeja que trajo y le di un beso en la mejilla derecha antes de salir corriendo de mi habitación, llevando el jugo con mi teléfono.

No fue hasta que di tres pasos que me di cuenta de algo.

Mi padrastro todavía está en mi habitación.

Sin embargo, ese es el menor de mis problemas. Me preocupa que pueda husmear.

Y ese, ahí mismo, es el problema.

No necesito que vea los juguetes que tengo en mi cajón.

Me apresuré a regresar a mi habitación. —Ken, ¿qué sigues haciendo aquí? —fruncí los labios y arqueé las cejas.

Todavía estaba parado en el mismo lugar en el que estaba cuando me fui.

Sin embargo, existe la posibilidad de que empiece a husmear en el momento en que salga de casa.

—¿Qué pasa? ¿Olvidaste algo? —se volvió hacia mí.

—Sí. Te olvidé, papa —le puse los ojos en blanco—. ¿Puedes salir de mi habitación? Necesito cerrarla.

—¿Ciérrala? —parecía confundido—. ¿Por qué quieres cerrar tu habitación si nunca lo has hecho antes?

—Ya soy una adulta. Necesito mi privacidad más que cualquier otra cosa. Así que... —me detuve.

—Mmm. —Se giró para irse.

—¿Los panqueques que hiciste? —levanté una ceja ante la bandeja que estaba dejando atrás.

—Oh.

Cargó con la bandeja e hizo ademán de irse, pero tomé un panqueque y le guiñé un ojo.

—Gracias por esto —le di un mordisco—. Delicioso como siempre. —Lamí mi labio inferior antes de mirarlo.

Podría jurar que estaba mirando mis labios. Pero esa es mi imaginación.

No hay manera de que él pueda estar mirando mis labios, no este padrastro mío, te lo digo.

—Puedes tomar más. No es que pueda terminarlo todo. —Señaló la bandeja que tenía en la mano.

—Gracias, pero me saltaré. —Volví a colocar el panqueque a medio comer en la bandeja—. Mark me comprará el desayuno a cambio de mi ayuda.

Parecía que Kenny quería decir algo, pero al final, solo negó con la cabeza.

—Nos vemos cuando regreses. —Dio media vuelta y se fue.

Cuando Kenny se fue, cerré la puerta y me guardé las llaves en el bolsillo.

—¡Te veo esta noche! —le grité antes de salir corriendo de la casa.

Mark vino con su coche, que era un Corvette Z06 rojo.

Su padre se lo regaló como regalo de cumpleaños hace tres semanas.

—¡Chico, seguro que eres genial! —me apresuré y me subí a su auto.

—Buenos días a ti también —respondió sarcásticamente.

A diferencia de él, lleva unos vaqueros azules y una sudadera con capucha negra.

Su cabello castaño, que se cortó hace dos semanas, parece tener más longitud. Parece que pasó la mano por él innumerables veces, o podría haber sido demasiado vago para usar un peine.

—¿Por qué te pones una sudadera con capucha? ¿Intentas empezar el semestre con fuerza? —arrugué la nariz.

Él sonrió, —Adivina qué, Julieta.

—¿Qué es eso? —intenté no parecer emocionada—. Sabes, no soy bueno adivinando.

—¿Por qué no lo adivinas? Si no lo consigues después del segundo intento, te lo diré —golpeó con un dedo el volante.

—¿Tu padre te consiguió otro coche? —incliné la cabeza hacia un lado—. ¿No es demasiado?

Él puso los ojos en blanco. —No me compró otro auto. Aunque pronto comprará otro. Pero no ahora.

—¿Qué más se puede adivinar? ¿Conseguiste una nueva novia? ¿Tu gato dio a luz a una camada? ¿Tu perro peleó con tu gato, otra vez? —casi suspiré.

Él se rio entre dientes: —Tienes una imaginación muy interesante, Juli. Pero no es eso —levantó el dobladillo de la sudadera con capucha—. ¡Me hice un tatuaje!

—¡¿Qué?!

Miré su abdomen una vez suave. Ahora tiene un tatuaje de Cuervo, con pequeños grabados a su alrededor.

—¿No es hermoso? —preguntó con aire de suficiencia, pareciendo alguien que había ganado la lotería.

—¿Hermoso? ¿Por qué te hiciste un tatuaje, Mark? —le di una mirada fulminante.

Se encogió de hombros. —Siempre quise tatuarme la piel, Julieta. —Se animó—. Te encantan los tatuajes, ¿no? Entonces, ¿qué piensas de los míos?

En un dicho.

La verdad es que no me gustan los tatuajes. Bueno, aparte del cuerpo de un hombre en particular.

Pero no hay manera de decirle eso.

Mark ha sido mi amigo desde que teníamos la edad de los pañales. Su padre era profesor de Kenny cuando él iba a la universidad.

Por eso me hice amigo de su último hijo. Y somos amigos desde hace 10 años.

Él sabe la mayoría de las cosas sobre mí.

Bueno, aparte de los sentimientos impíos que tengo por mi padrastro, por quien se supone que no debo sentir nada.

—¿Entonces, qué piensas? —repitió, luciendo expectante.

—Hermoso. —Forcé una sonrisa—. Es hermoso. ¿Dónde te lo tatuaste?

Le pregunté por qué sabía que él desearía que le preguntara eso.

—Al lado del centro comercial. Me encontré con su anuncio en una aplicación, así que decidí echarle un vistazo. ¡Juli, ese tipo es extraordinario!

—Mmm. —Levanté una ceja—. ¿Tu padre sabe sobre esto?

—No. No puedo arriesgarme. —Se estremeció: —Esta vez, no será tan simple como castigarme. Podría cortarme la asignación.

—Sin embargo, te hiciste un tatuaje.

Se encogió de hombros. —Lo hice por una razón. No puedes culparme por eso.

—¿Cómo piensas ocultárselo a tu familia? ¿Usar una sudadera con capucha o una camisa toda tu vida? —fruncí los labios.

—Lo pensaré cuando llegue el momento. Pero por ahora, estoy feliz de haberme hecho el tatuaje. —Él me guiñó—. ¿No siempre has sido un fanático de los cuervos?

Y este es otro malentendido más.

No me gustan los cuervos, a Kenny sí. Solo dije que me encantaba cuando Mark me sorprendió dibujando uno.

Para salir de esto, le dije que amo a los cuervos y eso se quedó.

La mayoría de las veces me llama chica cuervo para burlarse de mí.

Nunca le he regañado. Simplemente, le dejé asumir lo que sea.

—¿Julieta?

—¿Julieta?

Me sobresalté por la llamada.

La mayoría de las veces, perderme en mi cabeza me hace olvidar el mundo que me rodea.

—¿Qué ocurre?

—Te alejaste de mí por un momento- —Soltó el dobladillo de su sudadera con capucha—. ¿Tu padrastro no se ha ido? —hizo un gesto con la cabeza hacia la mansión.

Me volví ante sus palabras.

Por supuesto, mi padrastro se paró frente a la puerta con los brazos cruzados y miró fijamente al auto.

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