De CEO a vaquero

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Capítulo 5 5. Highlands 2

Se que si la primera esposa del señor Oliver estuviera vivo me dejaría abrir el centro que tengo pensado y no sólo eso, se que me ayudaría. Pero luego de que murió el señor Oliver y su hijo jamás volvieron. 

Luego de un día duro de trabajo, nos sentamos a ver el juego de fútbol, los chicos se ponen algo bulleros, la comida es la orden del día. Son hombres que trabajan en el campo y me incluyo cuando digo que comemos demasiado y que quemamos muchas calorías, aunque mi cuerpo no se note, como igual que estas bestias del campo. 

—Deberíamos de salir el viernes en la noche— se le ocurre a Nicholas— vamos, quiero divertirme. En el bar de Boomer podemos hacerlo. 

—Solo hay dos bares aquí —decrete— el de Boomer es el mejorcito— todos se ríen — salgan si quieren, el sábado debo levantarme temprano para llevar unos caballos a dos pueblos de acá. 

—Es verdad —les recuerda Dylan —no van a dejar a Cass sola ¿o sí? 

—No… Váyanse, no tengo problemas — alegue —el viernes los dejamos en el remolque y listo. 

—Esa es mi Cass —dicen los gemelos Jim y Jack, dos estadounidenses que buscaban escapar de su pasado, mi padre los acogió bajo su ala y más nunca se fueron. 

Luego del juego en el cual perdió Escocia, me fui a descansar. 

—Cass, ¿estás despierta? —pregunta Duncan del otro lado justo cuando estoy poniendo mi cabeza en la almohada— vamos nena, dejame entrar. 

Me quede quieta en la cama y simplemente deje que se cansará de tocar. Duncan era guapo, de cabello color chocolate y de metro setenta y cinco y unos lindos ojos color verdes con azul y grises, todo un bombón con ese cuerpo trabajado en el campo, un eterno bronceado no sólo por sus raíces sino también el sol de las highlands por su trabajo en el campo, simplemente no se por qué la llama se apago mucho antes de que él se viera con Jazmín, es solo que cada vez que intentaba decírselo él cambiaba el tema. Hasta que me empecé a cansar de querer decírselo y entre en esa comodidad de la que te da flojera salir para no lastimar a nadie, pero verlo revolcarse con Jazmín me dio la excusa perfecta para no volver jamás con él. 

¿Es que no se da cuenta? 

Ya lo suyo a de ser capricho. 

La semana pasó igual que siempre, cuidando y criando a los caballos, arreglamos una cerca que se daño a noreste del rancho y no pasó nada muy interesante luego de eso. Duncan no dejo de insistir y Dylan más de una vez me tuvo que salvar de su insistencia. 

Es viernes en la noche y los chicos sea fueron a parrandear y ver si hay turistas a las cuales embaucar, Duncan se fue con ellos, los chicos le insistieron para que se fueran todos y él aceptó. Gracias a San Ninian. 

No muchas veces pasa pero, hay veces que me quedo como hoy. Sola. Estaba en ropa interior comiendo pollo frito que me dejó uno de los gemelos en el horno y me fui a por una cerveza, escucho como carraspean y giro mis ojos astiada, seguro es Duncan que se devolvió en un descuido de los chicos.

¡Adiós a mi viernes por la noche! 

Me levanto y bebo un gran trago de mi cerveza fría y me giro, lo primero que veo son unos pulidos zapatos que se que no son de los chicos, trago grueso y sigo subiendo la mirada veo unos fuertes muslos en fundadas en un traje una cintura pequeña, un torso musculoso que no se puede esconder en ese maravilloso traje, levantó mucho la cara para ver su esculpido rostro. Madre. Del. Amor. Hermoso. 

Gracias San Ninian. 

Su mentón es cuadrado con una barba de dos días perfectamente cuidada, su nariz recta delgada, unos labios gruesos que no parecen de este punto mundo, veo sus ojos que son como los de un gato, entre miel y dorado y esas perfectas cejas pobladas y negras la dañan un pequeño corte en su ceja derecha, su cabello es negro azabache y un poco ondulado, esta bien peinado y aún así su cabello parece un poco rebelde. Lo veo detallandome y luego observo que estoy viendo a un perfecto extraño. 

Corrección, me estoy comiendo con los ojos a un extraño que capaz y quiere matarme. 

—No quiero matarte— dice divertido. 

—¿Eh? — hundí el ceño confundida. 

—Dijiste que estas comiéndote con los ojos a un extraño que capaz y quiere matarme— levanta la ceja mientras repite—no quiero matarte. Tal vez follarte. 

—¿Qué —parece que me comió la lengua el gato y que se perdió mi capacidad de hablar. 

El extraño hace una seña hacia mí con sus labios y su dedo, lentamente veo hacia abajo y veo mi escasa ropa, de repente recuerdo por qué estoy sola en la casa, por que estoy medio desnuda y salgo corriendo y me paro detrás del mesón lejos del tipo. 

—¿Quién coño eres? 

—¿Quién eres tú? — me regresa la pregunta. 

—Hágame el favor de decirme que diablos hace aquí y quien es usted. 

—Soy Balthazar Lennox y estás en mi hacienda, o tal vez me equivoque de hacienda —me levanta las cejas y veo las maletas y el traje y uno los puntos. 

Me relajo un poco, no es tan extraño y olvidándome de mi poca ropa le tiendo mi mano. 

—Mucho gusto Balthazar, soy Cassidy y yo cuido el rancho— me recibe la mano la estrecha acercándose y quedándose a tan solo un metro. 

—¿Siempre vas vestida así para trabajar? 

—Solo cuando el calor es insoportable. 

Se me acerca como un lobo a su presa. 

—¿Aquí no trabajan hombres? —pregunta intrigado viendo a todos lados. 

—Trabajan…. Pero justo ahora están en el bar de Boomer. 

No tengo idea de porque le doy explicaciones, pero se las doy de igual forma.

—Entonces tenemos la casa para nosotros — me dice con esa voz ronca y lobuna. 

No se en que momento se acercó tanto y lo tengo a un suspiro. Baja su cara para quedar a la par de la mía y sonríe. Mis piernas tiemblan

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