Capítulo 2 2. Alguien más capacitado
La pegue a la ventana que da al exterior y las calles de Londres estaban atestada de gente este viaje de negocios estaba siendo fructífero, cualquiera que volteara a ver hacia arriba la vería desnuda y recibiendo el placer que yo le daba, el verse exhibida hizo que su vagina sensible se apretara alrededor de mi verga nuevamente.
—Te gusta que vean como te taladro el coñito moreno— espere mientras mis caderas arremetian contra su culo.
Ella no respondió pero su vulva volvió a ondularse alrededor de mi pene dándome una respuesta que me hizo gemir. Enganche su pierna derecha a mi antebrazo y la pegue más al vidrio, su capullo expuesto, así como todo su cuerpo recibió el frío cristal de la ventana y ella gimio y jadeo fuerte. Embesti en su interior una y otra vez soportando la mayor parte de su peso.
—Frota ese bonito e hinchado botón— sus manos sostenían su equilibro del cristal pero enseguida colo una mano entre su cuerpo y este y comenzó hacer círculos.
Su vagina obtuvo lo que quería un tercer y último demoledor orgasmo su humedad recorrió mis bolas y se escuchaba el golpeteo de nuestras pieles sudada en toda la habitación, todo eso sumado a su coño ordeñando mi verga me permití dejarme ir, en cuatro estocadas profundas me corrí en el condón.
Luego de recuperar la compostura la llevé a su cama y la dejé desmadejaba y con una sonrisa satisfecha mientras me fui al baño, me encargue del condón y me lave rápidamente, salí y me puse mi arrugado traje mientras ella volvía un poco en sí.
—¿Ya te vas? —pregunta entre soñolienta y herida.
—Sí, mañana tengo un almuerzo de negocios.
—Puedes quedarte e irte en la mañana.
—Yo nunca me quedo a dormir— arregle mis gemelos e ignore mi traje arrugado mientras le eche un vistazo rápido —fue un placer conocerte.
—Ni siquiera recuerdas mi nombre ¿cierto?
—Cierto— no me gustaba mentir, no veía la necesidad.
—Eres un desgraciado hijo de puta.
—¡Ey! Que mi madre no te ha hecho nada — me gire en mis talones furioso y me largue de ese lugar.
Cada lunes llegó a mi trabajo a las seis de la mañana como ya es costumbre, las oficinas abren a las ocho por lo que no hay ni un alma alrededor, abro mi oficina con una clave especial que se cambia cada tres días y me siento detrás de mi escritorio, prendo mi computadora, busco mi pluma de oro en el cajón de mi escritorio, reviso una pila de documentos que tienen que ser firmadas y en lo que mi computadora se enciende busco la bolsa de valores, todos los días sigo mi rutina de manera rigorosa, no importa que mi rutina no se interrumpe. Mi rutina es una de las cosas más importante para mí, estoy encargado de una multinacional y desde hace diez años que mi padre me dejó a cargo de ella y la he hecho crecer el doble, mi trabajo principal es comprar empresas pequeñas, desmantelarlas, armarla y venderlas al mejor postor, soy como un sabueso en cuanto a ofertas se habla. No por algo me llaman wolf.
Somos la multinacional más grande del mundo, somos innovadores en tecnología, armas, medicina y mi especialidad edificios y empresas antiguas listas para restaurar y vender, Elliot McNeill se encarga del área de medicina, Camilo Baxter es el encargado en el área de armas, Jazziel Dunn es el experto en el área de tecnología de la nueva era y todos somos mejores amigos desde la universidad, cuando mi padre me hizo un llamado de querer jubilarse le dije que cambiaría la manera de ver la empresa, la llevaría al futuro y el acepto.
—Señor Lennox, tiene una llamada urgente de su padre— la voz de mi asistente interrumpe mi trabajo por el intercomunicador.
«Hablando del diablo» pienso
—Dile que estoy en una junta, Rita— apretó el botón para responder.
—Ya intente eso señor, dice que y cito: si no contesta el maldito teléfono estaré montado en un avión para hablar personalmente con él.
—Pasa la llamada Rita y muchas gracias —bufé, tomando la llamada —padre, no es necesario hacer estas cosas.
—Lo son si juegas a ignorar al hombre que te engendro, Balthazar.
—¿Qué es lo que quieres padre?
Mi padre esta en su segunda luna de miel con Rosa su esposa, que me amenace con que va a interrumpir su luna de miel por mí, es un golpe bajo. Rosa no me lo perdonaría.
—La hacienda Las Colinas, esta teniendo problemas y te necesito allá.
—Contrata a alguien padre, sabes que estoy saturado de trabajo.
—El capataz murió Balthazar, solo queda su hija Cass y sabes que siento un cariño especial por esas tierras— la voz de mi padre se quiebra un poco al pensar en mamá —solo quiero que estés dos semanas como máximo y que veas como está la hacienda, si todo marcha bien dejo a su hija en el puesto de su padre.
—Es una mujer padre, debería buscar a alguien más capacitado.
—No subestimes el poder de una mujer Balthazar, esa chica creció entre los caballos de esa hacienda y según lo que su padre me decía, tenía más bolas que cualquier hombre del lugar.
Resople divertido aún así accedí, por la memoria mi madre.
—Bien, en una semana me acerco y solo pasare una semana.
—Gracias, Balthi— dice el nombre que mi madre me decía de niño— me quedo más tranquilo si tú vas.
Me despido de él y quedamos en que nos veremos a su regreso, lo cual no será sino dentro de dos meses.
Me quedo pensando en la hacienda, hace mucho tiempo que no voy al rancho, la última vez que fui mi madre había enfermado y ni mi padre ni yo queriamos nada que nos la recordará.
