Casados por accidente

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Capítulo 5 Un novio falso

Lorena estaba en su cuarto dando vueltas mientras esperaba a que llegara el momento. Solo faltaba media hora para que todo comenzara.

—No... Debo hablar con mis padres antes y explicar todo —se dijo. Salió del cuarto y bajó a la sala.

Allí estaba toda su familia reunida. 

—¿Por qué no te has cambiado? —preguntó la señora Camila.

—Es que… Mamá, tengo algo que decir —informó Lorena.

—Mi jefe está a punto de llegar, debes arreglarte —ordenó la señora.

—Pero lo que voy a decir es muy importante —insistió Lorena.

—Hija, ya nos dirás después, esto es más importante —explicó su padre.

En aquel momento se escuchó el timbre. 

—¡Ya llegaron! —soltó Marcela corriendo a abrir la puerta.

Lorena volteó y vio cuando la puerta se abrió, su corazón comenzó a palpitar muy rápido, sus piernas se volvieron débiles y sus pupilas se llenaron de lágrimas, ese era su fin. Frente a ella apareció la silueta del señor Vides junto con su hijo Cristian.

—Buenas noches —saludó Marcela sonriente mientras los hacía pasar.

La mirada de Cristian empezó a buscar a su supuesta novia, y claro, no tardó en clavarla en Lorena. Los dos se observaron detenidamente, el rostro del joven se vio muy pensativo al ver que se trataba de aquella chica rara que últimamente estaba apareciendo en sus días rutinarios.

—Hola... —soltó Lorena con nerviosismo.

—¿Y su esposa? —preguntó la señora Durán. 

—Ella no pudo venir, está en un viaje con sus amigas, pero ya está enterada de todo y cuando regrese haremos una comida en mi casa —explicó el señor Vides. 

Cristian no dejaba de reparar hasta lo más mínimo de Lorena. La joven tragó en seco, tenía que desmentir todo antes de que lo hiciera Cristian “será lo más penoso que voy a pasar en la vida, pero este es el costo de mi mentira” pensó. 

—Disculpen… —trató de decir. 

—La mesa ya está lista, por favor, pasen —informó Marcela. 

Todos con unas sonrisas enormes desplegadas en sus rostros comenzaron a caminar hasta llegar al comedor y se sentaron. El señor Vides no dejaba de elogiar lo deliciosa que se veía la cena. Lorena quedó paralizada llamando la atención de todos, pronto el lugar se consumió en un silencio absoluto con todos los ojos puestos en ella. 

—¿Qué sucede hija? —preguntó el señor Durán. 

—Este… —trató de hablar, sus manos comenzaron a sudar y los dedos no dejaban de jugar entre sí.

—Hija, ven a sentarte —ordenó su madre, aunque tenía una sonrisa desplegada, Lorena sabía que se estaba enfadando. 

—Tengo algo que decir —informó la joven. 

—Por tu cara parece que no es algo bueno —dijo el señor Vides. 

—¿Por qué no lo dices cuando terminemos de cenar?, tengo hambre —dijo Cristian. Eso sorprendió a la muchacha. 

—Sí… Yo también tengo mucha hambre, es muy raro que mi mamá haga carne asada —insistió Flor. 

—¡Flor! —regañó la señora Durán. 

—Ah… Bueno —Lorena empezó a caminar hasta sentarse al lado de Cristian quien le mostró una sonrisa al cruzarse sus miradas. 

¿Qué era lo que estaba sucediendo?, él no había desmentido nada, al contrario, hablaba con los padres de Lorena y los llamaba “suegros”, así que le estaba siguiendo la corriente. Lorena estaba muy, pero muy confundida ¡¿por qué lo hacía?! 

—¿Cómo se conocieron? —preguntó de repente el señor Vides. Cristian y Lorena cruzaron miradas y después el joven se dispuso a explicar. 

—Lorena era nueva en el colegio, se había perdido el primer día y cuando me preguntó por el salón de matemáticas yo la ayudé, desde ese día solíamos encontrarnos mucho en los descansos. No fue nada del otro mundo, pero, desde que la vi, me gustó mucho —respondió Cristian. 

Todos quedaron paralizados con lo que habían escuchado, al parecer se les hacía muy difícil creerlo. Las hermanas de la muchacha parecía que aguantaban una carcajada y la señora Durán limpió su garganta para después tomar algo de jugo. 

—Así que sí era cierto —soltó el señor Durán muy sorprendido. 

—¿Por qué se sorprende tanto? —inquirió Cristian. 

—Ah… Es que antes creíamos que Lorena era lesbiana —respondió Flor con un tono de burla. 

Lorena quería morirse en ese instante, su familia no podía ser más imprudente. 

—No… pero solo era una suposición, ya nos confirmaste que no es así, de hecho, hacen una linda pareja —explicó Marcela con una gran sonrisa desplegada en su rostro un tanto fingida. 

Cristian volteó a mirar a Lorena quien se ruborizó mucho e inclinó la mirada. Después, todos siguieron comiendo y los temas de conversación se alejaron de Lorena, algo que para la joven fue un alivio.

Habían terminado de cenar, los adultos hablaban tranquilamente en la sala, mientras, Lorena y Cristian se fueron al patio de la casa para hablar en privado. 

—Lo siento mucho, perdón —se disculpó Lorena con solo verse ya en el patio. 

Cristian volteó a verla, la chica tenía la cabeza agachada, sus palabras se habían escuchado bastante maltratadas. 

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Cristian. Se sentó en un sillón— siéntate, hablemos. 

Lorena alzó la mirada y con algo de torpeza se sentó frente a Cristian. 

—Este… Lo que sucedió… Es que hubo un malentendido, no sé cómo fue que mi madre terminó creyendo que tú eras el novio del que le estaba hablando —explicó Lorena. 

—¿Si tienes novio? —inquirió Cristian. 

—No…. Claro que no, ¿quién se va a fijar en mí? —Lorena dejó salir un suspiro—, todo fue una mentira que dije para que me dejaran de molestar con eso de que soy lesbiana.

—¿Por qué no les aclaraste que todo fue un malentendido?

—Lo iba a hacer hoy, antes no había encontrado la manera, siempre sucedía algo, además, no sería una tarea fácil el hacerlo —trató de explicar Lorena—. Pero… ¿por qué no dijiste la verdad cuando llegaste? 

—Te tuve lástima. Ya te conocía, creí que te había gustado en ese tiempo y como nunca te llegaste a comportar como alguien normal, creí que esa fue tu razón para inventar algo como esto —confesó Cristian. 

 A Lorena no le sorprendió la respuesta de aquel joven, era cierto, todas las veces en las se vieron pasó algo que la dejaba a ella en un papel de una chica que no estaba en sus cabales. Tenía que agradecer que Cristian fuera un joven muy amable, de lo contrario, ahora estaría viviendo la peor de las pesadillas. 

—Hagamos esto, seguiré fingiendo que tenemos una relación, así tu familia dejará de molestarte, pero, a cambio de eso, cada vez que yo te llame tendrás que ir al lugar al que te cite —explicó Cristian—. Mis padres también tienen una mala imagen de mí, muy poco me dejan salir a fiestas porque siempre me meto en problemas, ahora tengo la excusa perfecta para poder salir sin que ellos se enojen. De esa manera los dos ganamos. 

—¿Y por cuánto tiempo haremos esto? —preguntó Lorena no muy convencida. 

—Hasta que me pueda ir a Inglaterra a estudiar, eso será el otro año —respondió Cristian. 

Así fue como un noviazgo creado por accidente se convirtió en un trato, ella lograba que su familia no la molestara más y Cristian, el poder salir a todas partes sin que sus padres se enojaran con él. Los dos terminaron ganando mucho con aquel malentendido, o, al menos eso creía Lorena.

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