Cállate y dame un hijo

Descargar <Cállate y dame un hijo> ¡gratis!

DESCARGAR

Capítulo 7 En el que Penélope se entera de algo que puede ayudarle en su plan

Corro por el aeropuerto. Mariana me ha llamado veinte veces, pero no pude responderle porque estaba en medio de la reunión.

La he llamado cinco veces, pero me cuelga, debe estar enojadísima porque tuvo que esperarme.

—¿Qué quieres? —espeta cuando por fin me contesta la llamada.

—¿Dónde estás? Ya estoy aquí, pero no te veo por ninguna parte.

—Pues estoy en casa de mamá, hace media hora que estoy aquí con los gemelos.

—¡¿Qué?! ¡¿Y no podían avisarme?!

—Ya sabía que ibas a llegar tarde, así que la fui a buscar —dice mi madre mientras le sirve a Mariana un pedazo de pastel—. Toma, cariño, debes estar hambrienta. 

—Pues pudieron avisarme, para no tener que conducir hasta el otro lado de la ciudad —protesto. 

Acabo de llegar a la casa, ya son las siete de la noche. Me siento mareada del cansancio. No he comido por dos días, he sobrevivido con café y nada más. 

—Por eso te llamé, pero como no contestabas —suelta Mariana y empieza a comer su rebanada de pastel—. Pero bueno, eso te mereces por nunca contestarme las llamadas. 

—Estaba en una reunión importante… —intenté decir con impotencia. El malestar en mi interior no hace nada más que empeorar. 

—Tan extraño —dice ella y pone los ojos en blanco—. ¿Acaso el que tu hermana viniera a visitarlos no es importante? 

—Déjala Mariana, sabes que uno nunca cuenta con ella —reniega mi madre—. ¿Quieres que te traiga más jugo? 

—Oh no, mami, así está bien —comenta ella con una amplia sonrisa. 

Mi mamá se siente tan indignada de tener que haber dejado de ir al club con sus amigas para ir a buscar a su hija al aeropuerto que es incapaz de observarme o traerme comida. 

Entonces llega mi padre con una cara bastante enfurruñado y más atrás está Jairo que intenta explicarle algo. 

—¿Cómo va a ser posible que esté pasando esto? —espeta, enfrentando a mi madre, después voltea a ver a mi hermana—. ¿Es que son desconsideradas?

—¿Qué pasó? —inquiere mi hermana. 

El comedor se siente tenso. Se aproxima una discusión. 

—¡Penélope estuvo toda la semana peleando para que aceptara el grupo Bacheli seguir con la asociación! —dice él con voz furiosa—. ¡Prácticamente no ha dormido en días, seguramente ni ha probado bocado alguno de la presión enorme que ha tenido que pasar y tú, como hermana mayor, ¿la haces ir al aeropuerto a buscarte en vano?! —Mira el plato de pastel a medio comer—. Ah… qué lindo. —Voltea a ver a su esposa—. Como siempre con tu favoritismo, le sirves a ella, pero a tu otra hija no. ¿Acaso es más importante tus estúpidas visitas al club que cuidar a tu hija menor? 

Jairo detrás de nuestro padre está casi temblando del miedo. Seguro y en la empresa se enteraron de lo que pasó y mi padre salió disparado rumbo a la casa y Jairo no pudo contenerlo. No es la primera vez que pasa. El sábado pasado mi padre le dijo a mi madre en privado que fuera a buscar a Mariana, pero ella se enojó. Yo logré escucharlo, porque alzaron la voz, así que es una discusión que viene desde hace una semana. 

—¿Y qué tiene malo de que Penélope ayude un poco en la casa? —espeta mi madre. 

—Mamá, basta… —suplica Jairo. 

—¡¿Ayudar?! ¡¿Y es que tú haces mucho?! —grita mi padre encolerizado—. ¡Penélope ni vive en esta casa y debe encargarse de una empresa ella sola! ¡¿Y qué es lo que hace Mariana?! ¡¿Acaso no pudo tomar un taxi que la trajera hasta aquí?! 

Llevo una mano a mi pecho. No me gusta verlos discutir y menos por mí. 

Mariana me observa con culpa y enojo. La relación de ella y nuestro padre no es buena, desde que decidió casarse y no trabajar para la empresa familiar, mi padre no le ha podido perdonar, según, porque ella es demasiado buena como para sólo limitarse a cuidar hijos y atender a su esposo. 

—Ya es la segunda vez que las dos hacen esta gracia —advierte mi padre, paseando la mirada a mi madre y después a Mariana—. Me vuelvo a enterar de que volvieron a burlarse de esta forma de Penélope y se van a arrepentir. 

Entonces, papá se marcha dando grandes zancadas. Deja el comedor en un silencio incómodo. Quiero marcharme, pero no sé qué tan oportuno sea. 

—¿Ves lo que creas? —reprocha Jairo a Mariana—. Te dije que tomaras un taxi, ¿qué tanto te costaba hacerme caso? Te dije que si Pen no había llegado era porque seguía ocupada. ¿Por qué tienes que siempre empeorar las cosas? 

Veo que Mariana tiene los ojos llenos de lágrimas. Dios… qué incómodo… 

—Ya, deja de regañarla —intervengo—. Ella no es la culpable de nada aquí, ella sólo quería visitarnos. 

—Pero mi papá ahora está enojadísimo —insiste Jairo. 

—Pues si lo está es por mamá —digo. 

—¡¿Yo?! —jadea ella y lleva una mano a su pecho, indignada—. ¿Disculpa? 

—Sí, te dijimos que fueras a buscarla y te negaste, ¿acaso qué es lo tan indispensable que debías hacer hoy? ¿Ir al spa con tus amigas? 

—Penélope, no me vuelvas a hablar así —replica ella. 

—Basta, mamá —dice Mariana y todos hacemos silencio—. Es cierto, tú siempre haces esto y es demasiado incómodo. ¿Por qué no me avisaste que Pen tenía una reunión tan importante hoy? —Empieza a llorar—. Es cierto lo que dice papá. Siempre complicas las cosas. 

Entonces Mariana se levanta y sale corriendo del comedor. 

—¿Vas tú o voy yo? —pregunta Jairo sumamente incómodo. 

Por fin en mi casa después de un largo día. 

Logré convencer a Mariana de que se fuera conmigo a la casa, como ahora está enojada con mamá y mi papá está enojado con ella… 

Mi familia es demasiado complicada. 

Mariana compró comida de camino y está cocinándome algo que seguro va a estar riquísimo porque ella es una maestra de la cocina. Me dijo que me bañara y me pusiera cómoda. Debe sentirse demasiado culpable por lo que pasó y al mismo tiempo yo también me siento culpable por la forma en que le habló papá. 

Me ha hecho una sopa de costilla, sabe que amo la sopa y ella es demasiado buena preparándola. 

Estoy cenando mientras los gemelos están en la sala viendo caricaturas. La costilla tiene bastante carne, se deshace en mi boca, es demasiado jugosa y mi estómago gruñe del hambre voraz que tengo. 

—¿Te enteraste? —pregunta Mariana y sus ojos cafés están iluminados—. El señor Bacheli va a desheredar a su hijo, al parecer tuvieron una muy fuerte discusión porque él dijo que era gay. 

—¿Gay? —cuestiono—. Alessandro no es gay. 

Mariana suelta una carcajada que resuena por el comedor, está sentada frente a mí y me parece que se ve hermosísima con su largo cabello negro y mejillas rosadas. Aunque lleva una pijama, su porte siempre se ve elegante. Es tan hermosa que se ve como una muñequita perfecta, por eso desde muy joven tenía muchos pretendientes y fue astuta al escoger al mejor postor: un billonario petrolero. 

—Pues eso fue lo que mamá me contó —dice—. Además, le dijo que, si no se consigue una esposa pronto, tendrá que dejar su cargo en la compañía. 

—¿Qué? ¿Así de fuerte escaló la discusión? —exclamo—. Humm… se lo advertí, le dije que arreglara las cosas con su padre. 

—¿Tú estuviste ahí? 

—Pues la discusión comenzó mientras desayunábamos, él dijo que no quería tener hijos y le habló feo a su padre, algo que evidentemente lastimó mucho al señor Bacheli, sabes lo orgulloso que es. Pero no sé qué pasó después, pero por lo visto siguieron discutiendo. 

—Alessandro desde pequeño siempre ha sido complicado, nunca le vi una novia, seguro y es verdad que es gay.  

Debo confesar que si yo tuviera un hijo me gustaría que fuera con un hombre que mejorara mi descendencia. Un hombre que me asegure que mis hijos saldrán guapos. Las mujeres debemos ser sinceras, siempre nos fijamos en estas cosas. 

En mis múltiples citas que he tenido en mi larga vida de soltera siempre procuro que los hombres sean altos: un metro ochenta me parece lo mínimo para que yo acepte verle. Porque mi complejo de enana me impide estar con alguien de mi misma altura o, qué terrible, más bajito que yo. 

Mariana me dice que soy demasiado superficial con los hombres, también exigente y que sabe que en el fondo yo no quiero enamorarme y mucho menos tener pareja. 

Y tiene razón. 

Pero sí quiero ser madre. No le veo problema a ser madre soltera, la estabilidad económica ya la tengo, y también mucha experiencia cuidando niños al ser apegadísima a mis sobrinos gemelos. 

He pensado en hacer inseminación artificial, pero sé que a mis padres les parecería muy polémico porque provengo de familia sumamente tradicional, donde hasta el divorcio lo ven como un fracaso en la vida. Y ya soy la oveja negra en la familia, no quiero sumar más rebeldía a mi vida. 

La verdad es que no me veo siendo completamente una solterona. Quiero tener al menos un hijo, pero ¿en dónde me encuentro un hombre digno para que mejore mi dinastía? 

—¿Cómo puede ser tan guapo y al mismo tiempo dar tanto miedo? —pregunta Gloria mientras organiza documentos en la oficina. 

—Su padre es muy parecido —le explico—. Me daba miedo cuando era niña, recuerdo que siempre cargaba unas llaves y con el sonido que hacían ya sabía que se trataba de él, así que corría a esconderme cuando llegaba a visitarnos en la casa. 

Gloria se queda acariciando un papel con los dedos de sus manos mientras me observa con detenimiento. 

—¿La familia Bacheli es tan millonaria como todos dicen? —pregunta. 

—Oh, sí, tienen hasta una isla privada a donde van a vacacionar —contesto y me acerco a mi escritorio para tomar mi bolso, hoy salgo temprano para pasar tiempo con mi hermana. 

—Vaya, supongo que entonces quien se case con el señor Alessandro tendrá la vida asegurada —comenta—. Aunque, bueno, nunca se le ha visto una novia, ¿será homosexual como dicen esos rumores? 

Aquello me impresiona y al mismo tiempo me hace preguntarme la respuesta, Alessandro me dijo que no, pero ha comenzado a tomar fuerza ese rumor de que es homosexual y por eso su padre lo desheredó. 

—Pues no sé —suelto y la observo con curiosidad—. En el colegio nunca lo vi con novia, aunque sí que tenía un séquito de admiradoras, desde el kínder… —Vuelvo a quedar pensativa—. ¿Será por eso que no tiene novia? ¿Será gay? 

Eso dañaría mis planes, no podría hacerlo padre de mi futuro hijo. ¿Cómo podría hacer para tener sexo con Alessandro? Necesito planificarlo. 

¿Qué día estaré ovulando? 

—Señorita Penélope, y usted que lo conoce de toda la vida, ¿por qué nunca ha intentado conquistarlo? Creo que cualquier mujer le gustaría ser tan cercana a una familia tan importante. 

—Bueno, es una larga historia —suelto con una sonrisa disimulada. 

—Ahora que quiere tener un hijo, él sería un gran candidato. 

—¡¿Verdad que sí?! —exclamo con alegría y Gloria se ruboriza un poco, a veces le asusta mi forma extrovertida de ser—. Es demasiado guapo —digo mientras acomodo mi bolso en el hombro derecho—. Es perfecto para sacarle descendencia, mejora la raza, definitivamente sí. El problema es que no le agrado ni un poquito… —Suelto un suspiro largo. 

—Pero ahora que ha aceptado la asociación puede acercarse a él y hacerse amigos, tal vez y él guste de usted y la invite a salir. A fin de cuentas, sus familias son sumamente cercanas. 

Gloria me había acabado de dar las esperanzas que necesitaba para arriesgarme a hacer un acercamiento con Alessandro. ¿Y qué tal que pudiera una noche de ovulación tirarlo en mi cama y hacer que me fecundara? De todos modos, solamente sería sexo, no le estaba pidiendo que me diera un anillo de bodas. Vamos, ¿cuántas personas al año no tienen un desliz que termina en bendición?  Además, él ni siquiera debía enterarse que el niño sería de él. 

Es perfecto. Nada más necesitaré de una noche de perfecta ovulación y de Alessandro en mi cama para conseguir mi objetivo. 

Alessandro, voy por ti, prepárate.

Capítulo Anterior
Siguiente Capítulo