Bajo el Dominio de Elijah Malcovich

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Capítulo 6 Capítulo 6

Edelin

Mi cuerpo vibra al rozar sus labios. Aprieta mi cuerpo contra el suyo con propiedad, como si fuera mi dueño. Es un iluso. Soy demasiado para él y para cualquiera que desee tenerme solo porque sí. Sin embargo, la respuesta de mi cuerpo confunde un poco mi interés puramente profesional y cruza la fina línea entre los negocios y el placer. Me permito un momento de tranquilidad y descanso entre sus brazos para disfrutar de que el mundo se entere que este espécimen de macho, bien dotado no se encuentra en el mercado.

Porque eso es lo que él quiere ¿verdad?

Y por eso es exactamente por lo que me está pagando.

Miro sus ojos, por un momento la oscuridad los cubre. Sonrío. Me sale tan natural que cualquiera diría que somos una pareja feliz y perfectamente enamorada, pero lo que yo estoy haciendo en este momento es disfrutar de su vulnerabilidad al salir de la opulencia. Sin lugar a dudas sería un perfecto dominante con ese ímpetu que tiene, pero para que yo me doblegue ante él, debe primero rendirse a mí. Luego, lo pensaré y si lo decido… seré suya como quiera, antes no.

Corta el beso, no tiene intención de profundizarlo. Bien, porque creo que mis piernas no lo soportarían. Amaría azotarlo con mi querida fusta y luego lo obligaría a lamer mis zapatos, piernas y…

¡Uf!

Me aparta sosteniéndome de la cintura, aun las cámaras se activan bañándonos con sus flashes, diciéndole al mundo entro que Elijah Malcovich, uno de los solteros mas atractivos y codiciados tiene una prometida y que va en serio rumbo al matrimonio. Me dirige hacia la limusina negra que se parquea enfrente y saluda a todos despidiéndose con un movimiento de su mano.

—Sr. Malcovich ¿me permitiría fotografiar a su prometida? —él se detiene en seco. Siento su cuerpo tensarse —. Es para la revista Vogue, el enunciado es “Prometidas perfectas para hombres perfectos” —no me gusta la idea, pero se aparta para que luzca el vestido que no debí haberme puesto —, amo sus stilettos —la chica sonríe y yo lo hago de vuelta un poco incómoda.

—Gracias.

—A usted por ser tan amable —mi piel se enchina, miro hacia atrás y veo un flash que se enciende.

—Vámonos, Edelin —me susurra Elijah al oído de manera romántica parala cámara.

Entramos al auto y saco los zapatos, mis pies lloran porque nunca estoy tanto, tiempo con este tipo de calzado.

—Creo que después de todo no soy tolerante al lujo —digo mas para mi que, para que él escuche.

—Para mí eres una maldita pieza de lujo, me estas saliendo muy costosa —reprocha de la nada.

—Y aun no llega la quincena, querido —masajeo mis pies bajo su atenta mirada —. Ansío vaciar tus bolsillos hasta dejarte sin nada tal como lo haría una novia normal ¿cierto? —gruñe y refunfuña en voz bajita.

—Necesito que mañana te mudes a la mansión —pongo los ojos en blanco mientras me quito las horquillas que me taladran el cuero cabelludo.

—Ya te dije que tengo asuntos pendientes que arreglar y si no lo hago, será peligroso —resopla enfadado.

—¿Qué asuntos? Lastimar hombres con látigos o quizás amarrarlos a la pared —exhala el aire de los pulmones arañando paciencia del asiento del lujoso vehículo.

—Ya te dije que no pretendo platicar contigo acerca de mi vida privada, necesito setenta y dos horas para cancelar las sitas de seis meses y… otras cosas.

—No tengo setenta y dos horas, tendrás que hacerlo en treinta y seis porque me estas costando seis millones de dólares y lo mínimo que necesito es saber que cono haces —estalla, pero no se mueve del lugar y yo no puedo dejar de mirar el movimiento sexy que hace su nuez de hadan al hablar o tragar.

Seré zorra.

—Excelente, serán treinta y seis entonces —abre la boca, desconcertado.

No acepto citas a largo plazo, eso me quita mucho tiempo y solo soy ordenada con la medicación de Clara y sus citas médicas. Organizo mi trabajo por semana y esta solo tengo dos citas.

—Solo eso, no dirás nada mas ¿cierto? —su tono es de amenaza absoluta. Yo solo asiento.

—Soy una Escort de lujo, soy costosa y tengo cierto poder sobre algunos clientes y necesito cerrar uno o dos ciclos antes de entregarme de lleno a este trabajo que puede darnos muchos beneficios al igual que puede arruinarnos a ambos si algo de mi se filtra en las redes —su expresión antes de piedra ahora se relaja un poco —¿contento con eso?

—No del todo —refunfuña mirando su teléfono, arruga el entrecejo. Me enderezo en el sitio —. Excelente, mi madre ha visto las fotos en línea y quiere que cenemos el sábado —me mira con esa expresión de: “debes hacerlo” y yo asiento.

—Claro, cariño. Solo deja que regrese de una velada con dos de mis clientes VIP y nos vamos a cenar con tus papis.

No veo venir el siguiente movimiento y se lanza sobre mi en el asiento tomando mis muñecas con una sola mano. Es tan ágil que queda sentado a horcajadas sobre mis piernas. Su perfume me marea, sus labios a unos milímetros de mi boca, la respiración a mil y la temperatura dentro de la cabina de la limusina parece estar a cien grados. No dice nada, pero esa sonrisa perversa que se asoma en sus provocativos labios me enajena por completo.

—Escúchame bien Edelin o Ambar. Como mierda quieras que te llame en este momento —siento un fuego desconocido arder en mi vientre —. En este momento yo soy tu dueño y te prohíbo revolcarte con esos clientes.

La decepción cruza mi rostro. Es un arranque de celos y aunque no deja de agradarme, pensé que me besaría ardientemente.

—¿Revolcarme? —rio sin poder evitar aspirar ese delicioso aroma que hace humedecer mi cono y sugiere una noche de sexo vainilla con artilugios ¡uf, que calor! —. Necesito enterrar mi pasado para que no afecte tu pura y casta reputación.

Ya no esperaba el beso, pero llegó duro, exigente y demandante. Su lengua barriendo mi boca, sus manos apretando con desesperación. Casi se me sale un gemido en el momento que se escucha el chofer decir:

—Hemos llegado Sr. Malcovich.

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