Bajo el Dominio de Elijah Malcovich

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Capítulo 5 Capítulo 5

Elijah

Cierro los ojos al sentir que sus labios tocan los míos. El dolor en la espalda parece un latigazo atravesándome. Empiezo a pensar que ha sido una mala idea de mi parte hacer esta inversión pese a que ella definitivamente es la mujer perfecta para lo que en realidad necesito. Me desconcierta su seguridad, pero claro que debe serlo ya que su trabajo lo amerita. Se aleja, pero tiro de su brazo impidiéndoselo y sus ojos antes claros se oscurecen. Parece una leona reaccionando al peligro, no puedo decir que no me gusta mas bien tengo que admitir mi interés y esa curiosidad que me da el morbo de experimentar todo eso que no dice y sé qué hace.

—No creo que esto sea buena idea, Elijah. Recuerda que no soy de las que se deja manipular y menos con este tipo de gestos, me parece una agresión —mantiene la vita fija en el sujeto, quiero arrancarle los ojos por mirarla. Cierro los míos, esto es malo —. Suéltame para que pueda resolver el problema que tengo enfrente —sonríe solo con los labios para mi y mira al sujeto como si fuera…

¡Uf!

—Demasiado quisquillosa para mi gusto.

—Demasiado protector para el mío —se desembaraza de mi mano.

—¿Protector? No seas ilusa. Estoy tratando de que las personas que tenemos alrededor se crean el cuento —veo una sombra pasar rápidamente por sus bonitos ojos, pero no dura mucho —. No porque quiera defenderte de alguien y, voy contigo.

—Está bien, pero luego no te quejes —camina contoneando la cadera.

Un vaivén rítmico que invita a follar como bestia. Camino unos pasos detrás de ella, no debo acercarme mucho porque su aroma me intoxica y en realidad prefiero no tentar a la suerte.

El hombre se nota arrogante, con una sonrisa lobuna que me asquea. La mira como si quisiera lanzarse sobre ella, tiene la frente perlada y las manos temblorosas.

—Pensabas que no te encontraría ¿verdad? —espeta entre burlón y nervioso —. Si, eso era lo que creías. Ahora dile a tu novio lo que somos o sino enviaré esta foto de nosotros a las redes —lanza gotas de saliva al hablar.

Se encuentra completamente desestabilizado. Entrecierro los ojos en el momento que ella se acerca, parece que lo hipnotiza.

—Marcus —la autoridad en su tono desarma al hombre y este ahora parece un cachorro —. O, debería decir: —se acerca un poco más. Vigilo que nadie se acerque o se de cuenta de lo que está pasando —aburrido, imbécil, basura —ella se acerca más y el sujeto casi llora. Miro hacia todos lados sin perder el tipo. Me siento desconcertado por completo.

—Mi señora. Soy su esclavo.

—Dame ese teléfono ahora mismo —ordena y el hombre obedece estirando la mano, pero ella no lo coge —. Recuerda esto cuando desees amenazarme: yo se todo de ti, de tu familia y de tu impecable reputación como senador. También tengo toda la información que me revelaste de un fraude al estado —se acerca más a él invadiendo su espacio personal y el hombre tiembla visiblemente —. Si envías ese mensaje dime ¿Quién perdería más, tu o yo? —se ríe de él —, me pagabas por sexo —susurra en su cara y el sudor de la frente del “senador” cae asquerosamente en el cuello de su camisa —. Me decías que tu mujer no te hacia feliz y preferías la fuerza de mi látigo —el hombre entrega el teléfono y esta vez ella lo arranca de las manos.

—Yo solo quería que me vieras mi diosa, me echaste a un lado —solloza.

—Eso lo hiciste tu solo en el momento que decidiste hacer cosas que me causaron problemas —es impresionante como el sujeto llora en silencio… por ella

—¡Perdón, perdón mi diosa! —suplica —. Castígame, hazlo…

—No. Ahora vete a casa y espera una llamada en tu teléfono personal, yo me quedo con este. El castigo será infame…

—Lo estoy deseando mi señora, mi diosa.

—¡Largo! Y no me mires a la cara, me das asco.    

El tipo le obedece como si fuera un pequeño. Sale con el rabo entre las piernas y una sonrisa de felicidad sin mirar a nadie. Edelin gira para encararme y la miro con ojos entrecerrados. Niega. Guarda el teléfono en el pequeño bolso que lleva en la mano, mira al frente y sonríe metiéndose nuevamente en su papel de novia.

—¿Qué mierda fue eso? —reclamo cuando por fin recobro la compostura. Mi cuerpo vibra de rabia y —¿quieres detenerte? Maldita sea —ella sonríe.

—No ahora, Elijah. Nos miran —sonríe a unas mujeres que admiran el maldito vestido que le queda como un guante y yo no puedo hacer mas que seguir la corriente.

Definitivamente fue una mala idea.

Esta mujer es peligrosa para mí. Estar entre todas estas personas y descubrir lo que esta mujer hace me asfixia, es como si el secreto me carcomiera los huesos. Lógicamente se que es lo que hace, pero que ella no sienta algún tipo de vergüenza ante ello es un golpe bajo. No tiene escrúpulos y se defiende con lo que tiene. Y esa maldita confianza que me enfurece y fascina por partes iguales.

—Al llegar a la casa debemos…

—No iré a tu casa… aun. Me llevarás al refugio porque tengo cosas que resolver —me detengo a saludar unas personas y ella se desenvuelve como un pez en el agua. Luego me mira de frente —. No soy una esclava, Elijah. Soy una adquisición costosa a la que pretendes arrancar de su hábitat natural y cometes un grave error —entiendo que tiene un punto y debo otorgarle el beneficio de la duda.

—Necesito que te mudes a mi casa —no borra la sonrisa ensayada para los demás —. Es imperativo que conozcas “mi hábitat” para que mis padres se crean el cuento.

—Jamás te pensé un hombre obediente a sus padres, te creí más… no lo sé —piensa un poco —. Renegado, indomable…

—No es tu asunto, tu solo cumple tu parte y yo la mía. Punto.

Al salir de la cena una lluvia de flashes nos baña en la entrada, se gira hacia mi sonriendo y bajo la cabeza mirando ese par de charcos de miel que son hipnóticos para cualquier hombre que se mida de estable. Beso sus labios y una maldita descarga eléctrica azota mi columna.

Edelin Troconiz no solo es bella, es un arma mortal para el sexo masculino…

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