Atrapada por el lobo

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Capítulo 7 Deseo

—Tranquila, yo no soy rencoroso.

—No mereces que yo sea tan cambiante.

—Eres muy terca, Cristine, pero al menos ya aprendiste la lección.

—¿Que fue lo qué pasó? ¿Por qué hay tantos lobos? Liam, tengo miedo.

—Son cosas complicadas que aunque te las explique no vas a entender.

Elevé la cabeza para verlo a los ojos. Sus ojos están negros, me recuerdan a la oscuridad de la noche.

—Siempre me dices eso, yo sé que puedo entender las cosas. ¿Nos quedaremos aquí toda la noche?

—Si es necesario si. No sabemos a qué hora se irán esos lobos.

Lo miré mal.

—Espero no te quieras aprovechar de la situación, Liam.

—Para nada. —Liam pasó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Con solo sentir su toque mi piel se erizó. Estar con Liam me quita el miedo.

—¿Donde está Damián?

—Damián es un chico fuerte.

—No lo conoces.

—Lo conozco, aún no sabes qué tanto conozco a tu familia.

Eso me hizo dudar.

—Por favor, llévame a casa.

—Espera un poco. —Liam me volvió a abrazar y yo lo dejé. Estar con Liam me está empezando a gustar. El olor a bosque en su ropa, sentir su calor en mi cuerpo, escucharlo decir sus palabras sarcástica e irónicas acompañando con un poco de verdad.

El silencio inundó en lugar.

—Creo que se fueron —me separé de él—Vamos dentro, hay personas que necesitan nuestra ayuda. —lo tomé de la mano y lo obligué a seguirme. Ya no habían lobos en la casa, lo único que habían eran cuerpos tirados y gente herida. Me dolió ver eso, me hizo sentir muy mal.

—Liam, deberías llamar una ambulancia —, dándole mi celular—Por favor, esta gente la necesita urgente.

Liam se sorprendió de verme así.

—Pero yo...

—Llámala, Liam.

Empecé a ayudar a las pocas personas que estaban despiertas y quejándose. Las senté en las pocas sillas que quedaban intactas y les ayudé con mantas para las heridas y algo de hielo para los golpes. Fui al baño y toqué.

—¿Hola? Ya puedes salir, el peligro se fue.

La chica abrió la puerta.

—La ambulancia vendrá en cualquier momento.

—Muchas gracias —sollozó—Ya no hay nada que hacer por mi pierna —miró su pierna, estaba vacía de la rodilla para abajo. No me imagino estar en su situación y perder algo de tu cuerpo, algo que te ayuda a andar. Me acerqué a la chica y la abracé. Ella se había hecho un torniquete con su camisa para evitar que saliera más sangre.

—Tranquila, todo estará bien.

Liam llegó al lugar.

—Los paramédicos están aquí.

—Ayúdame a llevarla.

Liam me ayudo a levantar a la chica y entre los dos la llevamos fuera. Los médicos vinieron donde nosotros de inmediato y se la llevaron, a como se fueron llevando a los demás heridos. No veo a Liam por ningún lado.

—Me sorprendes.

—¿Por qué?

—Por la forma en que te arriesgaste y ayudaste a todas estas personas.

Suspiré.

—Fue un instinto nada más. No los iba a dejar aquí e irme.

—Los salvaste, a esa chica también.

—Eso creo.

—Estoy conociendo una faceta tuya que no conocía.

Lo miré.

—Me gusta.

Alce las cejas.

—¿Y eso que? No lo hago para gustarte, Liam Johnson.

—Lo se.

—¡Cristine! —el grito de Kaleb saliendo del bosque me pone los pelos de punta—Es tu hermano, está herido. El corazón me empezó a latir más rápido cuando escuché eso. Seguí a Kaleb hacia el bosque hasta llegar donde un gripo de personas. Damián estaba tirado en el suelo, su cuello le sangraba. Lo mordieron. Pero Damián estaba desnudo.

—Damián —me arrodillé junto a el.

—Cristine, vete de aquí por favor.

—No voy a dejarte, tonto. Llevémoslo a un hospital.

—No podemos —. ¿Que hace ella aquí?

—¿Por qué no?

—Porque nadie más puede hacer nada por el.

Fruncí el ceño sin entender. Le presioné el cuello y le revisé la herida, es grande y profunda. Me dieron náuseas.

—Lo mordió un lobo —Kaleb se acerca.

—Se supone que es uno de ustedes, no puedo creer que lo dejen morir así como así. —Liam se ve enojado.

—¿Morirá? —en un hilo de voz sintiendo como mi hermano sufría tanto.

—Angelique.

Mi hermano quería ver a su novia.

—¿Donde está?

—Ella no está.

—¡ah! Arde.

—¿Nadie puede hacer nada por el? —les grité.

—Me temo que no.

—Yo sí. —la voz de un hombre me hizo girar la cabeza hacia la dirección de donde provenía. Jamás lo había visto por aquí. El hombre se acercó y me alejo de Damián. Liam me tomó de Los brazos y me acercó a él. El hombre desconocido mordió su mano derecha y luego dio de beber de su sangre a mi hermano.

¿Que?

¿Por qué hace eso?

Mi hermano se fue calmando poco a poco pero lo más impresionante es que su herida dejó de sangrar, empezó a cicatrizar hasta que su cuello estaba intacto.

—¿Que está pasando? —miré a Liam y luego al tipo. ¿Acaso es un mago? El hombre me miró y se puso de pie.

—Supongo que tenemos que silenciarla. —el hombre se acercó a mi. Liam me sostuvo de Los brazos. El hombre se acercó a mi y me puso la mano en la cabeza.

Luego de eso me quedé dormida.

A la mañana siguiente.

Desperté sintiéndome muy pesada esta mañana, siento mucho sueño, como si apenas hubiera dormido unas dos horas. Miré el reloj de la mesa, son las siete y media.

¡Llego tarde a clases! Me puse en pie rápidamente y me metí al baño.

Minutos después.

—Bueno días.

Papá, mamá y Damián estaban en la cocina platicando sobre algo. Se callaron apenas llegué.

—¿Hablaban de mi y por eso se callan? —me reí, buscando la leche en la nevera.

—Para nada, cariño, ¿cómo te sientes? —inquiere mamá.

—Bien, normal —me servir cereal y empecé a comer—Llegaré tarde a clases, ¿por qué no me despertaron?

—Yo sugiero que te quedes en casa por hoy —dice papá.

—¿Por qué?

—Era una sugerencia nada más.

—No, tengo que ir a clases —terminé de comer y me despedí de ellos. —¡Nos vemos!

Ya que papá no me acompañará a clases hoy,

toca irme en mi bicicleta. Pedalee hasta llegar al punto donde Maia y yo nos reunimos. La miré venir a lo lejos en su bicicleta.

—¡Hola!

—¡Hola!

Las dos empezamos a platicar de cualquier cosa mientras íbamos en el camino.

En clases

—¿como te fue anoche? —Maia y yo nos sentamos en el pupitre. Me sorprende no ver a Liam por aquí.

—¿Anoche? —intenté recordar que hice anoche pero no logro hacerlo. Entré en pánico porque no logro recorder nada de lo de anoche. —¿Que pasó anoche?

—Pues después de que Theo te llevó a casa.

Recuerdo eso, luego Liam apareció, nos besamos y... hasta allí llegó mi recuerdo.

—Maia, creo que tengo problemas de memoria. No me acuerdo que hice después —me preocupé.

Maia frunció el ceño.

—Hmm no creo que sea tan grave, suele pasar.

—No, es algo más que eso. Estoy sintiendo que algo me falta, que algo estoy olvidando.

—Tranquila, seguro es el estrés por el examen de hoy.

Muerda, el examen.

Lo olvidé por completo.

La profesora llegó, hizo su presentación de siempre y nos dio el examen. Ni Liam, ni Kaleb, ni Amanda ni nadie de su grupo están aquí. ¿Se tomaron vacaciones hoy? Y siento sincera me hace falta Liam y que me esté molestando.

Horas después.

El día fue aburrido y un poco solitario, casi no había nadie en clases. El día estaba gris y amenazaba con llover pronto. Estamos en clases de educación física jugando al voleibol cuando empezó a granizar.

—Vamos dentro.

Hacemos caso al maestro y entramos a la preparatoria.

—¿Nos vamos?

—¿Con lluvia?

Maia viene preparada con sus botas de invierno y una chaqueta.

—Si, si esperamos a que la lluvia se detenga nos llega la noche. Todos están yéndose ya.

Suspiré profundo y asentí.

—Está bien.

Las dos salimos al parqueadero por nuestras bicicletas. Estoy empezando a sentirme observada. Empezamos a pedalear rápido para irnos a casa. En el desvío Maia se despidió y yo seguí. Hace demasiado frío y el barro se atora en las llantas de mi bicicleta. ¿Cuando pavimentarán esta calle? Maldije para mis adentros y me bajé para continuar caminando. Estoy llena de barro. A lo lejos miré una figura de pie en medio del camino. Me acerqué con cautela, llevaba una capucha y sus manos metidas en las bolsas de la chaqueta.

El hombre levantó la vista.

—Liam.

Me acerqué.

—¿Que haces aquí?

—Te estaba esperando.

—¿Que? La lluvia está muy fuerte, vamonos.

—Acompáñame a un lugar —me toma de la mano—Confía en mi.

—Liam, no creo que sea buena idea.

—Vamos, Cristine... —sonrió de lado—... ¿acaso no me extrañaste?

La verdad es que sí y ni siquiera sé por qué.

—Está bien.

Liam y yo nos adentramos al bosque hasta llegar a un coche estacionado.

—Entra.

Entre al asiento copiloto y Liam al principal. Liam encendió la calefacción para que nos calentáramos.

—Ponte algo seco —me da un bolso con ropa.

Lo miré mal.

—No me pondré ropa de una de tus ex mujeres.

—No es ropa de ninguna ex mujer, es de mi hermana.

—Ah.

Tomé el bolso y saqué algo de ropa.

—¿Se supone que me cambiaré aquí contigo? —lo miré mal.

—¿Prefieres cambiarte afuera?

Le hace un mueca.

—Muy gracioso. Voltéate.

—No tengo ganas de verte, Cristine, no te hagas ilusiones.

—Ja, ja, ja quisieras de todas formas.

Me quité la camisa, el pantalón, la ropa interior también. Justo en ese momento a Liam se le ocurrió voltear así que me cubrí. Su mirada recorrió mi cuerpo.

—Liam...

—Cristine, no pude evitarlo —me mira a los ojos.

—Liam...

—Cristine...

Mordí mi labio inferior inconscientemente, Liam se acercó y tomó mi cara en sus manos. Me besó. Me besó con pasión, con locura y con lujuria. Yo no me pude contener y también lo besé con la misma insistencia. Siento esto como es lo que siempre estaba esperando. Liam me cruzó a sus piernas, para que me sentara encima suyo. Estoy desnuda encima de él. Liam aprieta mis nalgas, haciendo que yo jadee.

—He querido hacer esto desde hace rato.

—¿Ah si?

Me besó el cuello, incluso me mordió.

—Si, estaba conteniéndome, Cristine, pero no puedo contenerme más. Te deseo y te quiero comer toda, entera.

Me hizo sentir mariposas en mi estómago y en mi bajo vientre cuando dijo eso. Estoy caliente y deseosa de él. Mordí el labio de Liam provocando que el enterrara sus uñas en mis nalgas.

—¿Que estás esperando entonces? Hazme tuya.

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