Capítulo 5 Maia
Al día siguiente, Maia y yo nos encontramos como siempre en la calle.
—¿Que tal dormiste? ¿Todo bien? —me pregunta.
—Más o menos. Casi no dormí.
Íbamos platicando tranquilamente cuando escuchamos ruidos en el bosque.
—¿Que es eso? —inquire Maia
—Deberíamos averiguar. —dije, tomando a Maia de la mano y llevándola dentro del bosque. No me caracterizaba por tener miedo. Además, este bosque era muy tranquilo.
—Con cuidado —me dice. El sonido de gruñidos se intensificó aún más. Llegamos a un lugar plano y nos detuvimos en seco al mirar al enorme lobo frente a nosotras. Dejé de respirar.
—¿Qué hacemos ahora? —inquiere Maia.
—Tranquila. —Maia y yo nos alejamos un poco del lugar, lentamente para que ese lobo no sintiera que estamos huyendo. Estaba lejos, pero lo podíamos ver entre los arbustos. Ahora recuerdo lo que dijo papá: los lobos no pueden dañarme. ¿Pero por qué? ¿Por qué lo dice tan seguro? El lobo se quedó en ese mismo lugar, no es el mismo que miré la otra vez comiéndose un venado, este es otro.
—Cristine, corramos. No estamos lejos de casa. —susurró Maia.
—Está bien —asentí—a la cuenta de tres, una, dos... ¡corre!
Maia y yo corrimos lo más rápido que pudimos lejos de ese animal. Encontramos el camino principal y seguimos corriendo sin parar hasta llegar a la casa de Maia. Solo allí nos pudimos detener y pudimos respirar aliviadas.
—¿Qué están haciendo?
Saltamos y gritamos del susto al escuchar una voz detrás de nosotros.
—Theo —murmuré, el chico estaba cargando postes de madera.
—Nos asustaste —le dijo Maia.
—Ustedes andan en algo, las conozco. Díganme, ¿en que se metieron ahora? —Theo dejó el enorme poste en el suelo y se sacudió las manos. Theo siempre ha sido más del bosque, más rústico y más trabajador. A pesar de que ya terminó la escuela prefirió quedarse acá que ir a la universidad.
—En nada —respondió Maia. Yo no sabía por qué Maia tenía la necesidad de mentir, simplemente era fácil decir las cosas como son.
—Veníamos por el bosque y nos encontramos a un lobo. Tuvimos que correr —le conté.
Theo elevó sus cejas en forma de asombro.
—¿Y cómo era ese lobo? ¿De que color?
—Hmm creo que café —recordé—aunque no estoy muy segura porque estaba algo lejos.
—No es un secreto que hay lobos en el bosque —nos dice Theo, cargando de nuevo su tronco y llevándoselo. Nosotras lo seguimos. Me gustaba mucho la casa de Anne, es de madera, grande y lujosa, espaciosa y rústica. Amo aquí. Lo malo es que no tienen el lago cerca como en mi casa.
—Ya lo sabemos —dice Maia—Pero los hemos visto muy cerca últimamente.
—¿Tu también? —le pregunté a la chica—No me habías contado.
—A veces veo a uno en el bosque, pero siempre está lejos. Theo, siempre he sabido que los lobos de acá no son comunes. Esto son más enormes y fuertes.
—Cierto —asentí—Y hasta pareciera que entienden.
Theo dejó el enorme tronco donde estaba los demás apuñados. Theo estaba sin camisa y usaba unos guantes. El chico llevaba su pelo despeinado como siempre. La verdad es que Theo es muy guapo y atractivo. Creo que si no me hubiera enamorado de Kaleb estaría loquita por Theo.
—Ustedes están viendo muchas películas —nos dice—Vamos dentro, hace frío aquí afuera. —Theo nos empujó hacia la entrada de la casa. No se si eran ideas mías o qué pero lo sentí mirar hacia el bosque. Entramos a la casa de los White. Tía Anne estaba en la cocina, llevaba sus lentes y creo que hacía algún pastel.
—¡Cristine, que milagro verte por acá! —tía Anne me vino a abrazar—Últimamente ya no venías.
—Son las clases, tía Anne, las clases me tienen un poco estresada.
—Me imagino, cariño, pero eso no es justificación para que nos tengas abandonados. ¡Thomas, ven acá! —llamó a su esposo.
—Tía, siempre te mantienes en la cafetería. La última vez que vine no estabas.
—Si, cariño, hay mucho que hacer en la cafetería. Tu madre lo sabe bien.
Sonreí.
—¿Quieren un pedazo de pastel?
Maia ya había metido el dedo en la tarta.
—¡Maia! Asi no —la regañó mi tía. —Tengan —nos da un pedazo para que probemos su nueva creación. Siempre me han gustado las creaciones de tía Anne, la verdad hace unos pasteles muy ricos y galletas también.
—Delicioso como siempre —admití, saboreandolo.
Tío Thomas bajó las escaleras.
—Vaya, vaya, miren a quien tenemos por aquí. Si es la pequeña Cristine Brown. —me abrazó—Estas más grande.
—Apenas me viste hace una semana.
—Estas más grande si. —me guiñó un ojo—¿cómo van esas clases?
—Bien.
—Eso me gusta. Maia, ¿trajiste lo que te encargué? Espera... ¿por qué están aquí si es hora del almuerzo? —tío Thomas nos dio una mirada recriminatoria. Nos habían descubierto.
—Salimos temprano —respondió Maia, tomándome por sorpresa. Ella no es de las que le mienten a sus padres. —Solo eso, papá.
—Llamaré para cerciorarme.
—No seas aguafiestas, Thomas —le dijo Theo, este estaba acostado en el sofá—¿Ya olvidaste cuando estabas joven? Apuesto a que eras un hombre muy travieso.
Anne se rió. Seguro recordaba algo de cuando ellos estaban jóvenes.
—Eso no justifica nada —dice tío Thomas. —Que sea la primera y última vez —nos sentencia.
—Lo sentimos —dije—No volverá a pasar.
—Eso espero.
—Vamos a mi cuarto —Maia me toma de la mano y las dos subimos las escaleras hasta llegar al cuarto de Anne. Allí nos encerramos. El cuarto de Anne es espacioso, tiene fotos de instrumentos musicales como el piano, el violín, la guitarra. Tiene posters de escritores famosos etc. Anne es una romántica.
A mi mente vino Liam y no sé por qué.
—¿En quien piensas? ¿En Liam?
—Claro que no. En Kaleb obviamente.
Maia rió.
—Te conozco, Cristine, tú empiezas a sentir cosas por Liam.
Fue mi turno de reír.
—Ni que estuviera loca.
—Es la verdad —insistió—¿Y si así fuera que? Es muy atractivo y tiene esa aura de chico malo que tanto te atrae —Maia revisa sus cosas buscando algo.
Pensé que Liam sí es atractivo y guapo y que también tiene esa aura de chico malo pero no me gusta. Estoy enamorada de Kaleb y es mi última palabra. Lastima que Kaleb nunca me hará caso.
—¿Que tanto buscas? —quise saber, mirándola buscar algo desesperadamente.
—El álbum familiar, hay algunas fotos que quiero mostrarte —respondió—Creo que está en el cuarto de mamá, ya vuelvo. —Maia salió de la habitación, dejándome sola. Me acerqué a la enorme ventana de vidrio que Anne tiene en su habitación y miré el bosque. Anne tiene buena vista desde aquí. A lo lejos se miraba el lago.
—¿Te dejaron sola tan temprano? —me preguntó esa voz conocida.
—Maia vendrá en seguida —le dije a Theo sin girarme.
—¿Aún sigues pensando lo que me dijiste la última vez? —me preguntó, tomándome de la cintura. Cerré los ojos por unos segundos.
—Si, Theo, esto no puede seguir así. —ahora sí me giré.
—No puedo aceptarlo —me tomó de la cintura de manera brusca y me apego a su cuerpo—Me deseas tanto como yo a ti.
Entonces Theo me besó, con pasión, con lujuria, con deseo. Aunque me quería contener no pude más y también lo besé.
—Habíamos quedado en algo —dije entre el beso—No rompas tu promesa.
—Cristine, he tratado de no buscarte todo este tiempo pero volver a verte me removió todo. No puedo estar sin ti —Theo me apegó hacia el ventanal y me besó el cuello—No me hagas esto.
—Theo, Maia puede entrar en cualquier momento.
—Cerré la puerta con llave, no te preocupes—me dijo jadeante, deseoso de mi. Cerré los ojos disfrutando de sus besos y caricias.
—Theo...
—Cristine... —Theo me quiso bajar el pantalón para poder penetrarme—Hagamos uno rápido, ¿si? No soporto mas esta sed. —Theo me acarició las piernas, los glúteos, la espalda. Me bajó el pantalón y yo bajé el suyo, Theo tenía su pene duro y parado, dispuesto a penetrarme.
—Que sea rápido —le dije. Theo asintió, subió mis piernas a su cintura asi que me penetró. Sentí su pene caliente y palpitante dentro de mi.
—Ah... esto es lo que yo necesitaba —susurró. Theo me besó con pasión mientras me penetraba rápidamente. Me tomó del cuello, me jaló del cabello. En un rápido movimiento me acostó en el suelo. Theo estaba encima de mi. —¿Me extrañaste?
—Theo, por favor... —lo sentencié.
—Yo sé que sí —siguió penetrandome mientras me besaba. Me relajé y me olvidé de todo, solo disfrute de esto que me daba Theo. Gemí en su oído mientras él gemía en el mío.
—Eres mía —me dijo—Solo mía. Nadie nunca te podrá separar de mi, ¿entendiste? Eres mía y solo mía. —me besó. Dios, yo estoy a punto de tener mi orgasmo.
Lo tuve. Enterré mis uñas en su espalda.
—Así me gusta. Ahora es mi turno, cariño. —Theo tuvo su orgasmos también, siempre se viene dentro de mi. Le encanta hacerlo. Me besó lentamente hasta que alguien tocó la puerta.
—¿Cristine? No puedo abrir.
—Es Maia —le dije. Ambos nos pusimos de pie y nos vestimos rápidamente. Me peiné el pelo con las manos y me dediqué a ver por el ventanal.
—Yo abro —Theo se acercó a la puerta y abrió—No sé que pasó, se cerró sola. —le dijo a su hermana.
—Si, suele pasar —dice Maia.
—Estaré en mi habitación. Avísame cuando Cristine se vaya para dejarla en su casa —lo escuché decir.
—Claro —respondió Maia.
Theo salió de la habitación.
