Amor en transmisión

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Capítulo 4 QUIERES SER MÍA

Al día siguiente me dirigía a la empresa para trabajar en mi proyecto. He pensado en grandes ideas, solo debo pulirlo para esta semana. Había olvidado que tengo mi transmisión el día de hoy; desearía dejar de ser streaming, pero debo tener un ingreso. Hoy fue un día productivo, trabajé mucho en mis diseños, realmente me apasiona.

Al llegar a casa me ducho, hace falta una hora para mi transmisión. Me alisto, me visto con un hilo y medias de encaje negras y un sostén que enmarca mi busto; la silueta de mi cuerpo se ve sensual con este tipo de vestimenta, por eso a los hombres les encanta verme. Me pongo labial rojo y mi antifaz, me suelto el cabello y voy a mi estudio de transmisiones e inicio la transmisión. Al conectarse, inmediatamente se unen muchos espectadores, en especial uno, es un suscriptor reciente: C_Black 322.

Siempre me invita a salir a conocernos, me niego porque puede ser algún depravado sexual o viejo rabo verde; jamás aceptaría verme con alguien de las transmisiones. No lo he bloqueado porque dona bastantes créditos.

Mientras me masturbo en la transmisión,

C_Black 322 comenta:

—Quiero hacerte mía y volver a probar tus labios.—

Me asusto inmediatamente, decido hacerle una videollamada para asegurarme de que no sea mi jefe, porque o si no estoy jodida. Sabrá todos mis secretos, hasta el hecho de que soy streamer; ni siquiera a mi mejor amiga se lo he dicho.

Él acepta mi llamada. Cuando lo veo es mi jefe, con la camisa desabrochada y el cierre de su pantalón abajo, con su miembro erecto y masturbándose, viéndome con una cara de deseo. Se está mordiendo el labio inferior mientras se toca. Yo estaba excitada por la estimulación con vibradores, pero verlo a él de esa manera me excitó de modo distinto; sentía pequeñas contracciones en el interior de mi vagina. Corté rápidamente la llamada y la transmisión.

Christian

Después de la escena del ascensor no he dejado de pensar en esa mujer. Andrea, no te dejaré escapar tan fácilmente. Al día siguiente, en la noche, sabía que ella haría una de sus transmisiones. Quedé hipnotizado por esta mujer, no sé qué me sucede. Cuando la vi usando lencería provocativa, mi pene reaccionó por sí solo, se puso duro como una roca. Estaba en el estudio de mi departamento, comencé a tocar mi miembro mientras fantaseaba en la escena del ascensor. No me aguanté más y decidí escribirle y comentarle que quiero hacerla mía y probar sus labios nuevamente.

Inmediatamente recibo una videollamada de su parte. La contesto y ella me ve con el miembro erecto y mi camisa entreabierta, dejando ver parte de mi abdomen, mientras me masturbo y muerdo mis labios. La veo retroceder y cortar la llamada y la transmisión. Debí asustarla porque sé sobre su identidad.

Al siguiente día voy hacia la empresa. En mi oficina llamo a mi secretaria y ordeno que me fije una cita con Andrea Salgado, de la agencia de modas, pero a nombre de César Stone. Me confirma la cita en un restaurante cercano. Sabía que su empresa está interesada en invertir, por lo que no se negará. Será una mentira blanca para volver a ver a esa bella mujer.

Cuando llego al restaurante veo a una mujer de cabello oscuro castaño, corto estilo bob, cuerpo delgado como una modelo común, sin nada interesante.

Ella me pregunta:

—¿Usted es el señor Stone? Mucho gusto en conocerlo. Soy Andrea Salgado.—

—No eres Andrea, ¿quién eres tú?—

—¡Soy yo! ¿A qué te refieres?—

—Hace unos días conocí a Andrea en una cita a ciegas y esa no eres tú.—

Me mira con asombro.

—Tú eres Christian Black.—

—Así es, soy yo. Ahora deja la farsa y dime dónde está Andrea.—

—Ella, apenada, responde: verdaderamente soy yo.— Saca su identificación y efectivamente era ella.

—Pero entonces, ¿y la otra Andrea?—

—Ella es una persona que contraté para que rechazara la cita a ciegas y se hiciera pasar por mí, ya que yo no podía ir.—

—¿Dónde puedo contactarla? Necesito hablar con ella. Arréglame una cita con ella o si no tu familia sabrá sobre esto.—

—Oh, vamos, no tienes que ir a esos extremos.—

—Dile que venga a este hotel.—

Inmediatamente para conocernos. ¿Cómo se llama ella si no es Andrea?

—Se llama Jessica.—

Jessica, esta vez sí no te escaparás, pensé en mi mente.

Jessica

Estoy saliendo del trabajo cuando recibo una llamada de Andrea.

—¿Puedes venir a este hotel? Necesitamos hablar.—

—¿Por qué?, ¿qué sucede?—

—Necesito que vengas, es urgente.—

—Está bien, voy para allá, no me asustes.—

¿Qué será lo que Andrea quiere decirme? Voy camino a la mesa del restaurante del hotel cuando siento que mi celular suena.

Es mi amiga, con un mensaje de disculpa de anticipación, pero no comprendo nada.

Cuando escucho carraspear una garganta y un hombre está de pie frente a mí. Es mi jefe pervertido, vestido casualmente con un pantalón negro y una camisa azul oscura cuello V, deja ver sus hermosos pectorales y lleva una cadena de plata con sus iniciales, como dije, y un reloj Rolex en su mano izquierda, con unos mocasines. Debo admitir que este hombre se viste impecable, además de que tiene unas pestañas súper largas y rizadas, en juego con esos ojos azules que te hacen extraviarte.

No, no, no, concéntrate, deja de ver su físico. Tu amiga te acaba de dejar como carnada ante este depredador. Debo salir de aquí.

—¿Qué hace usted aquí? —respondo.—

—Vaya, estás sorprendida de verme. Le dije a Andrea que me arreglara una cita contigo.—

—¿Por qué está buscándome cuando sabe que yo no estoy interesada?—

—No deberías disculparte por haber fingido ser otra persona en la cita a ciegas.—

—Eso, bueno, fue un arreglo entre Andrea y yo. La iba a suplantar porque ella no quería matrimonios arreglados impuestos por su madre.—

—Bueno, ¿qué puedo hacer, señorita Jessica? Quedé más interesado en usted después de conocerla.—

—Solo es un interés físico. Quiere utilizarme como un objeto y eso no lo permitiré.—

—¿Sabe cuál fue mi sorpresa al enterarme de que la joven de mi cita es mi streamer favorita, la cual he deseado conocer todos estos meses?—

—Solo invitaciones lascivas de un pervertido.—

—Tienes razón, no negaré que estoy loco por hacerte mía, pero ahora que te conozco no te dejaré ir. Soy un hombre bastante posesivo, por lo que te sugiero que dejes de hacer transmisiones; nadie debe ver tu desnudez.—

—¿Con qué atribuciones me dice esas cosas? Yo no le pertenezco y no soy su pareja.—

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