Capítulo 1 PRÓLOGO
Jessica Harrison
Esta soy yo. Tengo 26 años de edad, una chica de medidas grandes y cuerpo curvilíneo, con cabello rubio, ojos verdes y piel bronceada. No sueñen con que les cuente mi talla; por eso prefiero decir mi edad antes que mis medidas. Vivo en Los Ángeles, California.
Soy hija única, pero perdí a mis padres en un accidente automovilístico cuando tenía 18 años. Tengo una tía que vive en París; desde el funeral de mis padres no la he vuelto a ver. Desde entonces vivo sola y he trabajado como mesera para pagar mis gastos y la hipoteca de mi casa, ya que es el único recuerdo que me vincula a ellos.
Sin embargo, la economía no es tan buena. Apenas me alcanza para llegar a fin de mes y pagar mis estudios universitarios. Una compañera de trabajo me recomendó ser streamer erótica, ya que la paga es muy buena. La idea al principio me pareció un poco atrevida.
Decidí hacerlo de modo anónimo, cubriendo mi rostro con un antifaz negro. Debido a mis proporciones físicas, muchos hombres se sintieron atraídos y en pocos meses tenía más seguidores. Actualmente me he vuelto viral en las redes y he podido mantener una estabilidad económica.
Así he logrado pagar mis estudios de diseño gráfico. Solo me falta realizar mi pasantía el próximo mes, un requisito necesario para poder graduarme. No deseo vivir del streaming; ya llevo tres años transmitiendo y, aunque la paga es tres veces mejor que mi salario de mesera, anhelo un trabajo de planta en lo que realmente me apasiona.
En una hora inicio mi primer día de pasantía en una de las mejores empresas de publicidad y marketing: Enterprise Corp. S.A. Estoy emocionada y nerviosa a la vez. No sé qué ponerme; siento que todo me hace ver gorda.
Ding. Dong…
Se escucha el timbre en la puerta. Debe ser Andrea, mi mejor amiga. Es la única que me da ánimos, la que me obliga a hacer las cosas y la que siempre cree en mí. Además, es la única flaca que no odio.
—¿Ya estás lista? ¿Qué pasó, no estás vestida? —pregunta.
—No sé qué ponerme, siento que todo se me ve mal.
—Déjamelo a mí —responde Andrea.
En menos de veinte minutos me arma un conjunto profesional: una falda azul marino que resalta mi figura, dos dedos por encima de las rodillas, una blusa blanca de botones y un blazer del mismo tono que la falda. Medias color piel y zapatos de tacón kitten.
El maquillaje es muy natural, con el cabello recogido en un moño y dos mechones acariciando mis pómulos.
—Qué mujer más elegante. Todos los ejecutivos quedarán embobados contigo —exclama Andrea, orgullosa de su trabajo.
—No seas boba, voy a trabajar, no a conquistar. Pero gracias, me siento hermosa. Eres una gran diseñadora de modas.
—Bien, déjame llevarte a la empresa.
—Eres un ángel, amiga… y yo preocupada pensando que tendría que tomar el autobús.
—Somos como hermanas, es lo menos que puedo hacer.
Christian Black
Hombre exitoso y millonario de 30 años de edad, CEO de una de las mejores empresas de publicidad. Segundo hijo de una de las familias más prestigiosas del país. Arrogante, ambicioso y frío con las mujeres; todo un mujeriego de revista que no cree en el amor.
Ha tenido innumerables relaciones pasajeras con modelos y actrices hermosas, sin embargo, nunca se ha casado.
Fue clasificado por la revista Forbes como uno de los solteros más codiciados, gracias a su físico atlético, abdomen bien formado, una altura de 1.85 metros, ojos azul cielo de mirada penetrante, cabello castaño ondulado y sedoso, labios carnosos y nariz respingada. Todo un dios griego para muchas mujeres.
El paquete completo: belleza, riqueza y éxito.
Despierto en una habitación de hotel. A mi lado se encuentra una mujer muy hermosa, de cabello rubio, de espaldas, con un cuerpo esbelto y tonificado. Podría decir que es una modelo.
Ayer cerré uno de los mejores tratos con una productora de cine, con inversiones millonarias que traerán grandes ganancias a mi empresa. Tengo la mente nublada; tomé mucho alcohol. Seguro conocí a esta mujer en un club.
Miro el reloj: son las 7:00 a. m. Debo levantarme; solo tengo dos horas para ir a trabajar. Me visto y dejo un cheque con una suma considerable para la joven que compartió la noche conmigo.
A decir verdad, me gustan las mujeres hermosas, pero en el sexo siento que falta algo. Es placentero, sí, pero a pesar de pasar mis noches con distintas mujeres, no he encontrado a ninguna que me apasione… al menos no en la realidad.
Hace seis meses, un colega de negocios me envió un enlace de una mujer voluptuosa que era tendencia por sus transmisiones. Al parecer apasionaba a muchos hombres por su talla. Me dio curiosidad y comencé a verla. Esa mujer cautivó mi mirada y, detrás de la pantalla, me hacía sentir un deseo incontrolable por hacerla mía, por ver su desnudez y cada parte de su intimidad.
Tiene un pequeño tatuaje en forma de media luna dentro de una estrella. La imaginaba besando su cuello y me estremecía. Creo que es la mujer que más he fantaseado en poseer.
Con el paso de los meses se volvió una obsesión. Me suscribí y no me he perdido ninguna de sus transmisiones. Es completamente adictiva. Siempre donaba grandes cantidades de créditos y monedas para ser notado entre todos sus espectadores, pero ella se mantiene anónima. No hay información sobre ella fuera de la red.
Ni modo de contactarla. Siempre la he incitado a conocerla en persona, pero sus respuestas han sido negativas.
Tal vez me ve como un pervertido.
He considerado contratar a un investigador privado para conocer a esta mujer misteriosa que enciende mi ser.
Llego a mi departamento, un penthouse en un edificio de lujo. Tomo una ducha y me cambio: traje negro de diseñador, camisa blanca, corbata azul oscura y zapatillas. Completamente elegante. El toque final: Rocío mi colonia cítrica y refrescante en el cuello. Mi fragancia enloquece a las mujeres.
El chofer viene a recogerme, como de costumbre, en un BMW negro de último modelo.
