Capítulo 2 Regreso de viaje y discusión de boda. II
—Como decía, no les prestes atención a los chicos, si tienes dudas o no te sientes preparado, te entendemos, esto es un gran paso que no cualquiera de nosotros puede dar. Eres valiente ya con solo haberle pedido compromiso, pero eres más valiente por haber admitido que estás nervioso por el casamiento y por eso estamos aquí apoyándote en todas tus decisiones, Connor —termina de decir Leon dándome una sonrisa tranquilizadora la cual me contagia.
—Siempre, Connor —se unen Harvey y Joe, mostrando sus sonrisas únicas y reales plasmadas en sus rostros.
—Gracias, chicos —les agradezco mirando a cada uno con una sonrisa sincera.
—No agradezcas para eso están los amigos —menciona Logan colocando uno de sus brazos sobre mis hombros dándome su apoyo incondicional.
—No son solo mis amigos, son mi familia —aclaro cerrando los ojos con mi sonrisa sincera todavía en mis labios.
—¡Ay, esto merece un abrazo grupal! —exclama Joe sonriendo de oreja a oreja, abriendo sus brazos exageradamente, lo cual, hizo que todos soltáramos unas carcajadas, de igual forma imitamos sus acciones fundiéndonos en un abrazo que demuestra que estaremos juntos siempre sin importar los obstáculos.
—Chicos lamento arruinar el momento, pero Connor ya llegamos a tu departamento —avisa Paúl con su mano tras su nuca de forma apenada por interrumpir el momento familiar.
Solo asiento, deshaciendo el abrazo y despidiéndome de cada uno de los chicos y de Paúl, para después tomar mi equipaje y retomar el camino hacia la entrada del edificio, en donde me toma unos minutos llegar a la puerta de mi departamento.
Suspiro cansinamente cuando estuve en frente de la puerta, miro por unos segundos la misma e introduje la llave en la cerradura para después tomar el pomo y abrirme paso en el departamento.
Me adentre lentamente dejando mi maleta al lado de la puerta y cerrando la misma con cuidado tratando de evitar el mínimo ruido para poder darle una sorpresa a Dakota.
Observo a mí alrededor buscando a mi rubia, la cual, no hace acto de presencia, espero unos minutos a que aparezca y me reciba con uno de sus cálidos abrazos, pero no es así, decido en recorrer cada una de las habitaciones tratando de encontrarla, no obtengo ningún resultado.
Suspiro derrotado dirigiéndome a la habitación de la cocina para tomar de la heladera un vaso de agua, al ya tener el vaso en mis manos cierro mis ojos sintiendo el líquido bajando por mi garganta mientras me apoyo en la encimera.
En ese momento de silencio pienso en los que me dijeron los chicos, y es verdad que siento miedo a esto nuevo que se aproxima a gran velocidad hacia mí, pero ¿Es en realidad miedo lo que siento o... que no me encuentro preparado para esto?
Dejo de lado mis pensamientos al escuchar un grito de felicidad que proviene de la entrada de la habitación, abro los ojos lentamente y miro el lugar de donde viene el grito.
Ahí se encuentra Dakota, la cual, no duda en acercarse y estrecharme en sus brazos, apegando su cuerpo al mío.
—Te extrañe, Connor... —susurra Dakota en mi oído con ternura.
—Yo también te extrañe, Dakota... —digo correspondiendo a su abrazo.
Estamos unos minutos sin decir nada, solo abrazándonos suavemente, hasta que mi rubia se separa unos centímetros de mí y me mira a los ojos, deja un casto beso en mis labios.
—Tenemos que hablar de la boda —habla firme mientras se separa, me toma de la mano guiándome al sofá del living, sin darme tiempo de pronunciar alguna palabra.
Cuando estamos sentados uno al lado del otro, se produce un silencio incomodo que es roto después de unos segundos por Dakota.
—Sé que esto es algo apresurado pero... —hizo una pausa mirándome fijamente a los ojos—. Desde que me propusiste compromiso, yo estuve junto a las chicas preparando los detalles de nuestra boda... —revela con una mirada avergonzada y una sonrisa tímida.
Analizo sus palabras colocando un semblante serio, mi Dakota, mi rubia, mi prometida, ¿estuvo haciendo todo eso sin consultarme?, me siento decepcionado y dolido de que ella no haya hablado esto desde el inicio.
La miro demostrando lo que siento en mi mirada y supe que ella lo ha captado porque quita su sonrisa transformándola en una mueca mientras agacha su mirada y comienza jugar con sus dedos, nerviosa.
—Sé que debí consultarte pero... —Intenta justificarse, la interrumpo.
—No hay "peros" Dakota, la boda es de ambos no solo tuya —explico con seriedad marcada en mi voz.
—Lo lamento —se disculpa levantando su mano y acunando mi mejilla delicadamente.
Suavizo mi mirada y le sonrío diciéndole silenciosamente que "ya no importa", después de captar el mensaje oculto, me regala una sonrisa. Me está explicando cada uno de los detalles que ya fueron llevados a cabo de nuestra boda, pero hubo uno que llamó mi total atención.
—Nos casaremos en una semana —declara con una sonrisa ilusionada, dejándome impactado por la noticia.
—¿Qué? —dije atónito abriendo mis ojos exuberantemente.
—Nos casaremos en una semana —repite con su sonrisa todavía plasmada en su cara—. Quiero que sea lo antes posible, no puedo esperar a ser tu esposa y llevar tu apellido, Connor —expresa levantándose del sofá desbordando felicidad pura y entusiasmo en sus expresiones faciales, pero yo no siento lo mismo que ella expresa en estos momentos.
Me siento sorprendido y abrumado, es muy poco tiempo para poder estar preparado. Cierro los ojos tratando de calmar mi ansiedad que quiere hacer acto de presencia, mis manos involuntariamente se mueven de forma nerviosa y mi mandíbula que se encontraba tensada, tembló de miedo.
Así es como puedo describir lo que estoy pasando, siento miedo o… ¿terror?, ya ni sé cuál es peor, sólo sé que no estoy preparado para enfrentar lo que pueda pasar.
Alejo todo al escuchar nuevamente la voz de Dakota llamándome.
—Y, Connor... —me llamó estando en el marco de la entrada del living dándome la espalda.
—¿Uhm? —insinúo sin poder pronunciar una oración coherente.
—No quiero que tus amigos asistan a nuestra boda —demanda saliendo del living, para dirigirse a la otra habitación dejándome estupefacto en mi lugar.
Ahora sí puedo decir que mi ansiedad sale a flote y que mi cordura abandona mi cuerpo.
