3 DÍAS CON EL MAFIOSO

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Capítulo 4 La Confesión

Viernes, 4 de julio. 20:00. Restaurante del festival. Zona VIP.

La cena había terminado.

Jenn empujó el plato vacío hacia el centro de la mesa y apoyó los codos en el mantel de lino blanco. Michael la observaba con esos ojos grises que parecían leerla como un libro abierto.

—¿Qué? —preguntó ella, incómoda.

—Nada.

—No es nada. Me estás mirando.

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque me gusta mirarte.

—Eso es raro.

—Lo sé. Pero es verdad.

Jenn apartó la mirada. El restaurante estaba casi vacío. Los pocos invitados que quedaban habían sido desplazados a otras mesas, lejos de ellos. Michael había ordenado que los dejaran solos.

—¿Siempre haces esto? —preguntó Jenn.

—¿El qué?

—Comprar silencio. Pagar para que la gente se vaya.

—Solo cuando quiero estar a solas con alguien.

—¿Y con cuántas personas has querido estar a solas?

Michael sonrió. Esa sonrisa lenta que la desarmaba.

—Celosa.

—No. Curiosa.

—Es lo mismo.

—No. La curiosidad es intelectual. Los celos son emocionales.

—¿Y qué sientes ahora?

Jenn apretó la servilleta.

—No lo sé.

—Mientes.

—Un poco.

—¿Quieres saber la verdad?

—Siempre.

—Nunca he hecho esto antes. Pagar para estar a solas con alguien. Nunca he necesitado hacerlo.

—¿Por qué ahora?

—Porque no quería que nadie nos interrumpiera.

—¿Y por qué no querías que nadie nos interrumpiera?

—Porque quería decirte algo.

Jenn sintió un nudo en el estómago.

—¿Qué?

Michael se inclinó hacia delante. La luz de la vela bailaba en sus ojos grises.

—Que no eres la única que ha estado huyendo.

—¿De qué?

—De todo. De mí mismo. De mi pasado. De lo que he hecho.

—¿Qué has hecho?

Michael bajó la mirada. Por un momento, Jenn vio algo en su rostro que no había visto antes. Vulnerabilidad.

—Cosas —dijo—. Cosas que no puedo deshacer. Cosas que me persiguen.

—¿Como qué?

—Como Charles. Como su hermano.

Jenn contuvo la respiración.

—¿Qué pasó con su hermano?

Michael levantó la vista. La miró directamente a los ojos.

—Lo maté.

El silencio se hizo denso.

Jenn no sabía qué decir. No sabía qué sentir. Solo sabía que el hombre que tenía delante acababa de confesarle un asesinato.

—¿Por qué? —preguntó al final.

—Porque me estaba matando a mí.

—¿Cómo?

—Estaba en una guerra. Él quería lo que yo tenía. Las rutas. El control. El festival. Yo no quería dárselo. Y un día, se interpuso.

—¿Y tú disparaste?

—Sí.

—¿Fue en defensa propia?

—Sí. Pero eso no cambia lo que hice.

—No. No lo cambia.

Jenn se quedó callada.

El camarero se acercó a la mesa. Michael levantó una mano. El camarero se fue.

—¿Y ahora qué? —preguntó Jenn.

—¿Qué quieres decir?

—Que me has contado esto. ¿Y ahora qué?

—Ahora decides.

—¿Decidir qué?

—Si quieres quedarte.

—¿A pesar de lo que has hecho?

—Sí.

—¿Y si no quiero?

—Entonces te vas.

—¿Y si quiero?

—Entonces te quedas.

—¿Y qué más da?

—Da todo.

Jenn sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.

—No puedo decidir esto ahora.

—Lo sé.

—Necesito tiempo.

—Tienes tres días.

—No es suficiente.

—Es todo lo que tengo.

—No es verdad.

—Es verdad.

Jenn se levantó.

—Me voy.

—¿Adónde?

—A mi suite. A pensar.

—Jenn.

—No.

—Jennifer.

—No.

—Por favor.

Otra vez esa palabra.

Jenn se detuvo. Lo miró.

—No me pidas que me quede.

—No te lo pido. Te pido que vuelvas mañana.

—¿Para qué?

—Para ver si después de pensar, decides quedarte.

—¿Y si decido irme?

—Entonces te irás.

—¿Y si decido quedarme?

—Entonces te quedarás.

—¿Para siempre?

—Para siempre.

Jenn apretó los puños.

—Eres un cabrón.

—Lo sé.

—Un cabrón con dinero.

—También.

—Y con un jet privado.

—Sobre todo con un jet privado.

—Y con un pasado que te persigue.

—Eso no lo sabía.

—Ahora lo sabes.

Michael sonrió. Una sonrisa triste.

—Vete —dijo—. Antes de que cambie de opinión.

—¿Cambiar de opinión sobre qué?

—Sobre dejarte ir.

Jenn lo miró.

—Adiós, Michael.

—No digas adiós. Di hasta luego.

—Hasta luego.

Jenn salió del restaurante.

No miró atrás.

Sabía que si miraba, no se iría.

---

20:30. La suite del hotel. Habitación principal.

Jenn entró en la suite y cerró la puerta con un golpe seco.

Sarah levantó la cabeza desde el sofá.

—¿Qué tal?

—No quiero hablar.

—Mientes.

—Sí. Pero no quiero hablar igual.

—Vale.

Sarah no insistió. Jenn entró en su habitación y cerró la puerta.

Se tumbó en la cama. Las sábanas de seda crujieron bajo su peso.

La confesión de Michael resonaba en su cabeza.

"Lo maté."

"Cosas que no puedo deshacer."

"Cosas que me persiguen."

Jenn cerró los ojos.

Y vio a Michael. Sus ojos grises. Su vulnerabilidad. Su miedo.

—Joder —murmuró.

El teléfono vibró en la mesilla.

Michael: "¿Has llegado bien?"

Jenn: "Sí."

Michael: "Bien."

Jenn: "Gracias por la cena."

Michael: "No me des las gracias. Todavía no hemos cenado juntos de verdad."

Jenn: "¿Qué quieres decir?"

Michael: "Que la cena de hoy no era real. Era una confesión. La cena de verdad será cuando decidas quedarte."

Jenn: "¿Y si decido irme?"

Michael: "Entonces no habrá cena de verdad."

Jenn: "Eso no es justo."

Michael: "La vida no es justa."

Jenn: "Eres un cabrón."

Michael: "Lo sé. Buenas noches, Jennifer."

Jenn: "Buenas noches, Michael."

Jenn guardó el teléfono.

Se quedó mirando el techo.

Y por primera vez en meses, no supo qué hacer.

---

21:00. La suite. El salón.

Jenn salió de la habitación. Sarah seguía en el sofá. Karen estaba en la cocina, preparando té. Melissa había llegado en algún momento y estaba tumbada en el suelo, con los ojos cerrados y una expresión de paz absoluta.

—¿Has decidido algo? —preguntó Sarah.

—No.

—¿Quieres hablar?

—No.

—Pero igual lo haces.

—Sí.

Jenn se sentó en el suelo, junto a Melissa.

—Me ha confesado algo.

—¿Qué? —preguntó Karen, acercándose con una taza de té.

—Que mató al hermano de Charles.

El silencio se hizo denso.

Melissa abrió los ojos.

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿Eso cambia algo?

—¡Claro que cambia! ¡Ha matado a alguien!

—Y tú has querido matar a Andrew mil veces.

—No es lo mismo.

—Es un poco lo mismo.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí. Los dos queríais que alguien desapareciera. La diferencia es que él lo hizo.

—Eso es una locura.

—Es la verdad.

Jenn se quedó callada.

—No sé qué hacer —dijo.

—Sí que lo sabes —dijo Sarah—. Solo que no quieres admitirlo.

—¿El qué?

—Que quieres quedarte.

—No es verdad.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Vale.

Sarah se sentó a su lado.

—No tienes que decidir ahora. Pero tienes que ser honesta contigo misma.

—¿Y qué soy honesta?

—Que tienes miedo.

—¿De qué?

—De que esto sea real. De que te guste. De que te quedes.

—No es verdad.

—Mientes.

Jenn se quedó callada.

Porque Sarah tenía razón.

Tenía miedo de que esto fuera real.

Y tenía miedo de que no lo fuera.

---

22:00. La terraza. La noche.

Jenn salió a la terraza. La ciudad de Amberes brillaba a sus pies. La catedral se alzaba en la distancia, sus agujas recortándose contra el cielo nocturno.

El aire olía a lluvia. A hierba mojada. A algo que no podía nombrar.

—¿Estás bien? —preguntó Karen desde la puerta.

—No.

—¿Quieres estar sola?

—No.

Karen se acercó. Se apoyó en la barandilla a su lado.

—¿Qué vas a hacer?

—No lo sé.

—¿Vas a volver a verlo?

—No lo sé.

—¿Quieres verlo?

—Sí.

—Entonces ve.

—No es tan fácil.

—¿Por qué no?

—Porque si voy, todo se vuelve más complicado.

—Ya es complicado.

—Pues que no sea más.

—No puede ser menos.

Jenn se giró hacia ella.

—Eres una idiota.

—Lo sé.

—Te quiero.

—También.

Karen la abrazó.

—Pase lo que pase —dijo—, estoy aquí.

—Lo sé.

—Y no voy a dejarte.

—Lo sé.

—Y si el tío ese te hace daño, lo mato.

—Eso es ilegal.

—Es picaresca. Hay diferencia.

Jenn sonrió.

—Te quiero, Karen.

—También te quiero.

Se quedaron mirando la ciudad.

Y por un momento, el miedo se hizo más pequeño.

---

23:00. La habitación principal. La decisión.

Jenn estaba tumbada en la cama. El teléfono en la mano.

El mensaje de Michael seguía en la pantalla.

"Buenas noches, Jennifer."

Jenn escribió un mensaje. Lo borró. Escribió otro. Lo borró.

Finalmente, escribió:

Jenn: "¿Estás despierto?"

La respuesta fue casi inmediata.

Michael: "Siempre."

Jenn: "¿Puedo hacerte una pregunta?"

Michael: "Dime."

Jenn: "¿Por qué me lo contaste?"

Michael: "¿El qué?"

Jenn: "Lo de su hermano."

Michael: "Porque quería ser honesto contigo."

Jenn: "¿Por qué ahora?"

Michael: "Porque si iba a pedirte que te quedaras, necesitabas saber quién soy realmente."

Jenn: "¿Y quién eres realmente?"

Michael: "Un hombre que ha hecho cosas malas. Que ha matado. Que ha mentido. Que ha traicionado. Pero que quiere ser mejor. Por ti."

Jenn: "No soy tu salvación."

Michael: "No te pido que me salves. Te pido que me conozcas. Y que decidas si quieres quedarte a pesar de todo."

Jenn: "¿Y si no quiero?"

Michael: "Entonces te vas."

Jenn: "¿Y si quiero?"

Michael: "Entonces te quedas."

Jenn: "¿Para siempre?"

Michael: "Para siempre."

Jenn: "Eso es mucho tiempo."

Michael: "Lo sé. Pero estoy dispuesto a intentarlo."

Jenn: "¿Y si fallamos?"

Michael: "Entonces lo intentamos otra vez."

Jenn: "¿Y si no podemos?"

Michael: "Entonces habremos intentado."

Jenn se quedó mirando la pantalla.

Jenn: "Vale."

Michael: "¿Vale qué?"

Jenn: "Vale que me quedo."

Michael: "¿De verdad?"

Jenn: "De verdad."

Michael: "¿Estás segura?"

Jenn: "No. Pero igual me quedo."

Michael: "Eso es lo único que necesito oír."

Jenn: "¿Y ahora qué?"

Michael: "Ahora duermes. Mañana te espero en el festival."

Jenn: "¿A qué hora?"

Michael: "A las 10."

Jenn: "Voy."

Michael: "Lo sé."

Jenn: "¿Cómo lo sabes?"

Michael: "Porque eres valiente."

Jenn: "No soy valiente. Solo estoy harta."

Michael: "Es lo mismo."

Jenn: "Eres un cabrón."

Michael: "Lo sé. Buenas noches, Jennifer."

Jenn: "Buenas noches, Michael."

Jenn guardó el teléfono.

Apagó la luz.

La oscuridad la envolvió.

Pero no era una oscuridad vacía.

Era una oscuridad llena de promesas.

---

Sábado, 5 de julio. 09:00. Suite 812. El despertar.

Jenn abrió los ojos con el peso de una decisión tomada.

Se levantó. Fue al baño. Se miró en el espejo.

Ojeras. Pelo enmarañado. Labios resecos.

Pero algo había cambiado en sus ojos.

Había determinación.

—Vas a hacer esto —se dijo—. Vas a verlo. Vas a hablar con él. Vas a decidir.

—¿Decidir qué? —preguntó Melissa desde la puerta.

Jenn se giró.

—No sabía que estabas ahí.

—Siempre estoy donde hay cotilleo.

—No hay cotilleo.

—Mientes.

—Un poco.

—Cuenta.

Jenn suspiró.

—He decidido quedarme.

—¿Con él?

—Con él.

—¿Para siempre?

—No lo sé. Pero voy a intentarlo.

Melissa sonrió.

—Esa es mi chica.

—No me felicites. Aún no sé si es buena idea.

—No importa. Es tu idea.

Jenn la miró.

—Eres una idiota.

—Lo sé.

—Te quiero.

—También.

Melissa la abrazó.

Y por un momento, el miedo desapareció.

---

10:00. Recinto del festival. Entrada VIP.

Michael la esperaba.

De pie, junto a la entrada VIP. Con el traje negro. La camisa blanca. La sonrisa lenta.

Cuando la vio, sus ojos grises se iluminaron.

—Llegas tarde.

—Llego justo.

—Mi reloj dice que son las diez y dos.

—Pues tu reloj sigue mal.

—Tienes razón. Lo he adelantado a propósito para que llegaras temprano.

—Eres un cabrón.

—Lo sé.

Jenn se detuvo frente a él.

—He decidido —dijo.

—Ya lo sé.

—¿Cómo?

—Porque estás aquí.

—No es suficiente.

—Es todo lo que tengo.

—No es verdad.

—Es verdad.

Jenn lo miró.

—Vale —dijo—. Me quedo.

—¿Para siempre?

—Para siempre.

—¿Estás segura?

—No. Pero igual me quedo.

—Eso es lo único que necesito oír.

Michael la besó.

No fue un beso suave.

Fue un beso de promesa.

Jenn se dejó llevar.

---

10:30. La carpa de Michael. La conversación.

Estaban sentados en el sofá de cuero negro. La carpa estaba vacía. William estaba fuera, vigilando.

—¿Qué pasa con Charles? —preguntó Jenn.

—No lo sé.

—¿Va a hacer algo?

—Probablemente.

—¿Qué?

—No lo sé.

—No es una respuesta.

—Es la única que tengo.

Jenn apretó los puños.

—No voy a dejar que te haga daño.

—No va a hacerme daño.

—No lo sabes.

—Lo sé.

—¿Cómo?

—Porque tengo algo por lo que vivir.

—¿Nosotros?

—Vosotros.

Jenn sintió un nudo en la garganta.

—No quiero perderte.

—No vas a perderme.

—Promételo.

—Lo prometo.

Esta vez no mintió.

Y ella lo supo.

---

11:00. El escenario principal. La multitud.

Jenn estaba en medio de la multitud. Michael a su lado. Sus amigas alrededor.

La música sonaba más fuerte que nunca.

—¿Crees que va a venir? —preguntó Jenn.

—Sí.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque no puede esperar.

—¿Y qué vamos a hacer?

—Esperar.

—¿A qué?

—A que ataque.

—No es una estrategia.

—Es la única que tenemos.

Jenn apretó los puños.

—Vale —dijo—. Esperemos.

---

12:00. El escenario principal. El primer set.

Andy C subió al escenario.

La multitud enloqueció.

Jenn sintió la vibración de los bajos en el pecho. En los huesos. En el alma.

Michael la agarró de la cintura.

—Baila —dijo.

—No sé bailar.

—Yo te enseño.

—No necesito que me enseñes.

—Lo sé. Pero igual te enseño.

Jenn se dejó llevar.

Y por un momento, todo fue perfecto.

---

14:00. La carpa de Charles. El encuentro.

No estaban en el escenario principal.

Estaban en la carpa de Charles.

Había llegado él. Solo. Sin escoltas. Con las manos en los bolsillos y una sonrisa en los labios.

—Hola, Jennifer —dijo.

—Hola, Charles.

—¿Has venido a verme?

—He venido a hablar.

—¿De qué?

—De paz.

Charles rió.

—¿Paz? No hay paz.

—Siempre hay paz.

—No cuando uno de los dos está muerto.

—No estás muerto.

—Todavía.

—¿Vas a matarme?

—No. Voy a matar a Michael.

—No vas a matarlo.

—Ya veremos.

Charles sacó una mano del bolsillo.

No era una pistola.

Era un teléfono.

—Mira —dijo, enseñando la pantalla.

Jenn miró.

Y sintió que la sangre se le helaba.

En la pantalla, una imagen.

Karen.

Atada a una silla.

—¿Qué le has hecho? —preguntó.

—Nada. Todavía.

—Si le haces algo...

—¿Qué? ¿Me matarás? Ya lo sé.

Charles sonrió.

—Tienes una hora —dijo—. Tienes una hora para venir a buscarla. Si no vienes, la mato.

—No voy a venir sola.

—Vas a venir sola.

—No.

—Vas a venir sola. O la mato.

Jenn sintió un nudo en el estómago.

—Vale —dijo—. Voy.

—¿Sola?

—Sola.

—Bien.

Charles guardó el teléfono.

—Te espero.

Y desapareció.

---

14:15. La carpa de Michael. El plan.

Jenn entró corriendo.

—¡Karen!

—¿Qué? —preguntó Michael.

—Charles la tiene. La ha secuestrado.

—¿Dónde?

—No lo sé. Pero tengo que ir.

—No vas a ir sola.

—Tengo que ir sola.

—No.

—Michael...

—No.

—Por favor.

—No.

—Si no voy, la mata.

—Entonces vamos juntos.

—No puede vernos juntos.

—Entonces iremos por separado.

—¿Cómo?

—Tú vas por delante. Yo voy por detrás.

—¿Y si no llegas a tiempo?

—Llegaré.

—No lo sabes.

—Lo sé. Porque no voy a dejar que te pase nada.

Jenn lo miró.

—Vale —dijo—. Vamos.

---

14:30. El laberinto de contenedores.

Jenn caminaba sola por el laberinto de contenedores marítimos.

El corazón latiéndole en la garganta.

Las manos temblorosas.

Los pies descalzos sobre el asfalto.

—Tranquila —se dijo—. Vas a encontrarla. Vas a sacarla. Vas a salir.

Y entonces lo vio.

La carpa morada.

Charles la esperaba en la entrada.

—Has venido.

—Dónde está Karen.

—Dentro.

—Quiero verla.

—Entra.

Jenn entró.

Karen estaba sentada en una silla. Atada. Con una mordaza en la boca.

Los ojos llenos de miedo.

—Karen —dijo Jenn.

—No te acerques —dijo Charles.

—¿Qué quieres?

—Lo mismo de siempre. Que te quedes.

—Ya estoy aquí.

—No. Quiero que te quedes conmigo. No con él.

—No voy a quedarme contigo.

—Ya veremos.

Charles se acercó a Karen. Sacó un cuchillo.

—Si no te quedas, la mato.

—No.

—Entonces quédate.

Jenn apretó los puños.

—Vale —dijo—. Me quedo.

—¿De verdad?

—De verdad.

—¿Para siempre?

—Para siempre.

Charles sonrió.

—Mientes.

—No.

—Sí. Y lo sé porque cuando mientes, aprietas la mandíbula.

Jenn aflojó la mandíbula. Mierda.

—No voy a quedarme contigo.

—Entonces ella muere.

Charles levantó el cuchillo.

Y entonces, todo ocurrió muy rápido.

La puerta de la carpa se abrió de golpe.

Michael entró con una pistola en la mano.

—Suelta el cuchillo.

—Michael.

—He dicho que sueltes el cuchillo.

—No.

—Suelta el cuchillo o disparo.

—No vas a disparar.

—Voy a intentarlo.

—No es suficiente.

—Es todo lo que tengo.

Charles lo miró.

Y rió.

—Eres un idiota, Michael. Siempre lo has sido.

—Y tú un psicópata.

—Lo sé.

—Pero al menos yo tengo algo por lo que vivir.

—¿Ella?

—Sí.

—Pues vas a perderla.

Charles levantó el cuchillo.

Y Michael disparó.

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14:45. La carpa morada. Después.

El disparo resonó en el silencio.

Charles cayó al suelo.

Michael se acercó.

—¿Estás bien? —preguntó a Jenn.

—Sí.

—¿Y Karen?

—Está viva.

—Bien.

Michael se arrodilló junto a Charles.

—No estás muerto.

—Todavía no.

—Pero podrías estarlo.

—¿Y?

—Y nada. Te dejo ir.

—¿Por qué?

—Porque no quiero convertirme en ti.

—Ya eres como yo.

—No.

—Sí. Solo que no lo admites.

—No es verdad.

—Es verdad. Y lo sabes.

Michael apretó la pistola.

—Vete —dijo—. Antes de que cambie de opinión.

Charles se levantó. Sangrando por el hombro.

—Esto no ha terminado.

—Sí. Ha terminado.

—No.

—Sí.

Charles lo miró.

—Volveré.

—Lo sé.

—Y cuando vuelva, no habrá negociación.

—Lo sé.

—Solo guerra.

—Lo sé.

Charles se fue.

Michael se giró hacia Jenn.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Segura?

—No. Pero igual estoy bien.

—Eso es suficiente.

—¿Por qué?

—Porque es honesto.

Michael la abrazó.

Y por un momento, el miedo desapareció.

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15:00. La carpa morada. Karen.

Jenn desató a Karen.

La abrazó.

—Lo siento —dijo Karen.

—No tienes nada de qué disculparte.

—Debería haber tenido más cuidado.

—No.

—Debería...

—No.

Karen rompió a llorar.

Jenn la abrazó más fuerte.

Y por un momento, todo fue perfecto.

---

16:00. La suite del hotel. La espera.

Estaban todos reunidos.

Michael. Jenn. Karen. Sarah. Melissa. William.

—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó Melissa.

—No lo sé.

—¿Va a volver?

—Sí.

—¿Cuándo?

—No lo sé.

—¿Y qué vamos a hacer?

—Esperar.

—No es una estrategia.

—Es la única que tenemos.

Jenn apretó los puños.

—No voy a esperar —dijo.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Michael.

—Ir a buscarlo.

—No es seguro.

—No me importa.

—A mí sí.

—Entonces ven conmigo.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque tengo que proteger a las demás.

—Entonces protégelas. Yo iré sola.

—No.

—Michael.

—No.

—Voy.

—No.

—Voy.

Michael la miró.

—Vale —dijo—. Vamos.

---

17:00. La carpa de Charles. Vacía.

Había llegado.

La carpa estaba vacía.

No había muebles. No había luces. No había Charles.

Solo una nota.

En el suelo.

Jenn la cogió.

"Lo siento, Jennifer. Pero esto no ha terminado. Volveré. Cuando menos lo esperes. Y cuando vuelva, no habrá negociación. Solo guerra."

Jenn apretó la nota.

—Joder —dijo.

—Ya —dijo Michael.

—¿Qué hacemos?

—Esperar.

—No puedo esperar.

—Puedes.

—No.

—Puedes.

—No.

—Puedes. Porque no tienes otra opción.

Jenn lo miró.

—Vale —dijo—. Espero.

—No es suficiente.

—Es todo lo que tengo.

—No es verdad.

—Es verdad.

Michael la abrazó.

Y por un momento, el miedo desapareció.

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18:00. La suite del hotel. La decisión final.

Jenn estaba sentada en el sofá.

Michael a su lado.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó.

—No lo sé.

—¿Vas a esperar?

—Sí.

—¿A qué?

—A que vuelva.

—¿Y si no vuelve?

—Entonces habremos ganado.

—¿Y si vuelve?

—Entonces lucharemos.

—¿Y si perdemos?

—Entonces lo intentaremos otra vez.

—¿Y si no podemos?

—Entonces habremos intentado.

Michael la miró.

—Eres una idiota.

—Lo sé.

—Te quiero.

—También.

—¿Vas a quedarte?

—Para siempre.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—Palabra de Taylor.

—Palabra de Taylor.

Michael la besó.

Y por un momento, el miedo desapareció.

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