Ava es la dulce e inocente esposa de Anthony Beaufort, un hombre que ama a Anne, la hermana mayor de Ava y sabe que se han mudado al rancho Hawthorn Hills para estar cerca de Anne, recién enviudada.
Años atrás Ava perdió la virginidad con un desconocido, pero se casó con Anthony fingiendo que era pura, tal como él lo exigió como condición luego de que su hermana se casara con otro y desde entonces ha soportado que su marido la llame «Anne» mientras la folla a ella, con la esperanza de que algún día él llegue a amarla de verdad.
Sin embargo, en Hawthorn Hills, Bruce Beaufort, el tío de su esposo y dueño de la hacienda lo complica todo. Bruce es un ranchero paralítico, rudo y salvaje; sin modales y, que además, no deja de observarla, puesto que conoce su secreto, dado que fue él quien le arrebató la virginidad.
Ava se ve sumergida entre el deber y amor a su marido y el peligroso deseo que le envuelve cuando está frente a Bruce, quien son su sonrisa cínica y caricias descaradas, deja claro que la desea. Ella no sabe los misterios que esconde el hombre, todo lo que sabe es que cuando está a su lado, su cuerpo entra en combustión.
—¿Pasa algo, pequeña? Luces asombrada —murmuró Bruce, con la voz ronca, cínica, mientras yo solo podía observarlo desde el umbral de la puerta—. Pasa. Los dos sabemos que lo que quieres es entrar y cerrar la puerta para ser mía.