MI MACH ME ODIA
373 Weergaven · Lopend · Lisa C
Alma Cifuentes lleva años asegurando que el amor puede ser impredecible, pero la compatibilidad no.
Como fundadora de Nexo, una exclusiva agencia de parejas, ha construido su carrera analizando hábitos, valores y expectativas para encontrar personas con posibilidades reales de construir una relación duradera.
Bruno Leiva considera que todo aquello es una manera elegante de ponerle porcentajes a algo imposible de medir.
Cuando el periodista acepta realizar el cuestionario de Nexo durante una entrevista en directo, su intención es demostrar que el sistema de Alma tiene fallos.
Pero el algoritmo encuentra una coincidencia inesperada.
Alma y Bruno son compatibles en un noventa y seis por ciento.
El resultado se vuelve viral y una productora les ofrece una solución tan conveniente como absurda: fingir durante doce semanas que han decidido darle una oportunidad a su supuesto match perfecto.
Habrá citas, fotografías, eventos y una fecha exacta para terminar.
No habrá sentimientos.
Al menos esa es la teoría.
Porque cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta distinguir los gestos preparados para las cámaras de aquellos que ocurren cuando nadie está mirando.
Y el verdadero problema no será descubrir si el algoritmo acertó.
Será saber qué hacer cuando llegue el día en que tengan que dejar de fingir.
Como fundadora de Nexo, una exclusiva agencia de parejas, ha construido su carrera analizando hábitos, valores y expectativas para encontrar personas con posibilidades reales de construir una relación duradera.
Bruno Leiva considera que todo aquello es una manera elegante de ponerle porcentajes a algo imposible de medir.
Cuando el periodista acepta realizar el cuestionario de Nexo durante una entrevista en directo, su intención es demostrar que el sistema de Alma tiene fallos.
Pero el algoritmo encuentra una coincidencia inesperada.
Alma y Bruno son compatibles en un noventa y seis por ciento.
El resultado se vuelve viral y una productora les ofrece una solución tan conveniente como absurda: fingir durante doce semanas que han decidido darle una oportunidad a su supuesto match perfecto.
Habrá citas, fotografías, eventos y una fecha exacta para terminar.
No habrá sentimientos.
Al menos esa es la teoría.
Porque cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta distinguir los gestos preparados para las cámaras de aquellos que ocurren cuando nadie está mirando.
Y el verdadero problema no será descubrir si el algoritmo acertó.
Será saber qué hacer cuando llegue el día en que tengan que dejar de fingir.













































