—No me importa si todo el mundo te desea, tú me perteneces.
—No, no te pertenezco. Los vampiros y los hombres lobo no se mezclan.
—Sin embargo, aquí estás en mi cama, retorciéndote con mi toque. Miénteme, miénteme a mí, miénteme a Eidenel, que no sientes el deseo ardiendo en ti mientras planto mis besos y dedos en tu piel.
—Siento una sensación ardiente entre mis piernas.
Eidenel provenía de una línea de sangre especial, pero para cuando nació, se encontró sola y siendo utilizada por su manada. Eidenel era la hija del Beta de la Manada Colmillo Repentino, pero nació con características que atraían un mito o una profecía, como algunos lo llamaban.
En tiempos pasados, la diosa de la luna había maldecido a una bruja de una manada de vampiros después de que se atreviera a invadir una manada de hombres lobo y quedara embarazada del entonces Alfa. La línea de sangre fue maldecida, y ese Alfa perdió la vida. Sin embargo, su descendencia nació y la línea maldita continuó. Se decía que quien naciera con una pezuña roja pertenecía a la línea maldita de los ancestros, y la diosa de la luna trataría el destino de esa persona en consecuencia.
—Eidenel, ¿cómo es que a veces veo puntos rojos en tus pezuñas? A veces son completamente blancas como el resto de tu cuerpo. ¿Son mis ojos?