Fuego Cruzado en Discord
380 Weergaven · Lopend · Romer Labrador
El aire en el espacio privado de la cafetería se había vuelto denso, la temperatura comenzaba a escalar.
—Si crees que jugar en la misma liga en Discord te da derecho a acorralarme así, estás muy equivocado, Ares —susurró Fabiola, aunque su propia respiración agitada delataba el temblor en sus labios.
Gabriel no retrocedió; al contrario, se inclinó más hacia ella, rompiendo la última barrera de distancia.
—No te estoy acorralando, Nix. Solo estoy comprobando si eres tan implacable en persona como con un rifle en la pantalla —respondió él con una voz baja, cautivadora, que le erizó la piel.
Fabiola sintió el calor de su aliento y la firmeza de su mano rodeándole la cintura, sentía que la estaban poseyendo y le gustaba. Sus ojos la desarmaban, la estaban arrastrando a un deseo animal. Estaban a nada de perder el control, pero el orgullo de Fabiola reaccionó a tiempo. Se apartó de golpe, acomodándose el saco mientras recuperaba el aliento. No iba a ser una conquista fácil para el misterioso chico que la volvía loca en línea.
Lo que ella no imaginaba es que Gabriel no era un civil cualquiera. Detrás de ese joven encantador y seguro, se escondía el heredero de la red criminal más peligrosa del sector norte; un hombre atrapado en un mundo de violencia que en el fondo teme que le arrebate su propia humanidad.
Para ambos, las pantallas eran el único refugio. Pero la química entre ambos los estaba arrastrando sin saber a los secretos, peligro y traición fuera del juego digital.
—Si crees que jugar en la misma liga en Discord te da derecho a acorralarme así, estás muy equivocado, Ares —susurró Fabiola, aunque su propia respiración agitada delataba el temblor en sus labios.
Gabriel no retrocedió; al contrario, se inclinó más hacia ella, rompiendo la última barrera de distancia.
—No te estoy acorralando, Nix. Solo estoy comprobando si eres tan implacable en persona como con un rifle en la pantalla —respondió él con una voz baja, cautivadora, que le erizó la piel.
Fabiola sintió el calor de su aliento y la firmeza de su mano rodeándole la cintura, sentía que la estaban poseyendo y le gustaba. Sus ojos la desarmaban, la estaban arrastrando a un deseo animal. Estaban a nada de perder el control, pero el orgullo de Fabiola reaccionó a tiempo. Se apartó de golpe, acomodándose el saco mientras recuperaba el aliento. No iba a ser una conquista fácil para el misterioso chico que la volvía loca en línea.
Lo que ella no imaginaba es que Gabriel no era un civil cualquiera. Detrás de ese joven encantador y seguro, se escondía el heredero de la red criminal más peligrosa del sector norte; un hombre atrapado en un mundo de violencia que en el fondo teme que le arrebate su propia humanidad.
Para ambos, las pantallas eran el único refugio. Pero la química entre ambos los estaba arrastrando sin saber a los secretos, peligro y traición fuera del juego digital.
