—¿Qué pasa? —pregunté, ajustándome la bata de seda.
La voz de Theron se mantuvo controlada y fría.
—No eres la hija biológica de la familia Reed, y han encontrado a su verdadera hija.
Se me fue el color del rostro. Había pensado explicárselo todo cuando regresara, pero Victoria se me había adelantado.
—¿Qué piensas hacer con nuestro matrimonio? —me obligué a preguntar de frente.
—Para mí, el matrimonio es un trámite, sea con quien sea.
Dicho eso, tomó su portafolios y se marchó.
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Hace seis años, se reveló la falsa identidad de heredera de Leila. Theron se divorció de ella sin piedad, y la incriminaron por intento de asesinato. Solo después del divorcio descubrió que estaba embarazada de su hijo. Vetada y desesperada, sobrevivió en un sótano hasta que su verdadera familia la encontró: era la princesa perdida de la poderosa familia Randall de Chicago.
Dio a luz a unos valiosos gemelos, pero le dijeron que su bebé varón no sobrevivió, quedándole solo su amada hija. Lo que no sabía era que el destino tenía otros planes.
Seis años después, un negocio la llevó de vuelta a San Francisco, donde se enfrentó a su frío exmarido, que tenía un hijo de cinco años. Aún más retorcido: ahora él era su paciente, completamente a su merced. Se había esfumado su antigua arrogancia; ahora la perseguía con una intensidad desesperada. ¿Podría alguna vez perdonar al hombre que la destruyó, o haría que pagara por el infierno que la hizo vivir?