Trillizos Alfa: Mis Parejas Destinadas
20k Weergaven · Lopend · Eve Frost
—Kara. —La voz de Cole se vuelve grave—. ¿Estás… te hice daño?
—No. Estoy bien.
—Joder —exhala—. Estás…
—No. —La voz se me quiebra—. Por favor, no lo digas.
—Excitada. —Lo dice igual—. Estás excitada.
—No estoy…
—Tu olor. —Sus fosas nasales se ensanchan—. Kara, hueles a…
—Basta. —Me cubro la cara con las manos—. Solo… basta.
Entonces su mano en mi muñeca, apartando las mías.
—No hay nada de malo en desearnos —dice en voz baja—. Es natural. Eres nuestra compañera. Nosotros somos tuyos.
—Lo sé —mi voz es apenas un susurro.
Pasé diez años como un fantasma en la mansión Sterling: una esclava por deudas de los trillizos Alfas que convirtieron mi vida en un infierno. Me llamaban Zanahoria, me empujaban a ríos helados y me dejaban morir en la nieve cuando tenía once años.
En mi decimoctavo cumpleaños, todo cambió. Mi primer cambio liberó un aroma a almizcle blanco y primera nevada… y tres antiguos verdugos estaban frente a mi puerta, diciendo que yo era su compañera destinada. De los tres.
De la noche a la mañana, la deuda desapareció. Las órdenes de Asher se volvieron votos, los puños de Blake se convirtieron en disculpas temblorosas y Cole juró que habían estado esperándome todo ese tiempo. Me declararon su Luna y prometieron pasar la vida entera expiando sus culpas.
Mi loba aúlla por aceptarlos. Pero una pregunta no deja de perseguirme:
¿Perdonaría esa niña de once años, congelándose y segura de que iba a morir, la elección que estoy a punto de hacer?
—No. Estoy bien.
—Joder —exhala—. Estás…
—No. —La voz se me quiebra—. Por favor, no lo digas.
—Excitada. —Lo dice igual—. Estás excitada.
—No estoy…
—Tu olor. —Sus fosas nasales se ensanchan—. Kara, hueles a…
—Basta. —Me cubro la cara con las manos—. Solo… basta.
Entonces su mano en mi muñeca, apartando las mías.
—No hay nada de malo en desearnos —dice en voz baja—. Es natural. Eres nuestra compañera. Nosotros somos tuyos.
—Lo sé —mi voz es apenas un susurro.
Pasé diez años como un fantasma en la mansión Sterling: una esclava por deudas de los trillizos Alfas que convirtieron mi vida en un infierno. Me llamaban Zanahoria, me empujaban a ríos helados y me dejaban morir en la nieve cuando tenía once años.
En mi decimoctavo cumpleaños, todo cambió. Mi primer cambio liberó un aroma a almizcle blanco y primera nevada… y tres antiguos verdugos estaban frente a mi puerta, diciendo que yo era su compañera destinada. De los tres.
De la noche a la mañana, la deuda desapareció. Las órdenes de Asher se volvieron votos, los puños de Blake se convirtieron en disculpas temblorosas y Cole juró que habían estado esperándome todo ese tiempo. Me declararon su Luna y prometieron pasar la vida entera expiando sus culpas.
Mi loba aúlla por aceptarlos. Pero una pregunta no deja de perseguirme:
¿Perdonaría esa niña de once años, congelándose y segura de que iba a morir, la elección que estoy a punto de hacer?





























